domingo, septiembre 22

Convocan a la ciudadanía de Mérida a tirar sus chicles en la basura

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¡Basta ya de tanto chicle en la banqueta! Eso decía el cartel, adornado con Pibil el cochinito, que el caricaturista Efrén Maldonado Betanzos, apreciado colaborador de POR ESTO!, pegó ayer por la mañana en la pared de la Casa de Montejo, situada en la calle 63, enfrente de la Plaza Principal.
Y diciendo y haciendo se puso unos guantes y con una espátula en una mano y un frasco de detergente en la otra, Efrén se dedicó a mojar y raspar los chicles que se ven tirados, pegados y sucios por toda la banqueta.
Entrevistado durante esa labor destinada a llamar la atención sobre un problema de nuestra ciudad al que los ciudadanos locales al parecer estamos acostumbrados, pero que asombra a muchos que nos visitan, porque esperando ver a la blanca Mérida lo primero que encuentran son sus banquetas completamente manchadas y sucias, Efrén nos dijo:
–Todas las banquetas de la ciudad están llenas de estas feas manchas de chicles. Es una cosa que a mí me da vergüenza, y esto lo hago en el Día del Niño y la Niña por su salud y para que tengan una mejor imagen de la ciudad en que viven.
–¿Por qué por su salud, Efrén?
–Porque un chicle recoge salmonelas, cualquier tipo de bicho, de bacteria, de microbio, todo lo que está se le pega. Y el que lo masticó y tiró muchas veces está enfermo, otras veces la gente que tiene gripa o alguna otra enfermedad escupe, y sus microbios se pegan en los chicles que allá se quedan durante mucho tiempo, porque ni las lluvias ni nadie ni las autoridades de la ciudad, pueden quitar tantos chicles que hay en todas las banquetas.
–Bueno, Efrén, de la imagen de la ciudad ni te pregunto, porque creo que es obvio que se ve terriblemente mal una banqueta llena de chicles, pero cuando no es una, sino como dices, son prácticamente todas las banquetas de la ciudad las que están así, queda claro que esto tiene que cambiar, que tenemos que acabar con esa malísima costumbre….

Los pájaros
–Así es: Hace falta que tomemos conciencia de eso y dejemos de tirar nuestros chicles en las calles. Esperamos que, si la gente no reacciona para acabar con esa mala costumbre, cuando menos los niños y las niñas sí se den cuenta de la importancia de mantener limpia esta ciudad tan bonita, que es de todos. Yo me pregunto si la gente sería capaz de tirar chicles en el piso de su casa y dejarlos allá pegados como lo hacen por las banquetas de toda la ciudad.
–Tienes razón, Efrén, estas manchas de chicle están por todos lados y, si no se quitaran, dejarían completamente negras las banquetas. También he visto en las redes que las personas preocupadas por las aves se quejan de que a veces cuando los pájaros pequeños encuentran un chicle tirado y se lo meten al pico, se les pega y ya no pueden abrirlo, lo que da como resultado que mueran de hambre por no poder comer.

La mitad más llena de chicles
En este punto, y mientras la gente que pasa se detiene un poco a observar con curiosidad lo que hace, Efrén nos muestra que del ancho de la banqueta, la mitad que da a la pared está más llena de chicles que la otra. Entonces nos dice:
–No hay autoridad ni policía que pueda estar cuidando que no tiren los chicles, eso debe evitar hacerlo cada ciudadano. Mira, esta mitad de la banqueta está más limpia de chicles porque el Ayuntamiento lava y lava y lava estas banquetas en las noches, cuando nadie se da cuenta, y aún así algunos chicles ahí perduran, porque están tan pegados que no se pueden quitar, pero como en el otro lado (el que está pegado a la pared) no llega el chorro de agua, se quedan por meses y años.
Y comenta también:
–En Yucatán la piedra tiene fósiles, está llena de restos de animales prehistóricos, pero hasta donde hay pisos empedrados tiran chicles.

Están peor las salidas de los teatros
–Efrén, ¿por qué escogiste este lugar para hacer este llamado de atención a los ciudadanos?
–Mira, me vengo al lugar más céntrico, pero no es el más sucio, porque –por ejemplo– en las banquetas de la salida de los teatros es espantosa la cantidad de chicles. Aquí más o menos está limpio.
–¿Y quiénes tiran estos chicles, los niños o la gente grande?
–Yo creo que todos. Este es un ambiente del paso de yucatecos. Yo no he visto a los extranjeros tirando chicles o basura. Somos nosotros. Y creo que es un absurdo el chicle, ya lo publiqué en POR ESTO!, pero es un absurdo doble masticar chicle, y triple absurdo es tirarlo en tu ciudad. Como te digo: ¿Quién mastica un chicle y lo pega en su cocina, o en el piso, para que vean lo horrible que se ve?
–Algunos lo pegan debajo de la mesa cuando comen. He visto mesas llenas de chicles por debajo.
–Pues yo creo que es muy importante que se den cuenta de que uno no puede estar haciendo eso.
–He escuchado gente que dice que masca chicle para calmarse los nervios, y hay quienes creen que mascar chicle adelgaza la cara. Como sea, el problema es que está muy extendida esa costumbre de mascar chicle, ¿verdad?

Mascar sí, tirar no

–Sí, también porque hay gente que come y en vez de lavarse los dientes mastica un chicle. Otros toman y para que no se les sienta el aliento alcohólico, mascan un chicle. Hay quienes lo hacen para refrescarse la boca. Pero lo malo no es mascarlo, lo malo es tirarlo donde sea.
En esta parte, Efrén nos muestra los pedazos de chicle que ya logró despegar.
–Mira nomás qué basura. Yo quiero que tomen conciencia de que el chicle es una pequeña cosa que afea nuestra ciudad. A ver si el fotógrafo viene y toma esto, no puede dar uno crédito de la manera en que dañan la imagen de la ciudad. Y de la cantidad de microbios que puede tener esto.
–¿O sea que es un reservorio de microbios?
–Sí, para empezar.
–¿En otras ciudades, se ve esto?
–Sí, desgraciadamente sí, por ejemplo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, sí se ve.

Un “bubble yum”

En ese momento descubrimos una enorme mancha de chicle, y dice el reconocido caricaturista:
–Creo que ese era un bubble yum.
–Efrén, una vez vi que con una máquina quitaban los chicles de la banqueta calentándolos. Dejaron de usarla, no sé por qué. Pero creo que lo importante es que la gente tome conciencia de que no deben tirar sus chicles en la banqueta.
–Además hay lugares donde podrían tirarlos. Mira, allá está un bote de basura. Nada les costaría echarlo allá. Yo creo que algunos van a decir: Miren a ese loquito, ¿qué estará haciendo? Pero con dos personas que hayan visto con buenos ojos lo que hago, me doy por bien servido.
Ojalá y la gente cuando pase por aquí y nos vea trabajando, diga: “Ah, yo tiré un chicle”, o “Yo mastico chicle, lo voy a tirar en la basura”. Hay un bote en la esquina. En este camino de chicles se ve claramente al final un bote de basura. Es increíble que no lo tiren donde debe hacerse.
Vamos a continuar con esto y ojalá haya gente que, llegando a su casa, le diga a un niño o a una niña: Vimos a unos locos allá en la Plaza Grande que estaban quitando chicles. Y unos van a decir que no tenemos qué hacer, otros van a decir que estamos locos, pero los niños van a entender que es un absurdo. Y que esta ciudad es bellísima y es de todos, y que debemos cuidarla.
Yo creo que aquí recogimos una cantidad de enfermedades y bichos que no me los quiero imaginar, por eso traje mis guantes. Ponerlos en la basura es una pequeña cosa que podemos hacer fácilmente.

No lo entiendo

–Efrén, ¿por qué hacemos esto los transeúntes, por qué tiramos chicles?
–No lo entiendo, igual que no entiendo la basura en las playas y las colillas en la arena de la playa, y el plástico en el mar. No lo entiendo. Tengo amigos que me movieron la conciencia porque andan limpiando cenotes, y ni siquiera son de aquí. Es una cosa que a mí me da vergüenza y esto lo hago –insisto– por los niños y las niñas en su día. Limpiar lo que podrían mandar a limpiar tal vez los dueños de este edificio o el Ayuntamiento, pero estoy seguro de que ni ellos tienen el presupuesto para limpiar tanto. Es como si alguien va a un museo y, al ver una obra de arte, la escupe o la raya. Es exactamente lo mismo, pero no se dan cuenta. Dicen de su chicle: “Va para el suelo”, y lo mismo son plásticos, sobres o envolturas de papas fritas o lo que se coman, que un chicle. Cuando yo veo el piso éste tan bonito y lleno de chicles, es como para ponerse a llorar o al menos llenarse de vergüenza y decir: Miren, ¿cómo puede ser que hagamos esto?
–Efrén, creo que si se dejara, llegaría el momento en que tapizaría toda la banqueta el chicle.
–Sí, por eso insisto. No hay presupuesto ni personal en el Ayuntamiento ni autoridad, ni de izquierda ni de derecha que pueda contra esto. Quienes lo tienen que evitar son todas las personas que están aquí pasando.

Que lo peguen, pero con una chica

–Efrén, tal vez sería útil una campaña que dijera: “No tires tu chicle en la banqueta”, o quizá habría que poner un impuesto especial a los chicles para de allá pagar la limpieza de las banquetas…
-O, bueno, en última instancia que lo peguen, que peguen su chicle, pero que sea allá en el parque con alguna chica. Así se dice cuando alguien enamora a una chica: que está pegando su chicle, ¿no?

Trayectoria

Efrén Maldonado Betanzos es caricaturista desde 1975 y colabora con POR ESTO! desde hace alrededor de un año.
También nos dijo:
–Soy de Coatzacoalcos y viví toda mi carrera como caricaturista en la Ciudad de México. Aquí en Yucatán tengo ya 25 años. Antes colaboré principalmente en El Universal y en la revista Proceso. También colaboro haciendo televisión en el Canal 13.

 

Fuente: Por Esto

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