lunes, julio 13

Habemus candidatos

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Línea estratégica
FRANCISCO ZEA

Como cada seis años, el “despoder” que representa el ocaso del gran Tlatoani, federal y local, da paso a reacomodos entre los grupos del crimen, a jaloneos políticos que desembocan en una desestabilización del país

El día de hoy ya tenemos candidatos de las tres principales coaliciones a la Presidencia de la República. Agotado el periodo de precampañas, una farsa y un robo a los ciudadanos, de miles de horas de anuncios, dirigidos a los “militantes”, lo que ya sabíamos se confirmó. Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade y Ricardo Anaya pelearán por la Presidencia.

En los análisis previos a la conformación de la boleta se hablaba de una carrera parejera, de treintas por ciento o de veintes altos; hoy la realidad por más que la quieran distorsionar es que AMLO va, considerablemente, arriba que sus contrincantes y la sorpresa es que, algún buen asesor lo ha convencido de hacer lo que más votos le da: quedarse callado. Se encuentra, según sus palabras, en veda de declaraciones.

Para sorpresa de todos o para confirmación de muchos, los ciudadanos estamos tan hasta la madre que, si López Obrador no habla, por ende no asusta, por ende no se ve tan mal y por tal, no baja de su techo.

Me queda claro que aún queda mucho terreno por recorrer, que viene el tiempo de las propuestas, las serias, las que, verdaderamente, representen un avance y la solución de los problemas que nos consumen, entre ellos el más angustioso: la inseguridad.

Los veo como candidatos, no escucho ni leo nada que me convenza de que alguno de ellos tiene la solución en materia de seguridad. Siguen los muertos, la sangre, las lágrimas y el dolor. Siguen los desa-parecidos y las familias incompletas.

Como cada seis años, el “despoder” que representa el ocaso del gran Tlatoani, federal y local, da paso a reacomodos entre los grupos del crimen, a jaloneos políticos que desembocan en una desestabilización del país y un aumento importante de la violencia.

A esto hay que sumarle, que desde mi óptica, los factores reales del poder, no se han puesto de acuerdo a quién van a apoyar, por lo menos en este momento, lo que también hace que la incertidumbre sea mayor.

En pasadas elecciones, quizá el acuerdo de a quién apoyar no era unánime, pero dejemos la hipocresía, era unánime el rechazo del capital, las fuerzas armadas, la iglesia, los medios y otros contra López Obrador.

Hoy no hay un consenso para bajarlo. Hay jaloneos, se debaten los dueños de la República, entre dar oportunidad a quien sea, ante el fracaso de los otros.

Me parece que ante este panorama, empezamos a verles un valor porcentual, en votos y hasta en dinero y poder a los independientes.

Su número de firmas casi imposible, la dispersión requerida, toma un sentido claro. Si la fotografía estadística se conserva como hasta el día de hoy, ni Anaya ni Meade podrían superar a AMLO sin la concurrencia de un independiente, que me queda claro, venderá caro su amor, más que una aventurera.

En este período, que nuestra absurda ley electoral denomina “intercampaña”, en donde no puede existir ni propuesta ni promoción, entra la “dimensión desconocida”, se escucha la clásica música del “turu-ruru-turu-ruru”, los candidatos, sus propuestas y los problemas del país, desaparecen abducidos por las fuerzas desconocidas.

¡Qué ridiculez!

Ya sé que después de una elección, como resultado de consolar la derrota de los perdedores, hacemos modificaciones a la ley electoral.

Ojalá que una de ellas sea, que cuando existan candidatos únicos se prohíba hacer precampañas y ese dinero y anuncios se utilicen en favor de la comunidad y nos dejemos del juego del “Tío Lolo” que, haciéndonos pendejos, tanto daño y dinero nos han costado.

Fuente: Excelsior

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