sábado, noviembre 27

Cómo auxiliar a una persona que piensa en quitarse la vida

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La familia, los amigos, vecinos o conocidos pueden convertirse en el primer punto de auxilio para asegurar a la persona y posteriormente canalizarla con asistencia profesional.

La presencia de una red de apoyo personal y social es un factor que, junto con la atención psicológica y psiquiátrica, se vuelve indispensable para prevenir el suicidio. Un 56% de las personas en crisis asegura sentirse sola al momento en que tiene ideas al respecto, de acuerdo con la asociación de ayuda Confianza e Impulso Ciudadano.

Los expertos aseguran que existen dos fases en las que el auxilio salva vidas: la primera es cuando aparecen los pensamientos suicidas, que con psicoterapia se encarrilan hacia un proyecto de vida. Cuando existe una conducta suicida, el individuo usualmente ya tiene el escenario, el ambiente y el método planeado.

Norma Coffin, catedrática y especialista de la Clínica Universitaria de Salud Integral de la FES Iztacala asegura que cuando hay ideación suicida, los afectados “suelen acercarse a la gente (por ayuda) y en ese momento es cuando mayor acto de intervención se hace… y cuando mejor se puede remitir a una situación de prevención y tratamiento”.

En una situación de crisis en esta fase, la familia, los amigos, vecinos o conocidos pueden convertirse en el primer punto de auxilio para asegurar a la persona y posteriormente canalizarla con asistencia profesional. La muerte es un tema complicado, por eso cuando hay un acercamiento para pedir ayuda es vital abordar las ideas suicidas con ciertas medidas.

Escuchar
La escucha debe ser empática, para entender las situaciones que detonaron la idea suicida o en qué períodos la persona experimenta los pensamientos. En este momento la persona expresa lo que necesita de nosotros y brinda información sobre la intensidad y el riesgo que tiene de quitarse la vida.

“Si alguien dice ‘me quiero morir’, ‘ya no quiero existir’ y frases similares nos hace entender que hay crisis, pero que no es de mayor riesgo porque no hay un método planeado. Cuando la gente dice, ‘ya tengo un plan’, ‘ya tengo un método’ o ‘ya sé dónde’, el riesgo es mayor”, comenta Alejandro Águila, director general del Instituto Hispanoamericano de Suicidología (INHISAC).

No juzgar y creerle
Cuando escuchamos que la persona menciona frases como “me quiero quitar la vida” o “la vida no vale la pena” es común minimizar sus emociones y contestar con “estás loco” o “no pienses en eso”. Esto crea la percepción de que no se les toma en serio o que su problema es mínimo.

“Esto, en lugar de ayudar, agravaría su necesidad, ya que puede considerar que no es escuchada o que es ignorada. Eso las lleva a pensar que efectivamente la vida no vale nada porque no hay quien le dé la contención y ayuda requerida”, menciona Águila.

Tampoco conviene desviarse del tema y cambiarlo por otras situaciones porque es posible que la persona presente frustración.

Romper el círculo
Coffin asevera que quienes presentan ideas suicidas suelen repetirse que no son útiles, que nada les sale bien o que les va muy mal, pensamientos que cierran sus posibilidades.

“Sus estrategias cognitivas están encapsuladas, por eso hay que recordarle sus logros individuales más tangibles y recientes, aquellos que el otro no pueda negar. También empezar a entablar un círculo de diálogo y romper el discurso de fracaso”, dice.

Además, menciona que puede preguntarse al individuo si le gustaría hacer algo al momento. “Deben ser actividades precisas a corto plazo y de fácil acceso para que se enganchen en esa actividad”.

Establecer una red de apoyo
Si el individuo cuenta con redes cercanas, como una familia, amigos o pareja, es posible tener un acercamiento para alertar a un experto sobre los pensamientos suicidas de su ser querido. El propósito es que se establezca una relación más profunda.

Canalizar
Este es el aspecto más importante, ya que los profesionales de la salud los tratarán para que superen la crisis; además les darán una preparación para afrontar de mejor forma los futuros obstáculos en la vida.

“Puede ser a las autoridades, que cuentan con una serie de ambulancias, hospitales y personal para atender de forma inmediata a quien presenta la crisis. En ocasiones surge la intención de internar al paciente para cuidarlo y protegerlo de su condición de riesgo”, dice Águila.

Cuando la situación es crítica, la persona se encuentra en la etapa de conducta suicida, es decir, ya tiene el método en mano. Aquí no hay otra opción más que llamar a las autoridades, sobre todo porque no hay una conciencia total y la persona está invadida por los afectos.

“En el estado de crisis se presenta una disminución en la capacidad de atención, concentración y memoria, funciones cerebrales superiores que se van perdiendo… Tocar las emociones en ese momento requiere de especialistas para saber en qué momento la persona puede ponerse agresiva, sentirse peor y cometer el acto”, menciona Águila.

Antes de acercarse al sujeto es conveniente identificar tres aspectos que no solo ponen en peligro su vida, sino también de quienes desean ayudarlo, señala el especialista:

-Intoxicación: Las drogas, alcohol y otras sustancias alteran el estado natural, por lo que es posible que intente dañar o atacar. El tono de voz, el lenguaje y la forma de expresarse dan señales de que hay alteración.
-Estados psicóticos: Si la persona se encuentra en un estado alterado de conciencia por trastornos mentales como la esquizofrenia. Esto normalmente se detecta cuando se presenta un lenguaje delirante porque no hay una conciencia de realidad y pueden existir alucinaciones visuales o auditivas.
-Armas: Si el afectado tiene un arma de fuego o punzocortante la indicación es no acercarse. “Los instintos surgen en dos formas: cuando la agresión es demasiada y se saca se convierte en homicida, pero si lo hace hacia adentro se convierte en suicida. Si se siente atacada u obstruida puede asesinar a alguien más”.

Las autoridades son las encargadas de atender y proteger al sujeto con el equipo y personal preparado. Posteriormente corresponde la asignación de un enfoque multidisciplinario de atención con psicólogos y psiquiatras para iniciar un proceso que le permita recobrar el “sentido de la vida”.

Pedir ayuda
Ante cualquier emergencia existen líneas de apoyo que orientan tanto a la gente cercana, como a quien presenta ideas y conductas suicidas. Si conoces a alguien que pasa por esta situación, seguro será de ayuda; los especialistas contribuyen a que se superen la crisis y a tener una mejor preparación ante futuras eventualidades.

-Línea de Atención Psicológica Call Center de la UNAM, cuenta con profesionales de la Facultad de Psicología que ofrecen asistencia gratuita ante problemas de ansiedad, depresión y crisis suicida. El teléfono es 55 5025 0855, de lunes a viernes, de 8:00 a 18:00 horas.
-El Programa de Contención Emocional de la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENEO) de la UNAM tiene enfermeros expertos en salud mental que ofrecen ayuda en primer contacto de 9:00 a 14:00 y de 15:00 a 20:00 horas. Los teléfonos son 55 5350 7218 y 800 4610098.
-El Sistema Nacional de Apoyo, Consejo Psicológico e Intervención en Crisis por Teléfono (SAPTEL) ofrece servicio las 24 horas en el número 55 5259-8121.
-Línea de Confianza e Impulso Ciudadano da primeros auxilios psicológicos vía telefónica y atención terapéutica presencial o telefónica. El número es 55 1185 7555 y el WhatsApp es 55 2323 0303.
-El Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz atiende a la población en general en los números 55 41605372 para la Ciudad de México y 55 4160 3282 para el interior de la República.

Fuente: Excélsior

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