lunes, octubre 14

Corre y se va corriendo

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Cancionero
POR FÉLIX CORTÉS CAMARILLO

Tal vez en este cambio de naipes sea necesario establecer nuevas reglas.

Entre otras muchas razones que esgrimo para darle mis preferencias en el seguimiento de la televisión a las empresas extranjeras frente a las nuestras, si no fuera suficiente la deteriorada calidad de sus programas, bastaría el que las empresas radiodifusoras extranjeras no están obligadas —espero que nunca lo estén— a difundir a partir de mañana los casi treinta millones de inanes spots publicitarios que, como ya se ha anticipado en los informativos, carecen por todos lados de propuestas, programas, ilusiones y compromisos para lograr un mejor país para nosotros.
Me queda claro el mensaje: a ninguno de ellos le interesa una mejoría para los mexicanos, salvo que constriñan el concepto de mexicanos a la definición de sus personas, sus familias y sus allegados. El objetivo de beneficiarse por encima de la convicción de servir.

Lo cual me lleva al núcleo de este asunto que es vital para el país que es el mío y de mis descendientes, el de nuestro futuro.

Insisto, y seguiré insistiendo, que la importancia de las elecciones presidenciales de 2018, en un país eminentemente presidencialista, reside en que serán las últimas que se conduzcan con una ley electoral, un Congreso que la parió y una institución que debe implementarla, que han demostrado ser anacrónicas, ignorantes y corruptas, en ese orden.

Para evitar reclamaciones del INE, dejemos claro que la ineptitud en un cargo público de tal importancia es una forma de la corrupción.

En este país de una lotería popular cuyas figuras iniciales de su corrida son el gallito, el diablo, la dama y el catrín no nos debe confundir que nuestro sistema aleatorio de buscar gobernantes haya seguido ese patrón: el más valiente, el más cabrón y el más bonito.

El sitio de la dama lo tenemos, por lo pronto vacante, ya llegará una señora digna de ese puesto maldito, que hay muchas que reúnen los requisitos.

Pero no se trata de cambiar la carta. Hay que pedir baraja nueva. Tal vez en este cambio de naipes sea necesario establecer nuevas reglas, porque hasta ahora ha imperado una variante de la popular: verbo mata carita, diploma mata verbo y billete mata todo.

PILÓN.- Me produce una vergüenza profunda ser integrante de un país al que un simio puede poner patas arriba, y cerrar una de sus arterias viales más emblemáticas y bellas, el Paseo de la Reforma, con su mera presencia.

El mismo simio que merece la atención de los principales medios de comunicación masiva de la nación y el análisis de editorialistas, columnistas y hasta destacados caricaturistas de la misma.

Me refiero, desde luego, al chango capuchino que se pitorreó de México el otro día y que hasta donde sé, no ha sido capturado, contenido ni castigado.

Fuente: Excelsior

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