sábado, noviembre 16

El debut de Martino en el Azteca medirá al ‘grito prohibido’

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La última vez que Gerardo Martino dirigió un partido en el Estadio Azteca, comandaba a la Selección de Paraguay. Fue el 5 de junio de 2007, en las vísperas de la Copa América de Venezuela. Aquella desahuciada noche, los guaraníes triunfaron 0-1 con tanto de Óscar ‘Tacuara’ Cardozo; fue la primera derrota que sufría el Tri en el Coloso de Santa Úrsula desde el ‘Aztecazo’ de 2001. Hoy, ‘Tata’ está del otro lado de la trinchera. Víctima y victimario. Suya es la causa de la Selección Mexicana, con sus asegunes, sus triquiñuelas, sus peculiaridades geográficas. Aunque sea el mismo Martino quien reniegue de ellas. Todo, con el ‘grito homofóbico’ en la mira.

Después de una eterna gira artística por Estados Unidos (amistosos mercantiles y Copa Oro mediante), la Selección pasó por Toluca y Bermudas antes de recalar en el Coloso de Santa Úrsula, su otrora hogar inquebrantable al que no vuelve desde el 2 de junio de 2018. La coincidencia atesora: México consiguió el pasaje al Mundial de Rusia en su último encuentro oficial en el Azteca; Panamá, precisamente, fue el rival, 1-0 gracias al certero testarazo de Hirving Lozano, quién si no. La llave quizá se barra y necesite aceite; siempre pasa. El escenario no estará preparado para aquellas veladas de gala (dígase, eliminatoria), pero la ocasión tampoco demerita. Es un partido oficial, bien que mal. Aunque es cierto que el Azteca es más territorio hostil que un hogar propio, como lo demostró la administración-Osorio, la reputación de Martino se ha mantenido intacta pese al varapalo de Dallas frente a Argentina. No tiene por qué haber referendum en torno a su figura. El partido tiene exigencia competitiva, pero no una advertencia de por medio. Seis años sin derrota en el Coloso (desde el ‘Aztecazo Parte II’ que tramó Honduras en 2013) es la única petición que deberá atender Martino en su noche de debut en la que podrá ser su dulce morada o su descenso a los infiernos.

Panamá opositará, acaudillado por un viejo conocido de estas latitudes. Américo Gallego llevó a los cielos a los Diablos Rojos (una Liga y un Campeón de Campeones en Toluca) e, incluso, integró la lista de finalistas para tomar la vacante que dejó Ricardo La Volpe en 2006. El ganador del reality, que incluyó entrevistas televisivas a los involucrados un día previo a ‘la decisión’, fue Hugo Sánchez, y Gallego volvió a Argentina donde no vivió mejores experiencias: la hinchada de Independiente lo señala como uno de los artífices del descenso en 2013 y de Newell’s hizo las maletas lastrado por una seguidilla de derrotas que dejó comprometido a ‘La Lepra’. A Martino, con quien comparte un lugar en las virtinas del Estadio Marcelo Bielsa, no le habrá caído en gracia. Duelo fraterno con un ojo al rabillo en la conducta de la afición, condicionada por sus proclamas ‘homofóbicas’ (según la FIFA). El protocolo de la Federación Internacional medirá los exhaustivos esfuerzos comunicativos de la FMF: si la afición increpa a Calderón, el partido podría proceder a la cancelación definitiva, si la actitud se repite en tres ocasiones. Los árbitros ya están facultados para ello. Los aficionados búlgaros ya presenciaron la política de no-tolerancia. Todos están avisados.

La sangre nueva
Martino optará por continuar con el proyecto de rejuvenecimiento de la Selección, la única forma en la que encontró sentido a la ‘amateur’ Liga de Naciones. “Nos gustaría jugar contra otros equipos”, ha repetido hasta el hartazgo, y cuadrará la obligación consabida de triunfar en cada presentación concacafkiana con el ansia de potenciar el joven talento con miras a la única cita que tiene agendada el fútbol mexicano en dos años: los Juegos Olímpicos de Tokio. Repetirían Calderón, Macías, Antuna, Córdova, Rodríguez, y quizá Herrera y Lozano se asomen tras el entretiempo. Claro, por si el partido enturbia repentinamente. O por el cerrojo de Gallego, o por la proliferación del ‘grito prohibido’. La noche podría ser larga.

Fuente: as.com

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