jueves, agosto 13

Cacería ilegal perjudica a campesinos que cazan por subsistencia

0
896

La Ley General de Vida Silvestre permite la caza para cubrir necesidades básicas

Si bien el venado de cola blanca no se halla en peligro de extinción en Yucatán, conforme a la Norma Oficial Mexicana 059, la cacería ilegal continúa llevándose a cabo en detrimento de los campesinos que cazan para su propia subsistencia, así como para cubrir sus necesidades básicas, en zonas donde el grado de marginación es muy alto.

“La cacería como un método de aprovechamiento de los venados en vida libre se hace de diferentes maneras, dentro de lo legal y dentro de lo ilegal y eso lo vuelve un asunto muy complejo. No nada más por lo que se define en la ley, sino por las circunstancias reales de la población dentro de un contexto social y económico”, expresó el biólogo Rubén Montes Pérez en su plática “Aprovechamiento de venados en Yucatán y valoración de los recursos naturales”, realizada en Casa de Libros JGB.

Dentro de la cacería legal existe la de subsistencia, avalada en la Ley General de Vida Silvestre (Título VII, capítulo II, Aprovechamiento para fines de subsistencia), que hace referencia al aprovechamiento de ejemplares, partes y derivados de vida silvestre con el propósito de satisfacer las necesidades básicas del cazador y sus dependientes económicos. Incluso va más allá, ofreciendo apoyo, asesoría técnica y capacitación por parte de las autoridades competentes.

“Las respuestas no pueden ser tajantes en blanco y negro, porque existe cierta imprecisión dentro de la concepción legal de la cacería de subsistencia, pero ¿hasta dónde es subsistencia y cuándo se vuelve comercial?; eso no depende sólo de lo que el cazador quiera, depende de un contexto social y económico”, agregó el conferencista.

Entre 1984 y 1986, se contabilizaron 16 mesas de venta de venado en el mercado principal de Mérida, esto equivalía a una venta anual de entre seis mil quinientos y siete mil animales, aunque estos valores cambian conforme a la demanda.

Reducción de presas

Los niveles de cacería bajaron en algunos municipios como en Tzucacab, donde los cazadores denunciaron una disminución en los últimos 10 años (el estudio se realizó en 2003-2004 para la ex Secretaría de Ecología) debido, fundamentalmente, a incendios, cazadores foráneos y reducción de vegetación nativa.

En otro estudio iniciado en 2008 y finalizado en 2010 en tres comisarías de Tzucacab (al sur del estado), se consultó directamente a los cazadores, y se registró que en cuatro meses se cazaron 10 venados cola blanca adultos y juveniles y dos venados cabrito, en tanto tres fueron heridos, pero no cosechados, es decir que huyeron.

Hicimos un cálculo de cuántos serían los animales cosechados o extraídos del monte por mes en las 13 comisarías que constituyen el municipio de Tzucacab, y encontramos que si se cazara un venado por mes, serían 156 al año y 312 si fuera el doble. “Aunque es sólo una especulación es algo esperable”.

“Esto fluctúa en el tiempo y en los sitios. Los animales no permanecen en un lugar, sino que se desplazan y a veces muchos kilómetros, obedeciendo a las presiones a que estén sujetos, y por lo tanto escasearán en determinados lugares y no en otros”, explicó.

El biólogo Rafael Robles de Benito declaró en 2010: “la realidad entonces es que se siguen cazando venados sin control y sin sanción en una especie de clandestinidad, que resulta más bien una suerte de ceguera voluntaria por parte de autoridades de los tres niveles de gobierno. En este panorama no sorprende que cazadores comerciales, oportunistas, y desde luego mejor pertrechados y armados que los campesinos, también acudan a los terrenos ejidales, comunales o nacionales y contribuyan a abatir los números de las poblaciones locales de venados”.

En cuanto a la valoración de los recursos naturales y de la vida silvestre, Montes Pérez señaló que la forma normal de valoración, la formalmente aceptada es a partir de criterios económicos, pero esa forma está sesgada, es sólo una parte de la realidad, porque debe ser integral en el aspecto económico, ambiental y social. “Y cuando esa evaluación integra todo eso, se debe partir del concepto de desarrollo sustentable de la ley mexicana, la cual da los elementos para dirigirnos hacia un método de valoración de la sustentabilidad del uso de los recursos naturales, entre ellos la fauna silvestre”, concluyó.

Fuente: Jornada Maya

Leave a reply