miércoles, agosto 21

Centro Histórico: Signos de abandono

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Una de las principales divisas turísticas, que son los edificios y casonas coloniales, presentan deterioro debido a la apatía y negligencia de las autoridades

CAMPECHE, Cam., 20 de enero.- Cada año llegan a Campeche más y más turistas que quedan encantados con nuestro Centro Histórico y la cultura del pueblo campechano. Pronto, los ingresos por el concepto de turismo seguramente rebasarán a otras actividades productivas que se practican en nuestra Entidad.

Sin embargo, hay evidencias de que una de las principales divisas, que son los edificios y casonas coloniales, presenta desde moderado y grave deterioro debido a la apatía y negligencia de las autoridades.

Desde las casonas la mayoría pintadas con tonos pasteles se ubican en el Centro de esta ciudad, muchos poetas campechanos escribieron sobre la belleza y encanto del mar y de esas tardes cuando los abuelos se sentaban frente a sus casas para admirar el atardecer, platicar con los vecinos o simplemente para pasar el rato.

Hoy, se continúa escribiendo no desde dentro de estas casonas, sino sobre sus paredes y muros, pero ya no son poemas los que son plasmados, sino expresiones y garabatos incomprensibles y recados de algunos amantes frustrados, que se esmeran en convertir La Tierra del Pregonero en La Ciudad del Grafitero.

Nuestra Centro Histórico, sin lugar a dudas tiene un gran encanto y ha sido testigo de miles de historias y dramas, por eso con justa razón goza del título de Patrimonio Cultural de la Humanidad y cada vez son más los turistas que la visitan. Empero, hay un pequeño detalle: el descuido en que han incurrido autoridades y propietarios, al permitir el deterioro de las casonas y la infraestructura urbana.

Es lamentable, pero ya no es necesario adentrarse a algunos de los barrios contiguos a la zona amurallada para notas los síntomas de abandono y dejadez de las autoridades, ya que en pleno centro de nuestra ciudad amurallada, se pueden observar paredes pintarrajeadas con aerosol.

El Centro de Campeche, de acuerdo con las autoridades es uno de los sitios mejor resguardados del Estado, la presencia de la policía preventiva se puede constatar, sin embargo algo debe estar pasando, ya que por todos lados hay rastros de las obras de seudoartistas o sujetos que tienen la manía de pintarrajear paredes.

Algunos dicen que estas pintas son la firma de algunas bandas delictivas y delimitación territorial de vendedores de droga. También, cerca de esta pseudo-escritura urbana podemos encontrar algunos recordatorios de amor, pero sobre todo grietas y desprendimientos que son memorándums que indican que estas paredes han permanecido erguidas durante muchos años y que no estaría mal darles un poco de mantenimiento para que sigan en pie.

El recinto amurallado y sus barrios aledaños, son junto con su historia y cultura la principal divisa turística de los campechanos, pero a nuestras autoridades se les olvida que mantener en estado óptimo este patrimonio requiere de erogaciones regulares de dinero.

Salvo los hoteles, edificios públicos y negocios que han resultado favorecidos por el auge turístico, la mayoría de las casonas muestran signos de que están a punto del colapso y a gritos piden que se les dé una ayudadita en su lucha contra el salitre y las tempestades que en forma regular azotan la costa.

Como suele ocurrir en un país donde uno de los pilares es la corrupción, seguramente existe presupuesto y alguna empresa que está recibiendo pingues ganancias por raspar, limpiar y paliar el problema del deterioro de los edificios; sin embargo es más que evidente que a alguien le conviene que nunca acaben los trabajos, por lo que no se dan soluciones más duraderas.

Tampoco faltan los propietarios de los vetustos inmuebles que le han apostado a que éstos se derrumben y de esta forma puedan limpiar y vender el predio, ya que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), les ha impedido derribarlos.

Llama mucho la atención la lucha de estas casonas contra la invasión de la naturaleza. En algunos casos pueden apreciarse que en los edificios abandonados –por años- han crecido frondosos arbustos. Incluso los techos de los mismos albergan una generosa cantidad de vegetación.

En los casos más graves, los habitantes principales de estas casonas son frondosos árboles, cuyas ramas asoman por las ventanas y sus raíces rompen la piedra y el pavimento.

Bueno, esto no quiere decir que todo esté mal. Hay tapas de los ductos que van a dar el mar, algo rotas, descompuestas, corrompidas; este no es el tiempo, es el mal manejo del dinero público.

Muchos faroles que pretenden evocar la forma en que los primeros habitantes de la Villa de Campeche iluminaban sus calles, se encuentran apagados, vencidos por la herrumbre, torcidos por la gravedad y el ineficiente cuidado que le dieron los últimos gobiernos municipales.

Trampas mortales

Por si fuera poco, otro aspecto que muestra el descuido de las autoridades y propietarios y empresas que prestan servicios de energía eléctrica, telefonía y agua potable, es la presencia de auténticas trampas mortales, en casi todas las banquetas.

No han sido pocos los ancianos y niños que han resultado con fracturas óseas al caer en estas trampas mortales, pero dicha situación no parece importarle a ninguna autoridad.

Otro aspecto que comienza a minar a nuestro Patrimonio Cultural de la Humanidad es la existencia de sitios lóbregos y abandonados, que son usados como baños públicos y emiten un hedor nauseabundo que puede ser percibido a decenas de metros.

Por si fuera poco, algunos gobiernos “fifi” han querido eliminar el pregón de quienes se ganan la vida vendiendo artesanías, frutas y golosinas, sin darse cuenta que éstas personas ya son parte del paisaje urbano, desde antes de que nuestra ciudad recibiera el título que actualmente ostenta.

Fuente: PorEsto

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