lunes, septiembre 28

Fracaso en seguridad

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Desde cabina

MARTÍN ESPINOSA

24 de Julio de 2018

 

Con la llegada de los nuevos altos mandos en materia de Seguridad al gobierno de la Ciudad de México, más “porque no había de otra” que por convencimiento de la eficacia en el trabajo del equipo que comanda el Ing. Raymundo Collins, tres errores quedaron en evidencia y dieron al traste con la seguridad y tranquilidad que teníamos los capitalinos hasta hace 6 años.

Primero, que quienes se hicieron cargo del manejo policiaco de los más de 83 mil elementos con que cuenta la capital del país no tenían ni idea de cómo manejar la seguridad de una ciudad “sui géneris”, asiento de los tres Poderes de la Unión, pero también una urbe compleja por sus características urbanas y poblacionales donde convergen a diario millones de personas, unas que habitan y otras que están en tránsito por el otrora Distrito Federal.

En segundo lugar, quienes llegaron a manejar a la policía más importante del país a nivel local “desmantelaron” todo lo que sus antecesores habían construido en materia de seguridad pública y, prácticamente, descentralizaron —a decir de fuentes de “alto nivel” que acaban de llegar a la dependencia— todo el trabajo que de manera cohesionada habían logrado implementar los anteriores encargados de la secretaría. Revelan que cada una de las seis subsecretarías de la dependencia realizaba “su propia estrategia” contra las bandas delincuenciales que poco a poco se fueron “adueñando” de las calles de la capital mexicana.

Y, tercero, resultado de la expansión de los cárteles que operan en otros estados del país y aprovechando el “hueco” que se abrió en la Ciudad de México, verdaderas células criminales arribaron al centro del territorio nacional, donde prácticamente se disputan —hoy día— la “plaza”, como coloquialmente llaman los capos del narcotráfico a aquellas ciudades estratégicas para su operación ilegal. De tal manera que no hay día en que, ya sea en la capital o en el Edomex, se registren ejecuciones al estilo de la mafia, como se observa de manera cotidiana.

A partir del pasado fin de semana, las cosas, para fortuna de los capitalinos, van a cambiar, por lo menos en cuanto a la estrategia adecuada a seguir para contener este fenómeno criminal que, nos explican las autoridades, se originó por lo que los expertos en el tema han llamado “la tormenta perfecta”, es decir, mayor demanda de drogas en Estados Unidos, los cambios legales en Colombia que propiciaron mayor cultivo de amapola, y por ende, mayores envíos a México, y los cambios legales en nuestro país que reclasificaron el delito de portación de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército como delito “no grave”, lo que ha propiciado un mayor número de armas en las calles de la Ciudad de México y que ha contribuido a incrementar la violencia.

Para combatir todo lo anterior, las nuevas autoridades policiacas, que sí saben del asunto, han hablado de tres medidas urgentes: Regresar a los policías, patrullas y helicópteros a las calles a cumplir su función de proteger a los ciudadanos (vaya usted a saber dónde los tenían las anteriores autoridades), detener a los delincuentes en flagrancia (una queja ciudadana de todos los días es que cuando ocurre un delito, nunca está el policía en el lugar) y, finalmente, coordinación de todas las instancias de seguridad, tanto local como federal y de procuración de justicia, para “cohesionar” la lucha contra una criminalidad cada vez más “empoderada” frente a los habitantes. Pronto veremos los resultados.

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