martes, agosto 20

El elefante en el presupuesto

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No encontré referencia alguna a la cancelación del aeropuerto de Texcoco en los Criterios Generales de Política Económica para el año 2019 (https://bit.ly/2zWETYc), sin embargo, su presencia está en todo el documento, como la de un elefante en una habitación.

CARLOS ELIZONDO MAYER-SERRA

Analizando la volatilidad de los mercados financieros nacionales, el texto concluye: “al 30 de noviembre, la moneda nacional volvió a registrar una depreciación de 9.3% con respecto al cierre de septiembre, por el cambio en la percepción de riesgo mencionado” (p.39). La razón la conocemos todos: la cancelación del aeropuerto de Texcoco. No se menciona el hecho.

Después de alabar a las afores y su contribución al ahorro nacional, el texto concluye: “la volatilidad registrada en octubre y noviembre de 2018 provocó una minusvalía de dicho bimestre de 167.1 mmp…” (p.46). La razón la conocemos todos: la cancelación del aeropuerto de Texcoco. No se menciona el hecho.

Para 2019, el servicio de la deuda se incrementa en 76.6 miles de millones de pesos, “derivado de la prevalencia estimada de tasas de interés más altas en promedio durante el año” (p. 84). La razón más importante de esa subida y de la devaluación del peso que encarece la deuda denominada en dólares es la cancelación del aeropuerto de Texcoco. Esto, sin contabilizar el dejar enterrados unos 60 mil millones de pesos ya pagados más unos 40 mil de gastos ya efectuados. Como referencia, el programa más caro en el presupuesto de la nueva administración, la pensión para adultos mayores, cuesta 100 mil millones de pesos.

López Obrador podría tener un margen de maniobra presupuestal mayor si cambiara de opinión y continuara con el aeropuerto de Texcoco. El martes seguía insistiendo en que será Santa Lucía, pero se vale soñar.

Podría argumentar que ya advirtió que la obra se puede terminar sin requerir recursos presupuestales del gobierno federal, que se va a hacer de forma más económica, o que lo va a concesionar a la IP. Puede pedirle permiso a la madre tierra y olvidar así el problema de los patos del lago de Texcoco. Puede hacer lo que quiera. Suyo es el poder. Suya también es la responsabilidad.

Lo del sabio pueblo se lo puede ahorrar. La consulta del aeropuerto estuvo amañada. Las encuestas serias indicaban que la mayoría de los mexicanos optaba por Texcoco.

Con la continuación de la obra ganaría margen presupuestal, dada la previsible disminución en las tasas de interés y en el tipo de cambio. De golpe tendría varias decenas de miles de millones de pesos para gastar en programas prioritarios o para compensar a los afectados por el recorte. ¿Qué sentirán todos ellos al saber que una parte importante de los ahorros se tuvo que hacer por haber subestimado las consecuencias de la cancelación del aeropuerto?

Reiniciar Texcoco resolvería un problema creado por la decisión de cancelar: la negociación con los tenedores de bonos. Lograron un acuerdo con una parte de éstos el día de ayer, estando dispuestos a pagar más del valor inicial de la emisión. Pero aún enfrentan el reto de que si cancelan Texcoco o tienen que pagar el resto de la emisión o deben garantizar el servicio de la deuda con el actual aeropuerto, cuyo flujo de pasajeros ya no puede crecer gran cosa. Mientras se desgastan en cómo cancelar una obra que estaba debidamente financiada, están dispuestos a meterle más recursos fiscales al Tren de Toluca, no prioritario, retrasado y cada vez más caro.

Quien firme la cancelación de Texcoco se arriesga, además, a enfrentar demandas por daño patrimonial, amén de que se deberá presupuestar el dinero para restaurar el sitio. Un funcionario no puede mandar a demoler el edificio donde están sus oficinas sólo porque le parece que hay un mejor lugar para construir su oficina. Una consulta patito no da mandato jurídico. Texcoco es un activo propiedad del gobierno mexicano. Cualquier acción injustificada por parte de un funcionario público que demerite su valor provoca un daño patrimonial que debe ser sancionado por la autoridad.

Reconocer el error de Texcoco cambiaría el ánimo de los inversionistas. Si la inversión privada no crece como se espera, no se llegará al 2 por ciento de crecimiento económico estimado (lo siento, quedará muy lejos del 4 por ciento prometido por AMLO en el 2019, así será todo el sexenio según el documento; repetir la mentira del 4 por ciento en un informe técnico lo hubiera hecho poco creíble). Un bajo crecimiento implica menores ingresos tributarios y el riesgo de no poder cumplir con la sana disciplina fiscal propuesta para el año entrante.

Decía Max Weber que “el político tiene que vencer cada día y cada hora a un enemigo muy trivial y demasiado humano, la muy común vanidad”. Ojalá no lo nuble ese gran ego que casi todo hombre de poder trae como motor de su ambición y pueda reconocer su error. Por el bien del país, primero la humildad. Ya mostró que puede, al echar para atrás el recorte a las universidades. Es hora de hacerlo con el aeropuerto de Texcoco, cuya cancelación es un gigantesco error.

Fuente: Excelsior

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