sábado, agosto 15

Debate clave

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Bitácora del director
PASCAL BELTRÁN DEL RÍO

Dudo que con los anteriores ocho debates de candidatos presidenciales haya habido tanto en juego como el que tendrá lugar en Tijuana el próximo domingo.

Personalmente, espero que el partido de vuelta de la final de la Liga MX termine en tiempo regular. Que gane Santos o Toluca, pero sin el dramático alargue.

El futbol, lo sabemos, es un enorme distractor. No digo que eso tenga algo de malo. Mal haría en decirlo, pues soy muy aficionado a ese deporte. Pero cuando uno ve futbol tiende a olvidarse de los demás. Puede haber un incendio en casa y el verdadero fanático del futbol probablemente no se entera si hay un juego en televisión cuyo resultado le importa.

Por eso, sería bueno que el partido haya terminado, que las luces del estadio Nemesio Díez estén por apagarse y el campeón del Verano 2018 esté celebrando en los vestidores para cuando comience el debate de los aspirantes presidenciales.

Los mexicanos tienen que ver este encuentro de candidatos. Especialmente los que están indecisos sobre cómo votar el próximo 1 de julio.

Creo que no habrá otra ocasión de verlos sin dobleces. Estarán ahí, todos juntos, en estado crudo, sin aderezos ni adornos, con sus virtudes y defectos a flor de piel, sin spots cantados ni frases fabricadas ni efectos de laboratorio.

Piense otra vez en el futbol. En menos de un mes estará rodando el balón en el Mundial de Rusia y seguramente habrá más atención en México para el Marruecos-Irán y el Panamá-Túnez que para el proceso electoral. Ya para qué hablamos del México-Alemania.

Lo que no reflexionen hoy los mexicanos, sobre la decisión que deberán tomar en seis semanas, para luego será tarde.

El debate de pasado mañana significará, pues, la última oportunidad de evaluar en serio a los candidatos.

La decisión que usted va a tomar —sí, usted— es tremendamente importante. El resultado de la elección no admite devoluciones. Impactará a México, para bien o para mal, a lo largo de los seis años por venir. Y sus consecuencias podrían durar lustros si no es que décadas.

No creo exagerar. México está en un parteaguas de su historia. El camino que escoja su ciudadanía lo llevará a un territorio completamente distinto del que encontraría si tomara la otra ruta. Ojalá la apuesta de futuro que cada quien haga se base en un mínimo de información y no se dé a ojo de buen cubero, con el mexicanismo espíritu de “ahí va y a ver qué pasa”.

Por eso es indispensable ver el debate. El retiro de Margarita Zavala de la contienda presidencial ha hecho que ésta resurja del tedio de la inevitabilidad y se instale en la zona de la sana incertidumbre democrática.

Con una sexta o incluso una quinta parte del electorado indeciso —el cual, justamente, estará representado en el público asistente al debate— y con la mitad del periodo formal de campaña por transcurrir, la contienda por la Presidencia de la República es una carrera abierta, que podría irse hacia un lado u otro.

Será interesante cómo enfrentan esa circunstancia los cuatro candidatos restantes, cómo responderán a las inquietudes ciudadanas y a los cuestionamientos de sus rivales.

Escuche lo que digan los aspirantes y atienda también sus silencios y omisiones. Observe cómo se paran, cómo caminan y gesticulan.

Adopte el papel que corresponde al ciudadano en una circunstancia así: usted es el jefe y anda buscando quién haga un trabajo específico.

Tiene usted a cuatro candidatos al puesto. La contratación de Fulano o Mengano depende de usted. ¿Quién le parece mejor para hacer el trabajo?

Piense quién administrará de forma más adecuada el dinero de todos y quién nos mantendrá más seguros. Ésas son las tareas más importantes —aunque no las únicas— que tendrá a su cargo el próximo Presidente.

En una hipotética o real empresa de la que usted es accionista, ¿dejaría que otros tomaran una decisión tan importante? ¿La tomaría usted sin entrevistar a los candidatos?

El debate es la entrevista. Tal vez la única o, al menos, la definitiva. Trate de atestiguarlo sin prejuicios, aunque crea que está muy seguro de su voto. Créame, las próximas generaciones le agradecerán que no haya tomado su deber ciudadano a la ligera.

Fuente: Excelsior

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