sábado, abril 10

Control de armas, ¿tercera llamada?

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Por MAX CORTÁZAR

La gran pregunta que queda después de la imponente manifestación March for our lives, realizada el fin de semana pasado en Estados Unidos y varias ciudades del mundo es si, a diferencia de otras coyunturas, la opinión pública norteamericana logrará mantener esta vez el momentum político para conseguir reformas legislativas que refuercen los controles del acceso y posesión de armamento en ese país, así como prohíban la venta de rifles de asalto

Una añeja aspiración de quienes conciben un entorno libre de municiones, que ni siquiera mereció mayor discusión en el Capitolio tras la masacre cometida desde un hotel de Las Vegas, donde 60 personas fueron asesinadas y 500 más resultaron heridas por un tirador solitario en octubre de 2017.

El cambio normativo es el primer paso dictado por el sentido común, para atajar el miedo de los estadunidenses a ser baleados con armas de grueso calibre en centros educativos, espacios públicos, restaurantes, oficinas o lugares de conciertos. Basta recordar que, de acuerdo con la organización Mass Shooting Tracker, tan sólo el año pasado se registraron 427 incidentes donde uno o varios tiradores atentaron contra la vida de cuando menos cuatro personas. El temor hacia los tiroteos masivos es extendido porque no discrimina región de la Unión Americana ni se da bajo condiciones previsibles. Tampoco —en su gran mayoría— tiene como origen la violencia ejercida por una célula terrorista extranjera, con fines ideológicos o de venganza.

Lo más llamativo de la sensación de inseguridad es que el armamento está en manos de estadunidenses, incluso menores de edad o con trastornos sicológicos, a partir de su compra abierta y permitida hasta en los estantes de reconocidas tiendas de autoservicio. De ahí la pertinencia del movimiento social surgido a raíz de la tragedia de Parkland, Florida. El homicidio de 16 estudiantes de la escuela Marjory Stoneman Douglas abrió nuevas ventanas de oportunidad para tratar de encauzar un debate nacional sobre las alternativas del control de armas.

Cientos de miles de estadunidenses, liderados por jóvenes, el sábado tomaron las calles de ciudades que van desde Washington y Nueva York hasta Seattle y Los Ángeles, con el propósito de exigir a su clase política el dejar de representar los intereses de la industria armamentista, básicamente gestionados por la Asociación Nacional del Rifle a través del financiamiento electoral, para establecer una legislación acorde con la prevención de la violencia armada y la protección de la vida humana en el espacio público.

A los legisladores del Congreso de Estados Unidos exigieron un ya basta a las oraciones ofrecidas de manera recurrente tras las masacres y, mejor, pasar al terreno de los hechos en los ámbitos de su competencia regulatoria. La demanda expresada por el músculo ciudadano ofrece a la competencia bipartidista retos políticos interesantes, pues en noviembre próximo habrá elecciones intermedias y los republicanos
se juegan la mayoría que hoy disfrutan en el legislativo.

Es previsible que el control de armas tenga un papel importante en las prioridades de la contienda. Será interesante observar la manera en que los candidatos propondrán conciliar el siempre difícil equilibrio entre el respeto al derecho constitucional y el hacerlo funcional en la práctica, en el interés superior de procurar entornos más seguros.

Además, el Partido Republicano habrá de valorar los efectos de un creciente descrédito de la Asociación Nacional del Rifle, así como de una Casa Blanca sumida en el escándalo que pone en duda los activos de la gestión presidencial en los votantes.

Al menos a estos días, de acuerdo con la encuesta levantada por la agencia internacional Associated Press y el Centro de Investigación para Asuntos Públicos de la Universidad de Chicago, siete de cada diez estadunidenses quieren leyes de armas más rigurosas.

También, el 80% de los encuestados aprueba que los enfermos mentales sean impedidos de adquirir armamento, 70% respalda el prohibir la venta de dispositivos que hace a un arma elevar su poder de fuego, así como 58% desea que los rifles AR-15 y otras variantes de armamento semiautomático no sean objetos legales de compra.

Veamos si en fecha más cercana a la contienda legislativa, estos porcentajes de apoyo se sostienen y el movimiento March for our lives consigue la tercera llamada de la reforma a un mejor control de armas.

Fuente: Excelsior

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