jueves, agosto 22

Alexandria Ocasio-Cortez: la nueva ‘estrella’ demócrata y pesadilla de la derecha en EU

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Nuevos impuestos, salud universal y universidad gratuita… y apenas empieza.

Tal vez Alexandria Ocasio-Cortez nunca conoció a Joseph Overton, el finado defensor del libre mercado. Pero conoce bien su concepto más célebre: la ventana de Overton. El término se refiere al rango de ideas que en un momento determinado se consideran plausibles de discusión pública. En gran parte gracias a ella, la ventana de Overton sobre las tasas impositivas se ha movido significativamente hacia la izquierda en Estados Unidos.

Ocasio-Cortez, la mediática demócrata del Bronx de 29 años, es la mujer más joven elegida para la Cámara de Representantes. En una aparición en 60 Minutes con Anderson Cooper a principios de enero, ella hablaba favorablemente del “Green New Deal”, un plan para que Estados Unidos genere toda su electricidad de fuentes renovables para el 2035. Cooper la cuestionó diciendo que el programa requeriría aumentar los impuestos.

“Sí, está ese punto, donde la gente tendrá que comenzar a pagar su justa parte”, respondió. Cuando se le pidieron detalles específicos, dijo: “Una vez que llegas al tramo más alto, por allí de los 10 millones de dólares, a veces ves tasas de impuestos tan altas como 60 o 70 por ciento”.

¡Setenta por ciento! Para contextualizar esa cifra, la tasa máxima según la ley tributaria aprobada en diciembre de 2017 es del 37 por ciento. Y ahora, de repente, una tasa tan extrema que nadie en la alta sociedad se atreve a pronunciar se convirtió en un tema de debate. Los seguidores de Ocasio-Cortez (tiene 2.4 millones solo en Twitter) estaban extáticos. Algunos expertos sacaron del cajón investigaciones económicas que defienden tasas en el rango del 70 por ciento, otros señalaron que Ocasio-Cortez en realidad se había moderado, las tasas más altas eran del 90 por ciento o más en la década de 1960.

Los defensores de las bajas tasas tributarias la llenaron de descalificaciones, lo que solo sirvió para inflamar a sus partidarios.

Ocasio-Cortez comprende que, ante el tabú o lo impensable, hacer que se hable de una idea, incluso de forma desfavorable, es necesario, aunque no suficiente, rumbo a su adopción. “La mayoría de las grandes ideas en la historia de EU comenzaron entre grupos radicales a quienes se les dijo ‘No, nunca vas a poder lograr eso’”, dice Eric Foner, historiador ganador del Pulitzer. Foner ve paralelismos entre las estrategias de los actuales demócratas de izquierda y los republicanos radicales que lucharon contra la esclavitud antes de la Guerra Civil, “primero pusieron el tema en la agenda, hay que entender que obviamente no puedes hacerlo todo de golpe, sino cambiar el discurso político impulsando tu agenda y luego trabajar con aquellos que están dispuestos a hacer algo”.

Ocasio-Cortez fue de hecho menos radical de lo que pudo haber sido en 60 Minutes. Ella dejó pasar la oportunidad de mover la ventana de Overton en otro de sus temas favoritos: los déficits presupuestarios. Ella se adhiere a una doctrina llamada Teoría Monetaria Moderna (TMM) que está ganando popularidad entre políticos jóvenes de tendencia izquierdista y políticos viejos por igual. Su idea central es que los déficits no importan si pides los préstamos en tu propia moneda, siempre y cuando no causen inflación. A menos que la economía corra el riesgo de sobrecalentarse, dicen sus adeptos, pagar un nuevo programa gubernamental no requiere recortar otro o subir impuestos.

Ocasio-Cortez pudo haber dicho: “No, Anderson, no necesitaríamos aumentar los impuestos para pagar el Green New Deal. Pero quiero subirlos de todos modos, porque creo en la redistribución de la riqueza”. Eso hubiera encendido internet.

Randall Wray, un teórico de la TMM que es investigador del Levy Economics Institute of Bard College, escribió en un correo que le “decepcionó un poco” que Ocasio-Cortez relacionara los aumentos de impuestos con el Green New Deal.

Stephanie Kelton, otra teórica de la TMM y asesora económica de Bernie Sanders durante su contienda por la nominación demócrata en 2016, dice que reducir la desigualdad es la verdadera razón por la que Ocasio-Cortez apoya tasas más altas entre los ricos: “Es una especie de reconocimiento que los niveles de ingresos y la desigualdad de la riqueza son similares a los de la década de 1920″.

Independientemente de los detalles, Ocasio-Cortez quiere aumentar las tasas de impuestos, y por mucho. Desde la revolución de Reagan en los ochenta, los demócratas han sido casi tan alérgicos como los republicanos a aumentar impuestos. Hillary Clinton no abogó por elevar las tasas en los ingresos más altos durante su campaña presidencial de 2016. Ni siquiera Sanders, ese declarado socialista de Vermont, fue tan lejos, lo más que se atrevió a proponer fue una tasa máxima del 52 por ciento.

Pero con Ocasio-Cortez, los antiimpuestos sintieron que se estaba rompiendo un tabú, que se abría una grieta en el dique que habían pasado décadas construyendo y reforzando. Grover Norquist, el presidente de Americans for Tax Reform, que en 1986 ideó el famoso Compromiso de Protección del Contribuyente que compromete a los firmantes a votar en contra de cualquier incremento neto de impuestos, usó Twitter para comparar la propuesta de la legisladora con la esclavitud. “La esclavitud es cuando tu señor toma el 100% de tu producción. La congresista demócrata Ocasio-Cortez quiere el 70% (según CNN) ¿Cuál es la palabra para la expropiación del 70%?”, tuiteó.

Norquist sigue confiando en que las tasas impositivas no aumentarán al 70 por ciento, porque “es una idea pésima”. De hecho, cree que los demócratas solo se perjudican a sí mismos al proponerla. Ocasio-Cortez, dice, es “un flautista de Hamelin” que está llevando a su partido a la ruina. Sin embargo, no está del todo claro que subir los impuestos a los ricos sea un tema nocivo para los demócratas. Una encuesta de Hill-HarrisX realizada el 12 y 13 de enero arrojó que el 59 por ciento de los votantes apoyaron la idea de elevar la tasa máxima al 70 por ciento. Eso incluía un 45 por ciento de republicanos. Tal vez gracias a la campaña presidencial de Sanders, que al igual que Ocasio-Cortez se autodenomina un socialdemócrata, el término “socialismo” ya no es una palabra nefanda: Gallup informó en agosto que el 57 por ciento de los demócratas y aquellos de inclinación demócrata tenían una opinión positiva del socialismo, mientras que solo el 47 por ciento tenían una opinión positiva del capitalismo.

¿Qué implicaciones tendría una tasa impositiva máxima del 70 por ciento para la economía y las empresas de EU? Los críticos argumentan que desincentiva el trabajo y promueve los incentivos fiscales excesivos. Incluso muchos economistas que creen que los ricos pagan muy poco opinan que la mejor solución es eliminar las lagunas, de suerte que más ingresos estén sujetos a tributación en lugar de gravar una base estrecha a una tasa alta.

Norquist asevera que una tasa máxima del 70 por ciento provocaría un éxodo de personas de altos ingresos y, que la última vez que las tasas estadounidenses fueron tan altas, también eran altas en otras naciones, lo que reducía la tentación de mudarse. El grupo de estudio de centro derecha Tax Foundation dijo el 14 de enero que una tasa máxima del 70 por ciento sobre los ingresos ordinarios (no ganancias de capital) que excedan los 10 millones de dólares “no generaría mucha recaudación”. Y con ello se refieren a un total estimado de 189 mil millones de dólares en diez años, o 292 mil millones antes de considerar la probabilidad de que las personas en esa categoría impositiva trabajen menos e inviertan menos en sus negocios no corporativos.

Por otro lado, los economistas que apoyan a Ocasio-Cortez dicen que Dinamarca tiene uno de los niveles de vida más altos del mundo a pesar de un impuesto del 56.5 por ciento sobre las rentas que rebasan los 80 mil dólares al año, un umbral mucho más bajo que los 10 millones de dólares mencionados por la joven. Un ensayo de 2011 del premio Nobel Peter Diamond, del MIT, y Emmanuel Saez, de la Universidad de California en Berkeley, aboga por tasas impositivas máximas totales (federales más estatales) para los estadounidenses más ricos de 73 por ciento sobre los ingresos ordinarios. Asumieron que un dólar extra de ingresos para alguien en ese rango tiene muy poco valor en comparación con un dólar recibido por una persona de bajos ingresos. Los críticos de ese estudio han dicho que Diamond y Saez tratan a los ricos como ovejas para esquilar y subestiman la forma en que una alta tasa impositiva desalentaría a las personas a obtener títulos avanzados o iniciar negocios. Diamond rechaza esas críticas citando la necesidad de una mayor inversión pública y dice: “Me siento perfectamente cómodo” con la tasa del 70 por ciento de Ocasio-Cortez.

Una cosa que la mayoría no sabe de Ocasio-Cortez es que le encantaba la ciencia desde adolescente. En 2007, de casi mil 500 estudiantes de 46 países que competían en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería de Intel, ella fue uno de los cuatro ganadores del segundo lugar en la categoría de microbiología (su investigación fue sobre el efecto de los antioxidantes en los ascárides).

Es un detalle biográfico que agrega otra dimensión a la historia de una mujer joven nacida en el Bronx de padres de ascendencia puertorriqueña que fue la primera de su familia en ir a la universidad. Mientras ella estudiaba fuera, su padre murió, dejando a la familia al borde de la ruina financiera. “Cuando perteneces a la clase trabajadora, a menudo sientes como si estuvieras a solo un desastre de que todo se derrumbe”, dijo en un video de Instagram hace aproximadamente un año.

Al igual que el expresidente Barack Obama, Ocasio-Cortez se volvió organizadora comunitaria tras graduarse de la universidad en 2011, y se ganaba la vida como mesera y bartender. Trabajó para la campaña de Sanders en 2016. Después de eso, las cosas sucedieron deprisa. Contendió por la nominación demócrata en su distrito electoral Bronx-Queens y venció a Joe Crowley, legislador en funciones.

Crowley, uno de los líderes de la bancada demócrata en la Cámara de Representantes, había sido considerado como un candidato para suceder a Nancy Pelosi como presidente de la Cámara. En las elecciones primarias del partido, Crowley gastó 18 veces más que ella y tenía el respaldo del gobernador de Nueva York Andrew Cuomo, el alcalde de la ciudad de Nueva York Bill de Blasio, y los dos senadores de Nueva York. Pero ella se impuso y meses después ganó el escaño.

Nadie mueve la ventana de Overton, en ningún tema, sin sólidas habilidades comunicativas, y Ocasio-Cortez las tiene. Ella despierta el entusiasmo de los simpatizantes al rebatir duramente a los críticos en redes, que usa de la misma manera en que la generación anterior usaba los mítines. Uno de sus primeros actos como legisladora fue visitar la oficina de Pelosi, no para buscar su bendición, sino para apoyar a los activistas del cambio climático que se manifestaban en la oficina de Pelosi. Ahora Ocasio-Cortez trabaja a dos puertas de Pelosi, no para Pelosi. Ha planteado la idea de crear una facción progresista dentro de los demócratas, siguiendo el ejemplo de la poderosa Freedom Caucus, la facción más conservadora de la bancada republicana. Entre sus aliados se encuentran las nuevas representantes Ilhan Omar de Minnesota, la primera somalí-estadounidense elegida para el Congreso; Deb Haaland de Nuevo México, una de las primeras mujeres nativoamericanas elegidas al Congreso; y Rashida Tlaib de Michigan, la primera congresista de origen palestino. “Esto es un movimiento, esto no soy yo”, dijo Ocasio-Cortez en un video de Instagram el año pasado.

Tanto Ocasio-Cortez como Trump son maestros de las redes sociales. Destacan en devolver los ataques a su credibilidad. Los intentos de cuestionar sus aseveraciones son, a ojos de sus partidarios, actos mezquinos e injustos, la reacción instintiva de un establishment que intenta acallar las voces externas. Así pasó cuando Ocasio-Cortez dijo erróneamente en las redes sociales que el Pentágono había perdido la pista de 21 billones de dólares en fondos (una cifra tan absurda que equivale a 30 veces el presupuesto anual del Departamento de Defensa). Pero a diferencia de Trump, ella corrige sus errores.

“Lo que es difícil es que se supone que debes ser perfecta todo el tiempo en todos los temas y todas las cosas”, dijo en Instagram.

Ocasio-Cortez tiene más ventanas de Overton en su agenda y no tiene intención de bajar la velocidad. Además del Green New Deal y más impuestos para los ricos, propugna un Medicare universal, una garantía federal de empleos, la abolición del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas y universidad o formación profesional gratuita. También quiere reducir los gastos militares, prohibir las armas de asalto y revivir la ley Glass-Steagall de la era de la Depresión, que separaba la banca comercial y la banca de inversión.

Puede que todo esto suene como un riesgo para las empresas estadounidenses, que han disfrutado de la desregulación bajo Trump. Saikat Chakrabarti, jefe de personal de Ocasio-Cortez, dice al respecto, “Este es el tipo de plan en el que no puedes ir primero a Wall Street a intentar convencer ejecutivos. Tienes que demostrárselos”.

La pregunta es si ella podrá demostrarles, a ellos o a cualquiera. Una semana después de que Ocasio-Cortez llegara a Washington, sus compañeros demócratas se quejaron de que ella era disruptiva y no una jugadora de equipo. El principal de sus pecados: amenaza con respaldar en las primarias a los opositores de aquellos congresistas que no considera lo suficientemente liberales. “Estoy seguro de que la señorita Cortez tiene buenas intenciones, pero hay una regla: no ataques a tu propia gente”, dijo a Politico el representante Emanuel Cleaver II, un demócrata de Missouri.

Para aprobar cualquiera de sus iniciativas, Ocasio-Cortez y sus aliados deberán derrotar la estrategia republicana de utilizar los déficits presupuestarios como justificación para oponerse a nuevos gastos. Ahí es donde entra en juego la Teoría Monetaria Moderna. Sostiene que un gobierno puede gastar dinero sin aumentar los impuestos, de hecho, sin siquiera pedir préstamos a través de bonos. El gobierno simplemente imprime nuevo dinero para pagar sus cuentas. La única restricción para el gasto es que el gobierno pudiera utilizar demasiado la capacidad productiva de la nación, lo que generaría una alta inflación.

Pero mientras la inflación siga siendo baja, como ahora, los déficits no son un problema. La respuesta habitual de otros economistas es que incluso una nación que debe deuda en su propia moneda puede sufrir una crisis si los inversores pierden la fe en su capacidad para pagar sin recurrir a la imprenta.

Un recinto donde esta teoría aún no tiene peso y los déficits aún son importantes, es la oficina de Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes. El 3 de enero, bajo la dirección de Pelosi, la Cámara aprobó una serie de reglas que incluyen el llamado pay-as-you-go, que exige que toda legislación que incremente el déficit sea compensada por aumentos de impuestos o reducciones de gastos. El esquema pay-as-you-go, como se sabe, es contrario al espíritu de la TMM y maniata a los demócratas liberales impidiendo la mayoría de sus iniciativas de gasto. Solo tres demócratas se opusieron a la disposición, Ocasio-Cortez, Ro Khanna de California y Tulsi Gabbard de Hawái.

Ocasio-Cortez sufrió otro revés cuando no la consideraron para integrar la codiciada Comisión de Presupuestos, que supervisa los impuestos, el Seguro Social y Medicare. Pero se recuperó bien al obtener un asiento junto con otros progresistas en la poderosa Comisión de Servicios Financieros, encabezada por Maxine Waters de California. “Alguna vez fui esa joven a la que otros trataron de controlar. Ciertamente no creo en hacerle eso a nadie más. La representante Ocasio-Cortez trae consigo nueva energía y un nuevo enfoque, y todos debemos abrazar eso”, dice la congresista Carolyn Maloney, demócrata de Nueva York.

El desdén de Ocasio-Cortez por las sutilezas políticas es a la vez su cualidad más fuerte como activista y, posiblemente, su talón de Aquiles como legisladora. Ella no da señales de atemperar su fuego. De una forma u otra, dice Kelton, “la conversación está cambiando, la ventana se está abriendo”.

Fuente: El Financiero

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