lunes, julio 22

Cómo consiguió Tiger Woods que el mundo vibrara de nuevo con el Masters

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AUGUSTA — Los otrora ganadores del Masters se reunieron en el vestidor de los campeones porque sabían lo que estaban viendo y entendían que debían hacer algo especial para Eldrick Tiger Woods. Bernhard Langer, Bubba Watson, Zach Johnson, Adam Scott comprendieron que no sólo debían cerrar su locker, despedirse, subirse a su lujoso coche y volver a su privilegiada vida.

Langer, de 61 años, es el mayor de ese grupo y el líder de la banda. Los que ya saben lo que es consagrarse se bañaron tras su respectiva ronda, compartieron un trago y observaron como se desenvolvía Tiger en el hoyo 72 a través de la televisión.

“Escuchamos un gran estruendo”, comentó Langer, lo que marcaba el final de una de las mejores historias que se han contado en el deporte estadounidense. “Y fue justo ahí cuando dijimos, ‘hay que ponernos la chaqueta, bajar y felicitarlo’ y justamente eso fue lo que hicimos”.

Langer jugó en el Masters de 1986 en el que Jack Nicklaus, con 46 años, obtuvo su sexto saco verde y su último major (18). Ahora estaba presenciando a Woods, con 43 años, obteniendo el quinto de su carrera y el 15to. major tras una sequía de 14 años sin un Masters y más de 10 años sin majors. Langer prefirió no decir cuál era mejor que el otro, pero no tenía que hacerlo. El dos veces campeón del Masters quiso asegurarse de portar el saco verde cuando extendiera la mano de Tiger.

“Es un momento muy especial en la historia del golf, de Augusta y, por supuesto, de Tiger”, continuó Langer.

Tiger Woods se funde en un solo festejo con la gente al ganar el Masters 2019 Getty Images
Nadie de los que estuvo presente en este domingo olvidará la forma en que se movió la tierra o la forma en que los gritos superaron los pinos. Nadie dejará de recordar la escena en que Charlie, el hijo de Woods, cayó en sus brazos como él lo hiciera hace unos años con su padre cuando se impuso en 1997 con apenas 21 años. El estadounidense ha reconocido que sus hijos lo ven como un “golfista de YouTube”, una persona con una gran presencia en los resúmenes de golf en internet y en los videojuegos, pero como algo muy diferente en persona.

Las lesiones en la espalda y las cirugías poco efectivas lo habían dejado presa de un gran dolor. No podía caminar, sentarse, acostarse o pararse de la cama por si solo. Las inyecciones no surtían efecto alguno.

“Ellos sólo sabían que el golf me causaba mucho dolor”, comentó Woods sobre sus hijos.

Tanto físicamente como mentalmente.

El estadounidense Woods firmó una tarjeta de 275 golpes 13 bajo par, para ceñirse la mítica chaqueta verde en el campo Augusta National.

Su hija Sam y Charlie estuvieron presentes en Carnoustie el verano pasado cuando su padre, quien milagrosamente estaba en contienda tras una cirugía en la espalda que salvó su carrera, desperdició la ventaja con la que llegaba al domingo del Open Championship y perdió el duelo directo con Francesco Molinari, quien iniciaba con ventaja de dos golpes en el Masters.

“No iba a permitir que eso les ocurriera por segunda ocasión”, dijo Tiger.

Tampoco iba a dejar que Brooks Koepka, otro de los grandes contendientes, lo superara como ya lo hizo en alguna ocasión en el PGA Championship. Confiaba ciegamente en sus oportunidades, se despertó y empezó a preparar su cuerpo para una batalla que iniciaría a las 9:20 de la mañana ya que los encargados del campo en Augusta querían ganarle a las tormentas que estaban pronosticadas.

Woods no iba a permitir que nadie ni ninguna lluvia interrumpiera su fiesta. Tuvo par bogeys consecutivos en el 4 y en el 5 para quedar a tres golpes de Molinari y todo indicaba que otra vez se quedaría corto, pero su caddie, Joe LaCava, empezó a impulsarlo. Fue entonces cuando entró al baño, dijo unas cuantas maldiciones y reapareció como nuevo.

LaCava ya le había mencionado que “nunca perdiera la tensión, pero que se soltara. No cargues con el peso del mundo en tus hombros”.

A partir de ese momento lució enfocado en el resto del viaje. Espero a que Molinari –usualmente de acero– se quebrara ante la presión y esto ocurrió en el hoyo 12. Los seguidores de Tiger, al notar esto, empezaron a festejar. El juego había cambiado y mientras la lluvia empezaba a caer y los paraguas aparecían, los aficionados siguieron caminando entre los árboles como si se tratara de un día soleado y con cielo azul.

Molinari después golpeó un árbol y vio como la pelota se fue al agua en el 15, mismo en el que Woods no exhibió problemas al elegir un hierro 5 en su segundo tiro en el green en un par 5. El primer recuerdo de Tiger sobre el Masters precisamente era Nicklaus celebrando su tiro con un hierro 4 en ese mismo hoyo 33 años atrás.

“Nunca antes había visto que alguien llegara al green con un hierro”, dijo Woods.

También recordó a Nicklaus abrazando a su hijo y caddie, Jackie Jr., mientras caminaban victoriosos tras el hoyo 18.

Woods ya se preparaba para el momento con su hijo tras el birdie del 15 que le dio el liderato con -13, pero antes tuvo un tiro similar al de Nicklaus en el hoyo 16 de 1986. Bajo la mirada de Molinari, quien acababa de cometer un double-bogey, Woods charló con su caddie.

“¿Te gusta el 7 (hierro) o el 8?”, preguntó.

“Creo que el 8”, respondió LaCava. “Lo sabes. ¿Estás intentando ser bueno conmigo?”.

Woods simplemente estaba mostrando la misma soberbia que Nicklaus, entonces de 46 años, en medio de una gran batalla en el hoyo 16.

“Ojalá estés en lo correcto”, replicó Jackie ese día. “Lo es”, mientras se agachaba a recoger su tee.

Jackie era uno de los asistentes en el Augusta National el domingo y fue de los que pudo ver como Tiger dejó su tiro más cerca que el de Nicklaus. Mientras se acercaban al green, Woods bromeó con LaCava sobre su putt. “¿Quieres que vea?”, respondió el caddie con incredulidad. “Está a pie y medio”.

“Un poco a la izquierda y al centro”, contestó Tiger.

“Ve por él”, continuó LaCava.

Woods lo intentó como no lo hacía en el Masters desde su última victoria en 2005, año en el que consiguió su tiro insignia en el mismo hoyo 16.

El camino hacia el hoyo 18 era lo más cercano a una experiencia religiosa. Gente que ha acudido a múltiples Masters no recordaba una multitud tan vasta en el fairway o cerca del green. Pareciera como si no hubiera un hombre, mujer o niño que no alentara al hombre calvo que vestía de rojo.

Woods sabía que inclusive con el bogey ganaba, pero también recordaba que en alguna ocasión Arnold Palmer tuvo double bogey en el 72 para perder el Masters y el no estaba listo para hacer un Arnie. Mientras se preparaba para el último toque, uno que recordará millones tan solo esta semana, Woods sólo decía “Vamos. No te desmorones. Mantente enfocado. Debes comprometerte”.

La galería lucía tan silenciosa como una iglesia a media noche mientras Woods se preparaba para el tiro que finalmente llevó a la explosión y fue entonces cuando el ganador apretó el puño y llevó enfáticamente los brazos al aire mientras gritaba con todas sus fuerzas. Tiger acababa de vencer a los dos hombres que lo habían dejado sin un major en el último años –Molinari y Koepka– y no podría importarle menos. Sólo quería abrazar a su madre, Kultida, quien había pasado gran parte de la última ronda en la casa club gritando ante la imagen de su hijo en la televisión. Tiger sólo pensaba en abrazar a sus hijos.

Vistiendo los colores de su padre, la playera roja y la gorra negra (aunque por supuesto la de Charlie estaba al revés) el hijo corrió hacia los brazos de su papá y fue entonces cuando lo levantó con un gran abrazo de oso. Ninguno quería soltarse. Los aficionados coreaban su nombre mientras se dirigía al cuarto de resultados entre lo que Koepka describió como “un monzón de gente”. Tiger les agradecía al extender el brazo. Fue felicitado al final de ese camino por Langer y otros campeones que vestían su saco verde, así como por Koepka y otros jóvenes que crecieron viendo a su ídolo.

“Lo más increíble fue ver a todos esos jugadores felicitándolo”, mencionó Jay Monahan, comisionado del tour de la PGA. “Todos han competido contra Tiger y todos han perdido ante él”.

Antes de que Woods apareciera con el saco verde y levantara el trofeo, su antiguo ayudante Rob McNamara, hablaba afuera de la casa club sobre lo importante que fue la victoria en East Lake para entender cómo se había desarrollado el día.

“Mentalmente, ganar el Tour Championship fue todo”, comentó McNamara.

Tras finalizar la sesión de fotos en el green y en camino a la camioneta gris, los aficionados lo perseguían mientras que el ganador del año anterior Patrick Reed era ignorado. En el estacionamiento, portando una playera de Saquon Barkley y el traje del Masters, LaCava esperaba sentado en un Mercedes negro con la bandera del hoyo 18. El caddie no sólo quería hablar de Woods como un campeón renovado, sino como una persona renovada, también.

“Está celebrando y hablando con la gente, además de firmar autógrafos”, comentó LaCava. “Va más allá de ser amigable con los aficionados, lo que creo que es increíble. Es muy bueno con los niños y todos están de su lado. ¿A cuántos viste esperándolo en el 18?”.

A muchos. Y es por ello que ahorita no era el momento para hablar si este era un regreso más grande (o no) que el de Ben Hogan después de un accidente que estuvo cerca de ser fatal o si el Masters del 2019 de Tiger había sido mejor (o no) que aquel de Jack en 1986.

Era el momento de medir a Woods, el hombre, ante el joven. Tiger llevó a varias personas por momentos muy complicados, especialmente a su ex esposa, y también pudo haberse causado daño o a alguien más cuando fue arrestado por manejar bajo efectos del alcohol en 2017. Woods reconoció hace un par de años que su carrera había terminado y después sobrevivió a lo que el llamó “momentos muy, muy oscuros”.

Así que ahora se trataba de un ganador de Masters más sencillo. Woods acababa de obtener el decimoquinto major de su carrera, uno más que el que su padre predijo. Tiger escuchó aquella voz el domingo.

Antes de que los hijos de Tiger se fueran en aquel Mercedes negro a las 4:16 de la tarde, la bandera de LaCava fue guardada en otra camioneta que presumiblemente estaba esperando por el golfista. Ahora abandonaría Augusta National con un souvenir y un recuerdo que puede durar tres vidas.

Charlie y Sam vieron a su papá ganar, reconoció Tiger, “tal y como mi padre me vio ganar aquí”. Sus hijos y una generación entera de niños y niñas descubrieron algo el domingo que quizá nunca pensaron conocer.

Eldrick Tiger Woods no es un superhéroe de video juego o una sensación de YouTube. Es un golfista de verdad y uno que nunca veremos de nuevo.

Fuente: ESPN

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