AMLO y los Kirchner, entre Néstor y Cristina

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Razones
JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ

Las historias no son las mismas, pero sí los orígenes. Entre el viejo priismo que surgió del gobierno cardenista y el movimiento peronista en Argentina que nació en 1943 hay muchos vasos comunicantes: la visión del partido, con aspiraciones de partido único, como un movimiento de masas articulado en torno a un líder; políticas populares que terminaron convirtiéndose en populistas; un desdén por el manejo ortodoxo de la economía y poco respeto por las oposiciones, ya que como el movimiento se asume como la representación del pueblo, sus opositores en realidad reflejan a las minorías que buscan oprimir al pueblo, sean de derecha o de izquierda.

De aquel peronismo que se mantuvo en el poder hasta 1955, regresando efímera y catastróficamente en 1973, para aparecer nuevamente en los años 90 con personajes como Carlos Menem o Eduardo Duhalde, surgió a inicios del siglo un político casi desconocido, que venía de la Patagonia, que logró ganar la Presidencia de la República con la votación más baja de la historia argentina, en un país convulsionado por la crisis económica, el derrumbe de las instituciones y el hartazgo de la población, que se sintetizó en un lema que cruzó transversalmente a la sociedad: “Que se vayan todos”. Kirchner inició su gobierno con el país en cesación de pagos, sin reservas financieras y al borde del caos provocado por el famoso corralito, mediante el cual la gente podía sacar de los bancos, de sus propias cuentas, sólo pequeñas cantidades de dinero para evitar la fuga de capitales.

La primera administración de Kirchner le ganó respaldos sociales e incluso empresariales. Logró, no sin dificultades, poner orden en las finanzas y en la marcha económica. Estableció una serie de programas sociales que en realidad eran subsidios y apoyos económicos directos a muchos sectores sociales, asumiendo deuda. Implementó una política de derechos humanos, importantísima en Argentina como secuela de la brutal dictadura militar que gobernó de 1976 a 1983, y reabrió los procesos contra los principales miembros de la dictadura y violadores de derechos humanos. Lo hizo con un lenguaje de izquierda, aunque, en realidad, Néstor fuera un personaje relativamente moderado y nacionalista, utilizando los iconos del viejo peronismo.

No pudo establecer un mecanismo de reelección, que fue suplido por la candidatura de su esposa, Cristina Fernández. La idea era que terminado el periodo de Cristina, Néstor volviera al poder. Pero Néstor Kirchner, un hombre afectado de añejas dolencias cardiacas, murió repentinamente de un infarto cuando comenzaba el gobierno de su esposa. Cristina no tenía, no tiene, ni remotamente el mismo talento que Néstor para mantener equilibrios que oscilaban desde posiciones de derecha hasta de izquierda ultra, todos con cobijo en el mismo movimiento e incluso en el gobierno. Cristina rompió con los grandes empresarios, abandonó cualquier tipo de ortodoxia económica y entró en un discurso de confrontación, muy alentado por el chavismo. Intentó expropiar los medios de comunicación más importantes (lo que logró a medias) y en cuanto acabó el ciclo de los altos precios de las materias primas, su gobierno se terminó de desgajar irremediablemente.

Ya Pascal Beltrán del Río había sugerido meses atrás las similitudes entre el movimiento de AMLO con el peronismo kirchnerista y creo que cada día que pasa esas similitudes son más evidentes, incluso en formas que no se presentaban en 2006 y 2012, cuando AMLO  fue candidato de un partido como el PRD con márgenes, ideológicamente más cerrados que los que tiene Morena, que como su nombre lo indica no es un partido, sino un movimiento (como el peronista, cuyo nombre oficial es justicialista) donde cabe todo, desde Alfonso Romo hasta Paco Taibo, desde Nestora Salgado hasta Olga Sánchez Cordero. El secreto del éxito de Morena fue ése, convertirse en un movimiento que no se nuclea en torno a un programa, sino a un líder, con todo lo voluble que éste pueda ser.

Entre Morena y el peronismo actual hay coincidencia en sus raíces ideológicas y políticas. Pero, precisamente, en la amplitud del arco social, económico y político que plantean, están las limitaciones para implementar en forma pura los planteamientos del propio líder, que debe recurrir a la oscilación de un extremo al otro para mantener el equilibrio.

Néstor Kirchner lo entendió y logró mantener unido al grueso de su movimiento, no rompió frontalmente con sus adversarios y pudo, pese a que estaba financieramente en default, mantener relativamente estables las finanzas del país recurriendo, para dar confianza a los mercados, a economistas conocidos y respetados. Cuando Cristina ya no tuvo a Néstor rompió los equilibrios, se volcó hacia uno de los extremos, reemplazó a personajes que tenían peso propio por sus allegados incondicionales y se apoyó en su hijo Máximo y en una corriente mucho más radical (la Cámpora) que él dirigía, y el régimen se desbarrancó en lo político porque ya estaba hundido en la ineficiencia y en la corrupción.

Si llegara a ganar las elecciones, entre el modelo de Néstor y el de Cristina oscilará el gobierno de López Obrador. Si se acerca más al de Néstor, más allá de diferencias y enfrentamientos políticos, habrá un margen de certidumbre económica, política y social. Si gana la opción de Cristina será, como fue en Argentina, el derrumbe.

Fuente: Excelsior

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