Ay, pobre niño torero (Local)
Por: Tita Escudero
Hace unos días, después de haberme enterado que Michel Lagravere, el niño torero, se llevó un susto tremendo en Colombia -lo cual celebro para ver si así le cae el veinte a su ambicioso padre-, leí una entrevista que le hizo el periodista español Julio Ortega Fraile precisamente al colombiano Álvaro Múnera Bailes, antiguo torero y desde hace muchos años defensor activo para acabar con la tortura a los animales. Transcribo tan sólo una parte:
"Nací en Medellín y, desde que tenía cuatro años, mi papá me llevaba a los toros, ya que era un gran aficionado; esto fue lo que se respiraba en mi casa, toros por todos los lados, allá no se hablaba de fútbol ni de otras cosas, solamente de toros. Crecí con eso y a los doce años, decidí que quería ser torero. Inicié mi carrera taurina y triunfé en
¿Cuándo y por qué decidió que quería dedicarse al toreo?
La razón que me llevó a convertirme en torero fue herencia familiar; no porque mi papá hubiera sido torero, sino porque esa era su pasión, su vida. Así, a los doce años, fruto de ese legado y para darle gusto, fue que decidí ser torero. En mi caso, no fue por una situación económica precaria, ya que mi familia tenía recursos, pero sé que la mayoría llegan al toreo por tener recursos muy limitados y ven en él una oportunidad de escapar de la miseria. Por eso, soy más culpable, por haber hecho de algo bárbaro y cruel, parte de mi mundo cuando yo sí tuve la oportunidad de estudiar, de capacitarme, y es inconcebible que con una formación educativa importante, yo hubiera optado por una profesión de tortura y crueldad contra los animales.
¿Nunca reflexionó acerca del sufrimiento que su actividad implicaba para otros seres vivos y de lo innecesario de semejante atrocidad?
Sí, hubo varios momentos críticos donde vi mucha crueldad; uno de ellos fue cuando maté a una vaquilla preñada y vi cómo sacaban a su cría del vientre. Ahí quise renunciar, porque había matado a dos y la escena era tan dantesca y tan impresionante que dije: "No más"; me puse a llorar y vomité, pero mi apoderado me dio una palmadita en la espalda, diciendo: "Tranquilo, vas a ser una figura del toreo, éstos son gajes del oficio", así que desaproveché esa primera oportunidad continuando mi carrera taurina, lo que ahora me resulta inconcebible y de lo que me avergüenzo, pero en ese momento yo tenía 14 años y no tomé conciencia suficiente para dejar de torear. Luego, cuando a puerta cerrada maté a un toro al que le pegué cinco o seis espadazos y él, con parte de sus órganos internos de fuera, luchó por su vida, aferrándose a ella con las pocas fuerzas que le quedaban. Esto me indicó el retiro, sin embargo, ya tenía preparada otra corrida, que fue la contundente, ya que Dios dijo: "Si es que no quiere comprender por la razón, tendrá que hacerlo ahora por otro método", y ahí sí aprendí muy bien la lección. Sobreviví y aunque estaré en silla de ruedas hasta el último de mis días, estoy vivo.
¿Qué le parecen los argumentos de los defensores de las corridas, tales como que el toro nació para eso, que generan empleo, que es una tradición, etc.?
Más que argumentos son disculpas. La tortura empieza cuando al toro le clavan la marca de la ganadería, y luego viene la pica, las banderillas, la estocada y los rejones de castigo. Decir que el toro nació para eso es una estupidez, nadie nació para ser torturado; el de lidia tampoco es una especie, es una raza creada por el hombre, diseñada y manipulada por él para llegar a lo que es ahora. Entonces, criar animales para ser atormentados es éticamente inaceptable. La sociedad civilizada nunca podrá aceptar que se críe a un animal, que es un ser vivo, con sistema nervioso central similar al nuestro, para ser torturado y que encima la gente se divierta con su suplicio. Eso se cae por su propio peso y como le he dicho, nunca la tauromaquia tendrá argumentos para ser defendida; de pronto disculpas, pero nunca argumentos. ¿Qué más pueden decir ellos?, que generan muchos empleos, que si el turismo, que mucha gente vive de ello. Si ese argumento fuera sostenible también podríamos decir que por qué motivo vamos a suprimir el terrorismo, el narcotráfico, el secuestro, la extorsión, la misma guerra que también genera muchos ingresos y hay mucha gente que vive de ella; entonces, nunca algo cruel, bárbaro ni sangriento puede valer de argumento para que la gente obtenga de ahí su modus vivendi".
Dicha plática tiene más palabras, pero creo que lo más contundente está dicho. Este ex torero quedó paralítico gracias a una cogida, ¿a quién debe agradecérselo?, ¿a su padre, a su apoderado, a la sociedad misma?, ¿o su falta de agallas para abandonar algo que a él mismo le dolía? El toro únicamente se defendió de una agresión totalmente barbárica que le costó la vida. De cualquier manera, la culpa, de quien haya sido, no le devolverá la movilidad en las piernas a este hombre y estará atado a su silla de ruedas para siempre. Ojalá que las lágrimas de miedo que le salieron a Michelito en su reciente corrida, le sirvan a sus padres para hacerlos conscientes de que hay amores que matan. Claro, si en verdad lo aman. correo@titaescudero.com
Fuente: Sipse
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