jueves, junio 27

Diferencias entre epistemología y gnoseología o sobre los tipos de conocimiento y la verdadera sabiduría

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De acuerdo con Bueno, G. (2012), la distinción entre gnoseología y epistemología es difícil de establecer, pues se utilizan como sinónimos en múltiples ocasiones. Epistemología se traduce como conocimiento, inteligencia, destreza, y Gnoseología, también se puede traducir como conocimiento, conocimiento superior. Desde el punto de vista etimológico estos términos son muy afines, e incorporados al lenguaje académico, a la tradición filosófica o científica, se utilizan de distintas formas según el contexto en el que se utilicen. Epistemología tiene el sentido de teoría del conocimiento, por ejemplo, cuando Platón habla de la episteme, entendido como el conocimiento de lo estético, por fe, conceptual, un saber definitivo, el cual se opone a un grupo de saberes llamado doxa o el conocimiento propio de la opinión, incierto. Fuera de Platón, los términos episteme y gnoseología, se interpretan de formas diversas. Una de las acepciones más recientes de la episteme, pueden ser las episteme de Foaucoult, donde se entienden como una especie de estructuras arqueológicas inconscientes que están por detrás de las grandes unidades históricas, del conocimiento, la episteme clásica, o neoclásica. La palabra gnoseología, puede remitirnos por su parte, al siglo XVII a las sectas que fomentó por ejemplo Ciro II, que no son propiamente filosóficas, sino mitológicas, las cuales mantenían la idea de un conocimiento “superior” llamado gnosis.

Epistemología y gnoseología, suelen ser palabras intercambiables por la denominación “Teoría del conocimiento”, que fue un sintagma utilizado en la época kantiana por Ernesto Reinhold, quien la designó así. Teoría del conocimiento es una expresión muy irregular, ya que es proclive de diversas interpretaciones, ya que el conocimiento per se es un concepto ambiguo, de modo tal que, la equivalencia de la epistemología y gnoseología, en la teoría del conocimiento, no puede definirse con precisión, al ser expresiones generales. Son más bien expresiones vinculadas al sistema filosófico propuesto por Kant, y utilizadas posteriormente por otros pensadores con la finalidad de darle un sentido y clasificación a todo aquello que “perteneciera” al mundo del saber. Un punto relevante aunque tradicional, es la distinción entre el conocimiento sensible y el intelectual, pero más importante es aún, la distinción entre el conocimiento animal y el propio del ser humano, que el mismo ha denominado como “racional”. Desde la epistemología genética de Piaget, hasta la epistemología biológica, que en cierto modo son una reacción contra el cartesianismo, es decir contra la idea instaurada por Gómez Pereira, de que “los animales no conocen”, que son “máquinas o autómatas”, lo cual es falso y hay innumerables investigaciones al respecto. Los animales sí son capaces de conocer, aunque de una forma distinta a la de los seres humanos.

La distinción entre epistemología y gnoseología, aunque puede ser en cierto modo arbitrario, se funda principalmente en que la primera tiene que ver con el conocimiento como acepción o propiedad o actividad de algunos sujetos, seres humanos o animales, lo cual múltiples etólogos corroborarían. Estos conocimientos, podrían ser válidos, fenoménicos o efectivos. Epistemología, se centra más en los conocimientos etológicos o psicológicos. La razón de llamar epistemología a estos estudios o perspectivas, es que el término episteme tiene una orientación más hacia la inteligencia, el conocer de un sujeto, mientras que gnosis está como “por encima” de los sujetos humanos. Hay una cierta propensión a entender la epistemología en asociación a la psicología, como por ejemplo Piaget cuando utiliza la denominación de epistemología genética. La epistemología como teoría del conocimiento, precisamente por dirigirse al sujeto, entendiendo al conocimiento como aquello que se da entre un sujeto cognoscente y un sujeto u objeto, vuelve a tener tintes psicológicos también. En el ámbito del derecho, por ejemplo, existen múltiples tipos de conocimientos que son de gran utilidad para el ejercicio jurídico, como por ejemplo, el conocimiento empírico, científico y filosófico. Cada uno de ellos, es relevante, y presenta distintos grados de complejidad en su manejo y aplicación. La epistemología, se enfoca en estudiar el conocimiento científico, siendo este aspecto el punto clave que la distingue de la gnoseología, de modo tal, que al relacionar la epistemología con el derecho, nos encaminamos al campo de la ciencia jurídica.

En este sentido, considero relevante realizar un breve repaso general de los distintos tipos de objetos y conocimiento que existen, con la finalidad de vislumbrar el valor que tienen sobre todo, en la aplicabilidad de las características del conocimiento científico al estudio del derecho. En cuanto a tipos de objetos cognoscibles, de acuerdo con Rodríguez, B. (2006), se encuentran los reales, los ideales o entidades de razón y los culturales. Los objetos reales, existen con independencia del sujeto que los piensa, y ocupan un lugar en el tiempo y el espacio. Tienen existencia fenoménica, corpórea, es decir, pueden captarse mediante los sentidos. Algunos ejemplos son la Flora, la fauna, y los minerales. Los objetos  ideales o entidades de razón, son los que no ocupan un lugar en el tiempo y/o en el espacio, no es posible aprehenderlos mediante los sentidos y exigen la intervención del pensamiento para captarlos. Algunos ejemplos de ellos son las figuras geométricas, números, valores como justicia, prudencia, belleza, bondad. Por último, los objetos culturales, se caracterizan por poseer un sustrato material y una significación espiritual o sentido.  Ejemplos de ellos son las estatuas, pinturas, melodías, utensilios, y todo aquel objeto donde anida una proyección humana que en ellos se expresa.

Por otra parte, de acuerdo con el mismo autor, existen múltiples tipos de conocimiento, mismos que se definen, describen y ejemplifican a continuación. El conocimiento cotidiano, también conocido como primario, vulgar, espontáneo o pragmático, es el que se adquiere mediante la experiencia cotidiana como su nombre lo indica. Se conoce de forma natural, por el solo hecho de existir, adquiriéndose conocimientos por el contacto con el medio físico, social y cultural. Es un conocer que se basa en la experiencia y se orienta a fines prácticos, a fin de entender para qué sirven o cómo funcionan las cosas, así como satisfacer las necesidades primarias de la vida. Es un conocimiento fragmentario, particular y concreto, que se limita a lo comprobable por los sentidos. Tiene como características ser superficial, no sistemático y acrítico. Pertenecen a este tipo, todas las afirmaciones provenientes de frases del tipo: “porque me lo dijeron”, “porque todo el mundo piensa así”, “porque lo vi”, “porque lo leí”. Por ejemplo: todos los hombres son infieles por naturaleza, eso lo saben todos. Lo anterior es una falacia, que puede ser producto de una mala experiencia personal, que luego se vuelve un error de generalización excesiva, o una creencia producto de un conocimiento cotidiano y no necesariamente verdadero.

         Otro tipo de conocimiento es el racional, el cual también se denomina también crítico o reflexivo. Utiliza la razón como instrumento de la apertura al mundo, como medio para su relación con él. Presenta las características de ser crítico (porque valora lo que se conoce) y sistemático (los conocimientos se adquieren y ordenan mediante métodos), a diferencia del conocimiento cotidiano. Este tipo de conocimiento puede ser: empírico-técnico, científico o filosófico. Un ejemplo es la teoría aristótelica sobre la lógica, los silogismos, y todos los procesos relacionados con el pensamiento, abordados desde una metodología racional, crítica y reflexiva. El conocimiento empírico técnico, es por su parte, un saber práctico, que se traduce en el uso adecuado a través de la experiencia, de los instrumentos o reglas útiles, con el fin de realizar un quehacer determinado y accionar sobre la realidad. Por ejemplo, aprender el oficio de carpintero, a raíz de haber reparado algunos muebles o puertas en el hogar. De esta forma la experiencia, genera un saber técnico, que se convierte en oficio posteriormente. Un conocimiento muy afamado, es el científico, que se obtiene tras utilizar procedimientos metódicos rigurosos, e implica razonar con lógica, una búsqueda intencionada, delimitar el o los problemas, formular hipótesis y los medios para comprobar las mismas. Si bien es cierto, que este tipo de conocimiento pretende ordenar de forma sistemática todos los conocimientos adquiridos sobre un determinado ámbito de la realidad, debe considerarse que la ciencia no es la única forma de acceder al conocimiento, sino una de varias. Por ejemplo, el conocimiento obtenido por Gregorio Mendel, sobre las leyes de la herencia, tras realizar una serie de experimentos con chícharos, siguiendo una metodología definida, sistematizada y replicable. Los paradigmas científicos se basan en conocimientos científicos, los cuales van transformándose, así como cambiando los paradigmas que los cobijan. Un ejemplo de ello, es la teoría de la relatividad propuesta por Einstein, que derrocó a la teoría de la física clásica de Newton en varios puntos. Sin embargo, la propuesta sobre la relatividad ha sido desbancada en fechas recientes por la física cuántica, y así por consiguiente. Aunque se conserven algunos conocimientos científicos, se incorporan nuevos, y ello produce un dinamismo que se puede constatar a lo largo de la historia de la humanidad y su incursión en lo que ha denominado ciencia.

Otra forma de conocimiento es el filosófico, el cual tiene un carácter explicativo del sentido y destino del ser humano, así como una pretensíon de índole universal, pues busca una visión total de lo que existe. Por ejemplo, el conocimiento producido a través de la mayéutica socrática como método para acceder a la verdad, o el método cartesiano “dudar para no dudar”, tomando como fundamento el cogito ergo sum. También existe el conocimiento emocional, siendo las emociones un tipo especial de conocimiento. En toda emoción, el ser humano “sabe” algo que no podría conocer sin el auxilio de ella, algo que no podría saber por alguna otra emoción o esfuerzo del intelecto. Si se considera que la naturaleza emocional del ser humano, posee un contenido propio, como por ejemplo, estar al servicio de la vida y no del conocimiento, no se comprenderá jamás su verdadero contenido y significación. Las emociones sirven al conocimiento, pues existen cosas y relaciones que pueden conocerse solo a través de ellas, y exclusivamente por medio de una emoción determinada. Algunos ejemplos son las emociones que generan el conocimiento de la destrucción, la separación y la discordia, tales como el odio, temor, celos, orgullo, envidia, y las emociones que producen el conocimiento de construcción, armonía, y concordia, como el amor, simpatía, amistad, compasión, generosidad. Así mismo existe el conocimiento sapiencial, el cual Alejandro Llano en Rodríguez, B. (2006), define como el saber de las últimas causas y ordenación de la vida. Para Llano, el conocimiento en sí mismo, no hace bueno al ser humano, lo que lo hace bueno es la voluntad buena que procede del conocimiento bueno. En este sentido, el conocimiento sapiencial es directamente moral y tiene una gran importancia porque dirige el resto del saber. El recto saber requiere disposiciones morales que ayudan al acto de la buena voluntad. Se conoce mejor lo que se ama porque el amor connaturaliza al que ama con lo amado. Lo propio de la sabiduría es dar un juicio, y no sólo percibir. El juicio expresa el conocimiento, propio de quien ha vivido una virtud, aunque no la haya estudiado científicamente. Este tipo de conocimiento, conlleva una libertad bien ordenada y ejercida. Por ejemplo, conocer y amar son las actividades vitales, más características del ser humano, e íntimamente relacionadas con el conocimiento sapiencial, o sabiduría. Puede alguien conocer o amar sin sabiduría, pero ello conlleva estragos en la propia vida. Cuando la sabiduría toma las riendas, los resultados son constructivos para uno mismo y los demás.

De igual forma, de acuerdo con Anita Woolfolk en Rodríguez, B. (2006), hay otro tipo de conocimientos llamado descriptivos o declarativos, que Woolfolk define como aquellos “que” sabemos, a las informaciones o nociones que poseemos, que se utilizan de forma directa o repetitiva, es decir, sin alterar su estructura. Se enfocan en hechos muy específicos, generalidades, eventos personales o reglas. Con frecuencia se subestiman por considerarse un aprendizaje mecánico o mnemotécnico. Sin embargo, son una pieza fundamental de los procesos mentales complejos. Ejemplos de ellos son las fechas, nombres, acontecimientos, teorías, opiniones, pasajes, reglas, etcétera. Los conocimientos de procedimiento o procedurales, por su lado, hacen referencia al “cómo” hacer algo, y un ejemplo, son las capacidades para solucionar problemas a través de la elaboración de hipótesis, uso de reglas de deducción, y aplicación de las informaciones. Los conocimientos contextuales o condicionales, aluden al saber “dónde y por qué”, con la finalidad de aplicar los conocimientos declarativo y de procedimiento. Este tipo de conocimientos también se conoce con el nombre de estrategias cognoscitivas, debido a que se requiere de su aplicación en un gran número de áreas del saber determinadas. Ellos nos sirven para saber cuándo aplicar un procedimiento y cuándo otro, en matemáticas por ejemplo, en la resolución de una gráfica de funciones, en la que se ha determinado previamente que se trata de una parábola, y por ende, no se puede aplicar lo mismo que si fuese una hipérbola, elipse o circunferencia. En el ámbito jurídico, sirve por ejemplo, para situar el caso dentro del ámbito penal, familiar, mercantil, y dependiendo del contexto, elegir dónde y con qué, se aplican los conocimientos o estrategias cognoscitivas asociadas. Por último, de acuerdo con la actividad humana los conocimientos se clasifican en teóricos o especulativos y prácticos, existiendo entre ellos una relación de continuidad o correspondencia. Los conocimientos teóricos, se enfocan en el conocimiento de la verdad, de la naturaleza en su realidad. Tienen la característica de conocer por el conocer mismo, así como saber la verdad por la satisfacción que ello produce. Por ejemplo, la teoría de las cuerdas, de la relatividad, del derecho penal, entre otras. Los conocimientos prácticos, en cambio, se refieren a la realización de un bien, del bien obrar. Dirigen el obrar humano. Un ejemplo sería saber cómo aplicar la teoría del derecho penal en un caso específico, con la finalidad de defender a la víctima de un delito.

Considerando lo anterior, y centrándonos de forma específica en el tipo de conocimiento denominado como científico, este tiene una gran aplicabilidad en el estudio del derecho, por ejemplo. De acuerdo con Bunge, M. (1989), “la ciencia es útil en la medida en que se la emplea para la edificación de concepciones del mundo que concuerdan con los hechos, y en la medida que crea el hábito de adoptar una actitud de libre y valiente examen en que acostumbra a la gente a poner a prueba sus afirmaciones y a argumentar correctamente”. En este sentido, se pone de manifiesto el invaluable aporte que la metodología científica brinda a lo jurídico, al proveerle de una mayor solidez proveniente de las distintas ciencias que apuntalan su ejercicio, ya que el derecho se nutre de lo interdisciplinario. Las características de la ciencia que menciona el autor, tales como: el ser fáctica, trascender los hechos (descartándolos, produciendo nuevos y explicándolos), ser analítica y especializada, clara y precisa, así como sistemática, general, legal, predictiva y abierta, son bastiones que generan una fortaleza metodológica en la búsqueda de verdades jurídicas, aunque no es la única forma de lograrlas, ya que la ciencia con sus respectivos paradigmas, y sin importar su ámbito de acción, cambia de manera constante, lo cual puede corroborarse a través de un conjunto de saberes, a mi criterio, en suma interesante, como lo es la historia de la ciencia. La ciencia no lo es todo, aunque ayuda al ser humano a entender la realidad que alcanza a percibir, desde mi punto de vista, de forma viciada e imperfecta. Lo que yo concibo con respecto al conocimiento, es que Dios en su infinita sabiduría y soberanía, trasciende el terreno de lo científico, y permite que el ser humano “crea” acercarse a una comprensión de lo que Él creó, el diseñador por excelencia, a sabiendas que este acercamiento será siempre parcial, y lo hace para quizá darle una lección de humildad. La verdadera sabiduría, siempre va de la mano con la humildad suficiente para reconocer que solo sabemos que no sabemos nada.

Referencias

Bueno, G. (2012). Diferencias entre gnoseología y epistemología. Filosofía en Español. Recuperado el 23 de agosto de 2018 de: http://www.filosofia.org/filomat/df173.htm

Bunge, M. (1989). La ciencia: su método y su filosofía. Ediciones Siglo Veinte: Buenos Aires. Pp. 9-34. Recuperado el 23 de agosto de 2018 de: http://132.247.132.129/p1471/moodle/pluginfile.php/512/mod_resource/content/24/Meto_juridica/U_3/archivos/bunge_u3a2_9-34.pdf

Rodríguez, B. (2006). Metodología jurídica. Capítulo II. Teoría del conocimiento y el conocimiento del derecho. Pp. 50-65. Recuperado el 23 de agosto de 2018 de: http://132.247.132.129/p1471/moodle/pluginfile.php/512/mod_resource/content/24/Meto_juridica/U_3/archivos/rodriguez_u3a1_50-65.pdf

Autora: Deyanira Trinidad Álvarez Villajuana.

Licenciada en Psicología, UADY (Cédula: 5157846). Maestra en Psicología y Orientación Vocacional, ENSY (Cédula: 09887047). Doctorado en Ciencias de la Educación, Universidad Anáhuac Mayab (en curso). Estudiante de la Licenciatura en Derecho UNAM. Perito en Psicología, certificada por el Tribunal Superior de Justicia y el Consejo de la Judicatura del Poder Judicial del Estado de Yucatán (Clave: RP249/2018). www.deyav.com

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