martes, mayo 21

El NAIM y las cachetadas

0
39

Dadas las características de la consulta prevista, los potenciales votantes podrían ser mayoritariamente vinculados a Morena.

Retrovisor
IVONNE MELGAR

La campaña quedó atrás. Lo que importa ahora son los actos de poder y las definiciones de Andrés Manuel López Obrador entre compromisos que se contraponen o que se estrellan en los límites de la realidad.

Pasa con la congelada promesa de bajar el precio de las gasolinas.

Pasa con los reclamos de bastiones de la CNTE que esperan una derogación de la Reforma Educativa que les devuelva el control de la nómina magisterial.

Pasa con los críticos de la estrategia de seguridad que se quedarán esperando el regreso de los militares a los cuarteles.

Y pasa con el futuro del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), una definición que no puede posponerse por tratarse de una obra en marcha y con miles de millones de pesos en juego.

En este caso, los compromisos encontrados colocan al Presidente electo bajo una presión con la que todavía no sabemos cómo habrá de lidiar: la de los mercados internacionales y mecanismos globales de calificación a la economía.

Si bien ya tuvimos una evidencia del pragmatismo lopezobradorista en las negociaciones con Estados Unidos y Canadá, cuando el próximo canciller, Marcelo Ebrard trabajó para la continuidad y asumió los imperativos comerciales regionales, el NAIM será la primera prueba de cómo el futuro gobierno habrá de regular los intereses encontrados.

Intereses que, hay que decirlo, durante la larga campaña presidencial de López Obrador, él mismo enfrentó a lo largo de 12 años.

Porque fue él quien hizo de la cancelación de Texcoco una bandera electoral. Y también fue él quien, después, al cierre de la contienda, garantizó que habría certidumbre para quienes habían invertido en esa obra.

Ambas promesas cohabitan en el proyecto de gobierno de López Obrador como expresión del conglomerado de intereses que logró aglutinar a su alrededor.

Más todavía: ambas promesas cuentan al interior del gabinete y del equipo político de Morena con sus defensores.

Las críticas a Texcoco han provenido de los futuros titulares de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú; Medio Ambiente, Josefa González Blanco; Sedatu, Román Meyer; y de la Subsecretaría de Derechos Humanos, Alejandro Encinas.

En contraste, las expresiones de respaldo han sido de los próximos responsables de la Secretaría de Hacienda, Carlos Urzúa, y de la Oficina de la Presidencia y vínculo con el sector empresarial, Alfonso Romo.

Es ante la tensión entre esas dos promesas que el Presidente electo toma la vía de una consulta para que sea la gente, dice, la que decida si continuar la obra de Texcoco o habilitar las pistas de la base militar de Santa Lucía.

Dadas las características de la consulta prevista —al margen del INE y de observadores externos—, los potenciales votantes en las mil 73 mesas que se instalarán en plazas públicas de 538 municipios podrían ser mayoritariamente vinculados al movimiento partidista de Morena.

Pero a 40 días del relevo presidencial, más allá de la incertidumbre por los resultados y las características de esa consulta, lo que tenemos es una redefinición de las reglas nunca escritas del vínculo gobierno y negocios.

Porque en la antesala de la consulta —a efectuarse entre el jueves 25 y el domingo 28—, López Obrador utiliza el debate para trivializar los presuntos riesgos de una eventual cancelación de la obra de Texcoco y advertir que el suyo no será un gobierno de subsidios a negocios privados.

Paralelamente, operadores políticos relevantes, como el coordinador de los diputados de Morena, Mario Delgado, hombre cercanísimo de Ebrard, y el presidente de la Comisión de Comunicaciones y Transportes en el Senado, Higinio Martínez, exalcalde de Texcoco, se manifestaron por continuar con el NAIM de este sexenio. ¿Actuaron por la libre? Imposible.

Así que a estas alturas de la supuesta incertidumbre en torno a la sede aeroportuaria, tenemos a un Presidente electo que, diariamente, juega con los sentimientos de los intereses económicos involucrados.

López Obrador lo alertó en campaña cuando se enfrentó a lo que denominó la minoría rapaz: nunca quedaría a su merced.

“Miren lo que le hicieron al mismo Peña Nieto: lo encumbraron, lo impusieron y ya después que no les gustó, lo convirtieron en chivo expiatorio. Ahora Peña Nieto es como el payaso de las cachetadas, ellos mismos le dieron la espalda”, describió.

En esa sintonía, el presidente de la Comisión de Presupuesto en la Cámara de Diputados, Alfonso Ramírez Cuéllar, dijo que se acabó el tiempo de la tecnocracia al servicio de la oligarquía.

A tono con esa narrativa, el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, expuso en el Senado: “Hagamos de esta transición una verdadera reforma que vuelva a balancear los poderes de la gente contra los poderes fácticos y eso está en manos del Estado mexicano”.

Fue significativo que un priista de trayectoria y artífice de las negociaciones comerciales de Norteamérica diera por cierto que viene ese cambio.

De ser así, el fondo de la consulta no es definir la sede del NAIM, sino dejar en claro que el próximo gobierno no será rehén de ningún grupo. Que se acabaron las cachetadas.

Fuente: Excelsior

Comments are closed.