lunes, abril 12

Hablando de tratados y traiciones

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Hablando de tratados y traiciones

Por Jorge Fernández Menéndez

¿Nos traicionó EU esperando que el Tratado fuera aprobado en el Senado mexicano para después enviarlo a su Congreso, incluyendo en él la solicitud de inspectores laborales para hacer cumplir sus normas en México?

16 de Diciembre de 2019

“Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses”, aseguró John Foster Dulles, secretario de Estado del presidente Eisenhower en los años 50. Esa máxima está vigente al día de hoy.

Es imposible saber si con la letra chiquita del T-MEC nos chamaquearon, si la negociación que encabezó Jesús Seade en soledad fue fallida en los momentos finales o si la administración de Andrés Manuel López Obrador, en pos del beneficio global, decidió conceder puntos en lo particular que, por lo menos en lo laboral y lo ambiental, serán costosos para el país.

¿Nos traicionó Estados Unidos esperando que el Tratado fuera aprobado en el Senado mexicano para después enviar el documento a su Congreso, incluyendo en él la solicitud de cinco inspectores laborales y tres ambientales para hacer cumplir sus normas en México? No lo sé, tendría que haber sido labor de funcionarios, negociadores y legisladores hacer una revisión estricta del documento para ver si ese margen de acción quedaba estipulado en la letra pequeña del documento.

Puede ser también una decisión unilateral de la administración Trump, pero no entendería el entusiasmo de los demócratas, encabezados por Nancy Pelosi, con el acuerdo sin una figura similar. Creo que nos doblaron el brazo en la negociación y que el tema de los paneles y los mecanismos de inspección quedó tan a la libre interpretación de los firmantes que lo que anunció Seade en México poco tiene que ver con lo que está instrumentando Trump en Estados Unidos.

Estoy convencido de los beneficios del T-MEC, incluso, como dijimos en su momento, de su resultado integrador, en todos los sentidos, con Estados Unidos y Canadá. Pero si se acepta ese discurso habrá que aceptarlo en todos los ámbitos, con sus costos y beneficios.

Estados Unidos plantea una negociación entre iguales cuando nuestras economías siguen siendo desiguales. Se quejan de que el anterior TLC otorgó mayores ventajas a México que a Estados Unidos y, más allá de haber generado enormes capacidades y utilidades a las empresas de la Unión Americana al hacerlas mucho más competitivas, es verdad. Estaba diseñado para eso: para integrar progresivamente la economía mexicana a la de la región de América del Norte y, de alguna manera, forzar nuestro desarrollo. Lo logró, la forma en que se dispararon las exportaciones, la creciente presencia de inversiones de todo el mundo en el país, incluso la diferenciación salarial (un trabajador de una empresa exportadora gana, en promedio, un 43 por ciento más que en una no exportadora), incluso aspectos tan alejados del comercio como la apertura democrática, tienen deuda con el viejo TLC. Pocas cosas ayudan más geopolíticamente a EU que un México estable y desarrollado.

Por eso no podíamos rechazar el T-MEC y por eso, también, si teníamos que firmar capítulos adicionales había que hacerlo. En 1993 para avanzar con el TLC con Clinton también se hizo así. Sin embargo, me parece que no se tomaron en cuenta dos cosas: primero, que la última etapa de la negociación fuera tan cerrada. En realidad no supimos, no lo sabemos bien incluso hasta hoy, qué se negoció en la letra pequeña del tratado. La única presencia fue la de Seade. En un documento legal no puede haber margen a la discrecionalidad.

El segundo punto ya lo hemos visto en muchas ocasiones con la administración Trump: sus negociaciones comerciales, e incluso militares, van de la mano de acuerdos políticos muchas veces inconfesables. Uno de ellos, precisamente, está dejando a Trump al borde del impeachement, al condicionar la ayuda militar a Ucrania a cambio de que iniciara acciones por corrupción contra el exvicepresidente Joe Biden y su hijo, para evitar así su candidatura presidencial.

Hace unos meses, por un acuerdo con el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan, terminó traicionando a los kurdos quienes habían sido durante años sus principales aliados en la guerra de Irak y luego en Siria. La traición terminó en masacre. Los nuevos acuerdos con China muy probablemente terminarán con el apoyo que le dio la administración Trump a los jóvenes disidentes en Hong Kong.

Puede ser una casualidad, pero en torno al T-MEC, el mismo día se dieron cuatro acuerdos simultáneos: la visita del fiscal William Barr, el viaje de Seade a Washington para establecer los acuerdos que se firmaron en Palacio Nacional, la salida de Evo Morales del país y la orden de detención de Genaro García Luna (cumplida el mismo día de la firma).

Las negociaciones comerciales integradoras tienen consecuencias políticas, lo vimos con el TLC, lo hemos visto en Europa, pero lo que no se puede hacer es mezclar la negociación económica y comercial, la política, la militar y de seguridad en un mismo paquete. Y Estados Unidos lo está haciendo y creo que, voluntariamente o no, nos embarcó en esa nave.

Fuente: Excelsior

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