jueves, noviembre 26

Ella es la princesa que intentará reparar los lazos entre Arabia Saudita y EU

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Reema bint Bandar bin Sultan se prepara para asumir su papel como embajadora del reino en Washington, con las relaciones en su punto más bajo desde los ataques terroristas del 11 de septiembre.

La princesa saudí Reema bint Bandar bin Sultan tiene una tarea abrumadora mientras se prepara para asumir su papel como embajadora del reino en Washington, con las relaciones en su punto más bajo desde los ataques terroristas del 11 de septiembre.

El asesinato del columnista Jamal Khashoggi, la prolongada guerra y la crisis humanitaria en Yemen y la detención de mujeres activistas saudíes han destruido las relaciones del reino con gran parte del establecimiento en Washington. La princesa, que se espera llegue a la capital de EU en unas semanas, intentará comenzar a revertir todo eso.

“Con la excepción de la administración Trump, las actitudes políticas en Washington hacia Arabia Saudita son tóxicas en estos días”, asegura Fawaz A. Gerges, profesor de relaciones internacionales en London School of Economics. “Tendrá que involucrar activamente a los miembros del Congreso y la élite de la política exterior y asegurarles que Arabia Saudita escucha sus preocupaciones. Su misión es muy abrumadora”, sostuvo el especialista.

La crisis en las relaciones está socavando lo que podría haber sido una época dorada en los lazos entre Arabia Saudita y Estados Unidos. El presidente Donald Trump llegó a la Casa Blanca al mismo tiempo que el príncipe heredero Mohammed bin Salman estaba consolidando su poder como el gobernante de facto del reino, prometiendo cambios económicos y sociales radicales para un país criticado durante mucho tiempo por su historial de derechos de las mujeres y su adhesión a una interpretación estricta del Islam del siglo XVIII.

Trump convirtió a Arabia Saudita en la pieza central de su estrategia en Oriente Medio de aislar a Irán y recibió al príncipe Mohammed en la Oficina Oval meses después de su toma de posesión, a quien le prometió miles de millones de dólares en ventas de armas al reino. Luego realizó su primera visita como presidente a Riad, donde participó en una danza ceremonial de espadas.

En cambio, Arabia Saudita se convirtió en un paria en Washington fuera de la administración Trump. Altos legisladores de ambos partidos –con dificultades para hacer aprobar cualquier legislación– permanecen unidos sobre el asunto de castigar al reino, y al príncipe heredero en particular, por el asesinato de Khashoggi y la guerra en Yemen, a la que Naciones Unidas llama la peor crisis humanitaria del mundo.

Para los partidarios de una fuerte alianza entre EU y Arabia Saudita, el constante flujo de malas noticias no ayuda. La semana pasada, una experta de la ONU asignada para investigar el asesinato en octubre de Khashoggi en el consulado saudí en Estambul publicó nuevos detalles sobre su muerte y desmembramiento, y recomendó una investigación sobre el posible papel del príncipe Mohammed en el incidente.

La funcionaria, Agnes Callamard, dijo que no encontró “evidencia absoluta” y que “no se llega a ninguna conclusión sobre la culpabilidad”, pero en un informe de 100 páginas dijo que había “evidencia creíble que justifica una investigación adicional de la responsabilidad individual de funcionarios saudíes de alto rango, incluido el príncipe heredero”.

Funcionarios saudíes rechazaron sus hallazgos y han dicho repetidamente que el príncipe heredero no estuvo involucrado en el asesinato. El ministro del reino para Asuntos Exteriores, Adel Al-Jubeir, dijo que el informe de Callamard “presenta muchas acusaciones infundadas, incluida la violación de varias convenciones internacionales, y es totalmente inaceptable para los líderes del Reino”, de acuerdo con la agencia Saudi Press.

La misma semana del informe de la ONU, el Senado de EU, controlado por los republicanos, votó para bloquear ocho mil millones de dólares en ventas de armas a varios países liderados por Arabia Saudita.
Entra la princesa

Entonces, entra la princesa Reema. Hija del exembajador en EU, Bandar bin Sultan –reconocido como uno de los enviados saudíes más influyentes durante sus 22 años en Washington–, la princesa llega con un profundo conocimiento de la política y la cultura estadounidenses y una reputación como defensora de los derechos de las mujeres. Es la primera mujer en representar a su país en Washington.

Funcionarios saudíes dicen que conoce los desafíos que tendrá que enfrentar en Washington.

La princesa Reema “entiende que las relaciones bilaterales han sido puestas a prueba en el pasado, pero que los dos países siempre han logrado superar sus diferencias”, dijo en respuesta a preguntas enviadas por correo electrónico Fahad Nazer, portavoz de la embajada saudí en Washington. “La princesa Reema hará todo lo posible para asegurarse de que esta sólida asociación no solo perdure, sino que continúe fortaleciéndose en el futuro” , señaló el portavoz.
Davos, Uber

La princesa Reema emergió como jugadora clave en los esfuerzos del reino para renovar sus relaciones con EU antes de ser nombrada embajadora. En enero del año pasado, viajó al Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, donde defendió a Arabia Saudita: “[h]ay una determinación de no permitirnos crear una nueva narrativa”, dijo. “Y mi pregunta es: ¿por qué?”.

Graduada de la Universidad George Washington en Washington DC, la princesa, quien se cree está en sus 40, ha hablado sobre temas de discriminación de género en el reino, argumentando que no puede permitirse dejar a las mujeres sin plena participación en su fuerza laboral.

En EU, Uber Technologies Inc. incluyó a la princesa Reema en su consejo asesor de política global en mayo de 2016. El mismo año, el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita completó una inversión estratégica en Uber y tomó un lugar en el consejo de la compañía de transporte compartido.

Encontrará una audiencia receptiva en la administración Trump, la cual continúa defendiendo la asociación entre Estados Unidos y Arabia Saudita, respaldando la alianza militar liderada por el reino que lucha en Yemen y diciendo que apoya la justicia para Khashoggi, sin culpar al príncipe Mohammed.

El desafío de la princesa Reema será tratar de reenfocar la imagen de Arabia Saudita y el príncipe heredero como los heraldos de una forma moderada de Islam que rompe con el pasado del reino, de acuerdo con James M. Dorsey, socio senior en la escuela de Estudios Internacionales Rajaratnam de Singapur y su Instituto para Medio Oriente. Probablemente sea un proyecto a largo plazo.

“Se necesitará mucho más para suavizar a los críticos del reino en el Congreso y más allá”, asegura Dorsey y señaló que “para lograrlo, Reema necesitaría el respaldo de algunos cambios reales”.

Fuente: El Financiero

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