jueves, noviembre 26

Denuncian presunta complicidad entre policías de Progreso y delincuentes para cometer ilícitos

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Señalan posible complicidad entre delincuentes y la Policía de Progreso para cometer robos en la zona veraniega.— “La justicia no sirve, no te hacen caso ni te resuelven nada”

La residente E.R.P.P. es una víctima más del vandalismo y la delincuencia local que empieza a sentar sus reales en la zona veraniega del corredor Chicxulub Puerto-Uaymitún, en el municipio de Progreso. Por lo que ve y escucha, la inseguridad empieza a salirse de control.

“He sido afectada por pintas de grafitis… me vandalizaron mi fachada”, cuenta en una entrevista. “Esto que viene pasando en la playa es de hace tiempo porque no hay buenos servicios públicos ni vigilancia policíaca”.

“Antes había robos menores por descuido, robaban televisores en casas que quedaban desocupadas después de las temporadas de verano”, apunta. “Pero hoy entran a robar cuando uno está durmiendo y es muy peligroso, pues si te topas con los ladrones dentro de la casa no se sabe cómo podrían reaccionar ellos o uno mismo para defender sus bienes”.

La residente recuerda que hace un tiempo le robaron un televisor que dejó en la casa y detuvieron a un menor de edad como presunto responsable, pero no lo llevaron a la cárcel ni lo consignaron al Ministerio Público.

Entonces empezó la especulación sobre el involucramiento de la Policía Municipal con los delincuentes porque no corregían absolutamente nada, como hasta hoy en que varias luminarias públicas están quemadas, no hay vigilancia efectiva y menos justicia.

Blanco de hurtos

Esa impunidad que se ha creado en el corredor Chicxulub Puerto-Uaymitún ha propiciado que semana a semana aumente el número de robos y tanto vándalos como ladrones vean este lugar como idóneo para cometer sus ilícitos.

En una sola semana hubo tres robos al hilo en este corredor vacacional progreseño, aunque hay otros más que no denuncian ni se comentan entre los residentes. Ya grabaron con videocámaras a sujetos que entraron a robar y otro grupo juvenil que anda por las noches a las orillas de las playas, pero nadie les dice nada ni los investigan.

“Ya entran en las casas con gente durmiendo. Déjate de lo material que pudieran llevarse, gracias a Dios que no se despiertan a quienes roban, si los ven, no sabemos cómo van a reaccionar, puede haber agresiones y violencia”, señala. “Los ladrones no son menores de edad, claramente se ve en los vídeos que son gente mayor de edad”.

E.R.P.P. cree que esta zona veraniega de Progreso ya es centro de operaciones de tres tipos de delincuencia: los jóvenes que realizan pintas de grafitis que dejan su huella con el número 787 para marcar su territorio pandilleril, los ladrones que entran en las casas (deshabitadas o no) para robar aparatos electrónicos de valor, y otro grupo de delincuencia más organizada que espía a los propietarios para que en el momento oportuno vacíen la casa.

Crimen complejo

Un caso muy sonado que ocurrió recientemente en esta zona veraniega fue el robo a una pareja originaria de Nuevo León que rentó una casa, la equipó con todas las comodidades y un día en que no estuvieron llegó un camión y se llevó todos los electrónicos y muebles.

En su opinión, un robo de esta magnitud no lo comete cualquier persona ni es casual, esto refuerza la sospecha de la posible complicidad de los cuerpos policíacos porque hay retenes con motivo de la pandemia de coronavirus y hay vigilancia por el toque de queda, que prohíbe transitar o estar en la calle después de las 11:30 de la noche, pero esos ladrones cometieron el delito con toda tranquilidad y la protección que da el desinterés por el trabajo policíaco.

“A mí me grafitearon mi propiedad el 27 de septiembre pasado, ¿qué hacía la gente no esencial en la calle?”, se preguntó. “El día 19 hubo otros robos y a una familia le llevaron todo, hasta la estufa nueva. Los afectados son unos regiomontanos que vinieron por la tranquilidad y seguridad de Yucatán, pero ya vieron que no es como pregonan las autoridades”.

“Ese robo fue de un estilo diferente porque pegaron con un camión y se llevaron todo. Se imagina qué piensan ahora esas personas, se imagina qué es lo que contarán de Yucatán en su ciudad y estado. La justicia de aquí ni te sirve para reponer algo, no te hacen caso ni te resuelven nada”.

Se le pregunta el papel que tienen los vigilantes privados de las residencias de playa que no son capaces de proteger a sus patrones y las propiedades.

Con sinceridad, E.R.P.P. dice que son veladores nada más, no tienen capacitación ni entrenamiento y no todos son leales y honestos con sus patrones que les pagan su sueldo. Aclara que no quiere decir que todos ellos tengan algo que ver en esta cadena de robos, pero sí pueden darse casos de sobornos o complicidad para que los delincuentes actúen con libertad, confianza y suficiente tiempo para concretar los hurtos.

Servicio deficiente

Igual que otros residentes del corredor vacacional, la entrevistada se queja de las lámparas apagadas porque forman una “boca de lobo” para cualquier persona, la falta de focos crea tramos de oscuridad, que aunado a la falta de patrullajes continuos o de una buena estrategia de seguridad pone en riesgo a las personas.

Desde abril pasado, señala, varios residentes ya reportaron que las lámparas están apagadas y hasta hoy nadie del Ayuntamiento las repara o cambia.

“Cuando lo reportas, muy amablemente te toman el reporte y tus datos, pero no resuelven el problema”, enfatiza. “Progreso está cayendo fuera de control en materia de delincuencia local y eso está espantando a jubilados canadienses, dejarán de venir por esta inseguridad cada vez más creciente”.

“Los extranjeros que vienen a pasar la temporada invernal a Progreso son una fuente de ingresos muy importante para los comercios del puerto, le dan trabajo a la gente, y esto que está pasando es terrible”.

Los residentes sospechan que los ladrones y los vándalos que operan en esta zona vacacional no son de Chicxulub como se piensa, porque en esta comisaría todos se conocen y no se atreverían a dañar embarcaciones de los pescadores porque los buscarían y les reclamarían.

De los pandilleros que están marcando su territorio con sus símbolos y el número 787 cree que son unos chavos que llegan con motivo de fiestas y tienen su principal refugio en un hotel conocido como Villas Yesenia.

Fuente: Diario de Yucatán

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