miércoles, septiembre 30

Enrique Iglesias ofrece una noche loca

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Con pop, música urbana y carisma, el español cautivó a diez mil personas en el Auditorio Nacional

Parece fácil, pero ¿cuántos muchachones no envidiarán a Enrique Iglesias? Se para, abre los brazos, sonríe y mágicamente un oasis de mujeres está a sus pies.

De verdad, su voz está de más, sus músicos, su show, si canta por momentos o no, porque él simboliza la perfección para todas esas damas que casi se matan por el pasillo del Auditorio Nacional corriendo en tacones, con falda, vestido embarrado, con aquellas garras que sólo usan en ocasiones especiales, con tal de tocarle las piernas o rozar sus manos.

Las primeras rolas pasaron un poco desapercibidas, lástima por Heartbeat, una canción totalmente ignorada en México pese a tener el coqueteo con el pop y el alma alternativa de grupos como One Republic. Definitivamente, los mexicanos no fueron público para esa guitarra y bajo dignos de un festival.

Lo que aquí se quería era ese pop meloso, el perreo, el doble sentido fogoso que enloquece a todas. Sus deseos fueron cumplidos cuando escucharon “sólo en tu boca yo quiero acabar…”, y ahí se soltaron, “todos esos besos que te quiero dar”, sí, nada de cochinadas, puro romance y flow con Perdedor.

Enrique ya tenía lo que quería: a todos y todas de pie e intentando, casi desgreñadas, rozar la suela de su bota.

Se hincó tantas veces como pudo para darles gusto, chocar los puños y mandarle un beso a una niñita que se acercó.

Llegó la parte acústica y el tiempo de charlar, de descubrir que hay más hombres que fueron por llevar a sus morras que por gusto. “¡No mames, güey!”, gritó. ¿Qué esperaba? Pero aun así, no le dolió porque sí hubo batos cantando, perreando y quedando bien con las muchachonas.

Enrique puso el ejemplo de cómo tener a la dueña de las quincenas presente en todo momento. “Llevo 17 años con mi novia (Anna Kournikova). Ha habido momentos en los que me ha dicho ‘chíngate, güey’. Dos veces. Pero escribí esta canción para pedir perdón”. Fue la canción Loco. La última acústica, para después pasar a un atropellado cover de Yellow, de Coldplay.

Como la raza no reaccionaba en las partes electrosas, quizá por falta de chupe o popularidad, Enrique se lanzó y se dejó manosear por todos lados.

Súbeme la radio comenzó con la despedida. Enrique salió de blanco, pero sin la clásica playera de su accidente con el dron. Cantó Héroe y el Auditorio Nacional se volvió meloso con el cliché de las luces de los celulares. “Yo soy mexicano. Aquí tengo todo”. Y sí, aquí arrancó su carrera (como casi todos) y regaló Nunca te olvidaré.

Y no podía irse sin perrear El perdón, aunque sea sin Nicky Jam, pero lo hizo. Y así de fácil terminó un viernes por la noche y mandó a todos ya bien prendidos, después de reventarse Bailando y I Like It, sí, sin cantar Experiencia religiosa, porque ya chole.

Fuente: Excelsior

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