jueves, diciembre 5

Dos años

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Por Yuriria Sierra

Que si se cuadruplica el secuestro, que si se elevan los homicidios, que si aumenta el robo, que más extorsiones respecto a tal periodo, que si los años más violentos, que si los más inseguros. Estamos sumergidos en estadísticas que parecen retratarnos una realidad que, sin duda, nos duele y no se puede negar, pero con ello corremos el riesgo de no estar dimensionando adecuadamente los tiempos que vivimos y ahí puede estar el primer gran error de las estrategias de seguridad que se han implementado en los últimos años.

“¿Cuánto del aumento en la incidencia delictiva del que habla la prensa se debe a que hoy no se maquillan ni alteran las denuncias? ¿Qué porcentaje de los incrementos en la incidencia delictiva reportados por la prensa se debe sólo a un aumento en el número de denuncias? ¿Cómo determinar cuando un aumento en el número de denuncias significa un incremento en la incidencia delictiva?”, escribió el martes en Reforma Ana Laura Magaloni, presidenta de la Comisión Técnica de la transición de la PGR a la Fiscalía General de la República. En entrevista para Imagen Radio, la también investigadora de la división de Estudios Jurídicos del CIDE, me detalló el porqué es importante responder estas preguntas:

“Se dice incidencia delictiva a partir de los delitos denunciados, pero en realidad denunciamos uno de cada nueve delitos que se cometen, según reporte del Inegi. Que nuestra referencia sean las carpetas de investigación, nos da poca posibilidad de saber bien qué es lo que está pasando en términos de seguridad. En la administración pasada se alteraron cifras hasta en un 40%, ya pronto va a salir un estudio en donde se va a especificar qué pasó, lo elaboró la ONU (…) Cuando salen las notas de 550% más secuestros, 800% más robos, eso no es cierto, porque el punto de referencia con el que lo estamos contrastando, en la administración anterior, es un año donde se alteró dramáticamente la estadística con la que estamos midiendo la incidencia delictiva…”, me explicó.

Para Magaloni, el cambio de la administración modifica el comportamiento delictivo, pues hay ausencia de acuerdos en la sombra entre bandas criminales y autoridades, lo que altera la incidencia en determinadas zonas y con delitos específicos, como lo hemos visto en la CDMX con los homicidios.

“Nos ha faltado mucha inteligencia a ras de tierra, tenemos que recuperar la capacidad de saber, sobre todo en las colonias y en los barrios más violentos: quién es quién, dónde suceden las cosas, cuántas bandas, dónde se vende droga, dónde hay venta de armas, dónde pueden estar. Esa inteligencia de lo que pasa manzana por manzana (…) se ha ido diluyendo a lo largo del tiempo y creo que con un fenómeno tan complejo, tenemos que recobrar la capacidad de saber qué pasa en el territorio. He trabajado en los últimos años en barrios de Iztapalapa y sí me doy cuenta cómo el Estado se retiró de ahí, y hay cosas que se podrían resolver con presencia policiaca (…) Eso va deteriorando muy permanentemente la vida colectiva y genera espacios enormes a la violencia…”.

Como parte de su trabajo en la transición de PGR a FGR, Magaloni me explicó que para contrarrestar lo detallado anteriormente ponen énfasis en una policía más ordenada y menos infiltrada, con procesos más claros, con control de lo que hacen las personas: “Así, muy posiblemente podamos construir estas instituciones que tanto hacen falta para tener certeza de que la delincuencia será excesiva, tenemos que reducirla (…) La información que tienen los policías es impresionante, ellos sí conocen los barrios, pero nadie se las ha pedido —la información— no se ha esquematizado, no se han hecho estrategias en función de ello (…) Esa debe ser la inteligencia que nos permita tener estrategias más puntuales…”, me agregó.

“No hay ninguna solución rápida. Es muy fácil que suba y muy difícil bajarla. El primer objetivo es frenarla (…) Yo espero que en dos años podamos decir que las cosas están mejor…”. Atrapados en las estadísticas, sólo resta espera a que esta nueva estrategia de seguridad que se diseña cumpla su objetivo: frenar, luego bajar. Dos años.
Fuente: Excelsior

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