viernes, mayo 24

Defensa de El Chapo pone en tela de juicio la credibilidad de testigos de EU

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NUEVA YORK (apro).- En menos de dos horas de interrogatorio, luego de dos días y medio de respuestas a preguntas ensayadas, William Purpura, uno de los tres abogados de Joaquín El Chapo Guzmán Loera, puso en tela de juicio la credibilidad de los testimonios de los testigos del gobierno de Estados Unidos que pretenden incriminar al capo.

En la cuarta audiencia del juicio que se sigue contra el líder de una de las fracciones del Cártel de Sinaloa, su defensa desmoronó con preguntas simples y con documentos legales los argumentos del narcotraficante y testigo de la fiscalía, Jesús Reynaldo Zambada García, El Rey.

Desde el miércoles de la semana pasada, durante la segunda audiencia en el juicio que encabeza el juez Brian Cogan en la Corte Federal del Distrito Este en Brooklyn Nueva York, El Rey, a preguntas ensayadas y previamente revisadas por él con los fiscales del Departamento de Justicia, dejó en claro ante el jurado que El Chapo era el capo de capos del Cártel de Sinaloa, un narcotraficante de drogas y en especial de cocaína colombiana, además de que disponía a su voluntad sobre la vida o muerte de cientos de personas.

“Entre los años 2004 y 2008, habló usted que tenía sus propios clientes en la Ciudad de México y de que ‘mi compadre Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán’ le compraba a usted mercancía, ¿cierto?”, comenzó preguntando con tono sarcástico el abogado Purpura a El Rey.

–Así es.

— Si era usted proveedor de El Chapo Guzmán, ¿no tendría que estar usted por encima de él (en el escalafón de mando) en el Cártel de Sinaloa?, cuestionó, exhibiendo ante El Rey Zambada el organigrama con las fotografías de los capos del grupo criminal colocado sobre un atril por la misma fiscalía del gobierno de Estados Unidos.

Zambada García, hermano menor de Ismael El Mayo Zambada, otro de los líderes del Cártel de Sinaloa, no supo qué decir ante la obviedad de la conclusión del abogado y permaneció callado.

–Cómo se ve ahí, ¿bien?, machacó Purpura con sorna, colocando la foto de El Rey sobre la de El Chapo.

–Bien, yo estoy abajo de él en el aspecto de líder –contestó el interrogado, entre risas de algunos de los presentes en la sala y la cara de alegría que mostraba El Chapo, sentado entre sus otros dos abogados, Eduardo Balarezo y Jeffrey Litchman.

En la gráfica con fotografías realizada por la fiscal federal Gina Parlevechio, quien durante dos días y medio –en tres audiencias– cuestionó a El Rey, la cúpula de mando en el Cártel de Sinaloa entre los años 2004 y 2008 y de arriba hacia abajo la integraban en el siguiente orden, de izquierda a derecha: Juan José Esparragoza Moreno, El Azul; El Mayo Zambada; El Chapo Guzmán; Ignacio Nacho Coronel; Jesús Vicente Zambada Niebla, Vicentillo; El Rey; Benny Contreras, y Germán.

En la cuarta sesión ante el juez Cogan, con menos presencia de prensa y público que en las tres anteriores, y con sólo tres cámaras de televisión en la Corte en Brooklyn, El Rey tranquilamente y con firme entereza dio detalles de las presuntas actividades de narcotráfico de El Chapo en colusión con El Mayo, El Azul y Arturo Beltrán Leyva, así como de corrupción a policías y el asesinato de personas, ya fuera de enemigos o de quien amenazara a la organización y la integridad de sus líderes.

Por ejemplo, en la sesión de esta mañana, antes del receso del almuerzo, ante las preguntas de la fiscal, al parecer totalmente negociadas, Zambada García afirmó que aproximadamente en 2003 El Chapo, en colusión con Nacho Coronel, decidió llevar a cabo un plan para “matar” a José Luis Santiago Vasconcelos, entonces titular de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO, antes SIEDO), quien de acuerdo con los mismos narcotraficantes del Cártel de Sinaloa era un funcionario incorruptible de la Procuraduría General de la República.

El 4 de noviembre de 2008 falleció en un accidente aéreo en la Ciudad de México.

Como proveedor e importador de cocaína colombiana, Zambada García relató ante los 18 integrantes del jurado (13 oficiales y seis de reemplazo) que Guzmán Loera era un cliente frecuente y le enviaba la mercancía de la Ciudad de México a la ciudad de Nueva York. “Me compró como 13 toneladas de cocaína entre 2004 y 2008, a 13 mil dólares el kilo”, aseguró el hermano menor de El Mayo.

El Rey, arreglado con el gobierno de Estados Unidos para testificar contra Guzmán Loera a cambio de una posible sentencia por los delitos de narcotráfico y lavado de dinero, mucho menor a cadena perpetua, declaró que El Chapo fue el autor intelectual de otros criminales o policías bajo el mando de las organizaciones delincuenciales de esos años.

Entre ellos mencionó a Rodolfo Carrillo Fuentes, hermano de Amado y Vicente, líderes del Cártel de Sinaloa; Ramón Arellano Félix, del Cártel de Tijuana; el gatillero y lugarteniente de éstos, Juan Pablo Ledezma El JL; Julio Beltrán, pistolero de Arturo Beltrán Leyva, y Rafita, otro sicario del mismo capo y de varios comandantes de la SEIDO que también trabajaban para el criminal que operaba la plaza de Guerrero y Morelos.

Además de estos crímenes, algunos de los cuales expuso a detalle, contó cómo su hermano y él ayudaron a Guzmán Loera a salir de Jalisco en helicóptero para irse a un rancho a Villas del Carbón, Estado de México, luego de su fuga del penal de alta seguridad de Puente Grande, el 19 de enero de 2001.

Sonriente, con soltura y cinismo, Purpura utilizó, para poner en entredicho las afirmaciones de El Rey, la transcripción de sus declaraciones en 2014 y 2015, luego haber sido extraditado a Estados Unidos en abril de 2012, tras su detención en 2008 en la Ciudad de México, cuando decidió cooperar con la Administración para el Control de Drogas (DEA) y la Oficina Federal de Investigación (FBI) para incriminar a El Chapo.

El abogado le recordó que en su declaración ante los fiscales se le olvido contar “un pequeño detalle sobre la fuga de El Chapo”, lo del helicóptero del que precisamente se encargó de conseguir las coordenadas para el gran escape.

“El helicóptero existió… tal vez se me olvidó mencionarlo”, respondió, nervioso, ante las preguntas incisivas del abogado de su exsocio.

En este tenor, Purpura manifestó que era su palabra la que se debía tomar como “verdad”, ya que Patricio, el presunto piloto de ese helicóptero, murió tres años después de aquel supuesto trabajo que prestó.

Lo mismo ocurrió con el caso de los asesinatos de Rodolfo Carrillo Fuentes, Julio Beltrán, Ramón y por lo menos tres policías federales y estatales que fueron eliminados. De éstos, Purpura le dijo que, en su declaración para arreglarse con el Departamento de Justicia, “usted nunca mencionó ‘a mi compadre ‘Chapo’ Guzmán’”.

El Rey Zambada sólo movió la cabeza en varias ocasiones, luego de que la traductora le leyó la transcripción de sus declaraciones escritas en inglés, de las cuales no tiene acceso la prensa ni el público.

El interrogatorio de la defensa de El Chapo al tercer testigo de la fiscalía rompió este lunes el tedio del que ya se había apoderado el juicio.

El Chapo Guzmán estaba relajado, sonriente y platicador con sus abogados. Vestía traje gris, camisa color malva, corbata guinda y zapatos cafés. El acusado insistía en intercambiar miradas con su esposa Emma Coronel, quien otra vez regresó a la sala con pantalón de mezclilla negro, blusa blanca, saco y zapatos de tacón de aguja negros.

Incluso, cuando el juez determinó el receso para el almuerzo, El Chapo aprovechó el instante para juntar los labios (parar la trompita, como decía Pedro Infante) y lanzarle un beso a su joven esposa, quien le respondió de la misma forma. Cuando se dio por terminada la audiencia de este lunes, El Chapo, contento, y mirando en dirección a Emma, levantó el dedo pulgar de la mano derecha en señal de victoria.

Este martes continuará el interrogatorio de Purpura a El Rey, aun cuando ya se sabe que la fiscalía tiene listo a otro testigo.

El miércoles 21 se suspenderán las audiencias por la celebración del Día de Acción de Gracias en Estados Unidos. Se reanudarán hasta el lunes 26 a las 9:30 de la mañana.

Fuente: Proceso

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