lunes, julio 6

Banco de semillas resguarda tesoro yucateco

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Investigadores del CICY estudian los aportes alimenticios de especies, sobre todo de aquellas que son poco conocidas o valoradas

El Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) resguarda un gran tesoro natural de la región: una gran colección de semillas, cuyos aportes son estudiados por investigadores con el fin de conocer los valores alimenticios, en especial de especies poco conocidas o valoradas.

La encargada del área del banco de germoplasma, María Pulido Salas, explicó que en estos momentos trabajan para dar a conocer el valor nutricional de diversas especies de semillas, como las huayas, ya que muchas veces se comen solo por temporada y como botana, pero pocos conocen que aportan mucha vitamina C.

“Tenemos estudios, en colaboración con otros centros, para determinar el valor nutricional de las plantas. Otro producto es la uva de mar, que tiene un sabor amargo y que se come poco, por lo que trabajamos para saber qué contiene y el beneficio para la población”, explicó.

Informó que otros alimentos en estudio son el cocoyol y un fruto pequeño llamado comúnmente capulincillo; además de conocer el aporte nutricional, se busca que la población los cultive, ya que son alimentos de muchas especies nativas.

“Las iguanas son endémicas y ellas comen capulincillo, por lo que el hecho de que sea su alimento es otra razón para conservar las semillas y sembrar alimentos nativos de la región”, expresó.

“Fomentamos la siembra de plantas útiles nativas para conservar el equilibrio ecológico, para encontrar usos comprobados por la ciencia, como el valor nutricional, y en el caso de las plantas medicinales, demostrar el principio activo que sirve para curar”, añadió.

Respecto a las investigaciones de plantas medicinales, dijo que los investigadores trabajan para dar a conocer la cura de la enfermedad leishmaniasis, cuyos síntomas van desde úlceras cutáneas que cicatrizan espontáneamente, hasta inflamación grave del hígado y del bazo.

Por su parte, el director general del Centro de Investigación Científica de Yucatán, Pedro Iván González Chi, informó que la mayor parte de las semillas en el banco de germoplasma son de productores o milperos de diferentes comunidades, con las que se han firmado convenio para que en cualquier momento que lo deseen puedan recuperar lo otorgado.

“Lo que debemos garantizar es la viabilidad de las semillas en el tiempo, es decir, que se mantengan vivas; no todas se conservan de la misma manera, gran parte se mantienen bajo cero, lo que disminuye su metabolismo, ‘por lo que se duermen’, pero después de un tiempo se verifican que estén vivas: se hace un muestreo estadístico de las semillas almacenadas, por lo que se siembran y se determina el conteo de germinación”, explicó.

Dijo que si al realizar ese proceso caen por debajo de lo establecido, se siembran las semillas en campo para obtener nuevas, de esta manera se conservan las especies que se resguardan.

Algo importante es que si se presenta un fenómeno meteorológico, como los huracanes, no se pierden, porque los dueños de las semillas pueden ir a buscarlas y volverlas a sembrar, esto es la idea crucial.

“Una semilla es un tesoro, guarda información genética que se ha desarrollado por miles y millones de años y que además están adaptadas a nuestro entorno, perderlas significaría perdernos a nosotros mismos, ya nos sirven para la alimentación”, indicó.

Los especialistas recordaron que antes de que se conforme el banco de germoplasma, como se conoce actualmente, se comenzó la investigación con el henequén, por eso inició una colección de agaves, que no son los que hicieron famosos a Yucatán, sino los que se usaron en el tiempo prehispánico; de los ocho que se cultivaban en esa época, actualmente hay cuatro, que fueron rescatados hace 30 años.

Se descubrió, insistieron, que son diferentes a los que se usaron a mediados del siglo XIX, cuando se registró el “boom” comercial de esa planta.

Otra de las colecciones es de chile habanero, de las que se han obtenido 10 variedades y 10 híbridos que conservan los atributos del picante de la Península de Yucatán (aroma, sabor y picor) y que además, llenan las expectativas de los diferentes mercados que tiene este producto, por sus altos rendimientos, variedad de colores (naranja, rojo, amarillo y morado), y de formas y tamaños.

También existe una colección de coco, la cual se ha trabajado para que sean resistentes a las enfermedades propias de la planta, lo cual se ha logrado sin biotecnología, es decir, solamente por selección de material año con año.
Un gran almacén de germoplasma

El banco de germoplasma del Cicy cuenta con cuatro variedades de agaves henequeneros que se utilizaron en tiempos prehispánicos. Aún no se obtenía la variedad que se utilizó a mediados del siglo XIX, cuando se tuvo el boom del henequén.

Conserva plantas medicinales, alimentarias y maderables.

De las dos mil 500 especies de plantas que se calculan existen en la Península, en este banco se conservan 350.

Algunas son:

Alimenticias: preservan 30 especies
Maderables: preservan 40 especies
Medicinales: preservan 70 especies.
Agave henequenero: 4 especies.
Cocotero: 4 especies.
Maíz: alrededor de 350 muestras.

Existen dos formas de conservación:

Se conservan a en cuartos fríos en temperaturas de 0 a 4 grados.
Otra de las formas es la siembra de la semilla porque no resisten el resguardo frío, como la papaya o el mamey.

Para sembrar las semillas poco resistentes a los cuartos fríos el banco de germoplasma cuenta con alrededor de 9 hectáreas.

Se ha sembrado: chile max, chaya de monte, ciricote negro, zapote negro y huaya, entre otros.

El banco de germoplasma de la Conafor resguarda 14 tipos de semillas, de las cuales ocho son nativas de la Península de Yucatán, como son caoba, ciricote, ramón, huano, parota y maculis morado, roble y cedro, pero también melina y teca para cuestión comercial.

Fuente: Novedades de Yucatán

Semillas, Yucatán

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