domingo, mayo 16

Ingmar Bergman, cineasta atormentado

0
419

CIUDAD DE MÉXICO.- Ingmar Bergman, cineasta sueco que plasmaba en sus historias temas con los que creció y lo atormentaban– como fue el pecado, el casti­go, el perdón y la misericordia, así como el contraste entre la vida y la muerte– conme­mora hoy el centenario de su natalicio.

Considerado como uno de los mejores directores del Siglo XX, Bergman ha sido fuente de inspiración de dis­tintos cineastas que hoy en día cuentan con reconocimiento a nivel mundial.

El neoyorquino Woody Allen lo ha calificado en dis­tintas ocasiones como “el me­jor director de la historia del cine”, mientras que su compa­triota Martin Scorsese veía en su cine una charla íntima con el realizador en la que salían a flote todos aquellos temas que le preocupaban.

Cada película era una conversación consigo mismo. Y nosotros como espectado­res éramos invitados a tomar parte en esa misma tertulia, de esa liturgia”, expresó Scorsese sobre el realizador nacido un 14 de julio de 1918 en Uppsala, al norte de la capital de Sue­cia, Estocolmo.

Nominado en nueve oca­siones al Premio Oscar, tres de sus cintas se hicieron acree­doras al Oscar a Mejor Película Extranjera. En 1961 obtuvo la presea por El manantial de la doncella, dos años más tarde se hizo acreedor al premio por Como en un espejo y en 1984 obtuvo dicho reconocimiento por Fanny y Alexander, cinta que en su momento Bergman comentó que sería la última de su carrera –en 2003, con 85 años, rodó Saraband con la actriz Liv Ullman– y que versa sobre el conflicto en el que entran dos ni­ños cuando su ma­dre se vuelve a casar con un rígido obispo protestante.

Estoy profunda­mente obsesionado con mi infancia. Al­gunas impresiones son extremadamente vívidas, livianas, huelen y todo. Hay momentos en los que puedo pasear por el paisaje de mi in­fancia, por habitaciones anti­guas, recordar cómo estaban amuebladas, dónde colga­ban las imágenes en las pare­des, cómo caía la luz. Es como una película: pequeños frag­mentos de una película, que puse en marcha y que pue­do reconstruir hasta el último detalle, excepto su olor. Los castigos eran algo comple­tamente natural, algo que ja­más se cuestionaba”, comentó Bergman cuando se le cues­tionó sobre la influencia de su infancia dentro de su cine.

Hijo del pastor lutera­no Erik Bergman y Karin Åkerblom, Ingmar Bergman comenzó a interesarse por el arte, principalmente el teatro, cuando jugaba con un peque­ño teatro de títeres.

Parte de su infancia, ado­lescencia y juventud vivió bajo una educación estricta, sin embargo, poco a poco se fue deslindando de su fami­lia y decidió estudiar Letras e Historia del Arte.

Encontró primero en el teatro y luego en el cine los re­fugios en los que podía plas­mar sus obsesiones.

“Para mí el teatro es como una esposa fiel. El cine es una gran aventura, muy costosa y exigente”, expresó Bergman.

A lo largo de 62 años de trayectoria, Berg­man dirigió 70 proyectos cinema­tográficos –mu­chos de ellos para televisión– y se in­volucró en cerca de cien obras de teatro.

Dentro de sus filmes más sobresalientes en­contramos Tres amores extra­ños(1949), Juegos de verano (1951), Un verano con Mónica (1953), El séptimo sello(1957), Fresas salvajes (1957), El ma­nantial de la doncella (1960), Como en un espejo (1961), Los comulgantes (1963), Persona ( 1966) , Pasión (1969) y Fanny y Alexander (1982).

“Creo que hice una sola película que realmente me gustó y es Los comulgantes(1963). Todo es exactamente como yo quería tenerlo, cada segundo de esta película”, comentó Bergman.

El realizador falleció el 30 de julio de 2007 a los 89 años de causas naturales.

Excélsior

Comments are closed.