lunes, agosto 19

La treta

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La treta

Por Yuriria Sierra

• El republicano sabe con quién no puede meterse, pero eso no le impide arrojar granadas discursivas que alimenten su juego ideológico.

Las redadas que no existieron fueron exitosas (en términos “trumpistas”). Los operativos que no se ejecutaron cumplieron con su objetivo. Las detenciones que se quedaron sólo con el alcance de una amenaza dieron al blanco. Miedo, mucho miedo es el saldo de este fin de semana.

El aviso de los arrestos a migrantes ilegales en Estados Unidos fue para Donald Trump el primer gran paso rumbo a su reelección, la primera prueba para demostrarse a sí mismo y demostrarle a los estadunidenses, demócratas o republicanos, que es él quien manda. Provocó lo que quería, que cientos, miles de personas se quedaran en casa y abrazaran eso que acaso es para algunos lo único que tienen o lo que motivó la búsqueda de un mejor porvenir, y que hoy está en riesgo: su familia.

No fue una victoria para la comunidad que las detenciones no se hayan realizado. Al contrario, condenan a la población sin residencia legal en Estados Unidos a vivir con miedo, y con la paranoia de que, en cualquier momento, un agente tocará a su puerta con la intención de regresarlos a su país.

Y el miedo, siempre el miedo, es la mejor de las estrategias electorales, de manipulación.

A Trump no le importó enfrentarse con congresistas, quienes también fueron blanco de su discurso de odio.

Alexandria Ocasio-Cortez, Ayanna Pressley, Rashida Tlaib y Ilhan Omar leyeron este fin de semana en un tuit del presidente que lo mejor era que volvieran a casa, es decir, a los países de donde son originarias sus familias, esto corrió como pólvora para robustecer la ideología nacionalista que lo hizo ganar las elecciones 2016.

Pero fue sólo una treta, porque Trump se dirigió a legisladoras de recién ingreso, no a políticos de gran trayectoria y que también cumplirían con los requisitos de ascendencia migrante que a él tanto le molesta, como Nancy Pelosi, demócrata y presidenta de la Cámara de Representantes, pues sus padres son italianos.

El republicano sabe con quién no puede meterse, pero eso no le impide arrojar granadas discursivas que alimenten su juego ideológico; pero también el de la división, pues ayer a media tarde aseguraba que los demócratas estaban en conflicto con las cuatro congresistas mencionadas, pero que tras su tuit del domingo no les quedó otra que abrazarlas, darles su respaldo.

Y México respondió: no será tercer país seguro. Marcelo Ebrard aseguró que nuestro país mantiene su postura; le apostará de nuevo al diálogo con funcionarios de la Casa Blanca para trazar una ruta que no afecte a mexicanos con medidas como la anunciada la mañana del lunes en Washington, que desde hoy impedirá otorgar asilo a los indocumentados que no lo soliciten antes en un tercer país seguro, incluidos menores de edad que hayan viajado hacia la frontera con nuestro país.

Tal vez no fue el fin de semana caótico, de videos y testimonios de detenciones arbitrarias, como se había pronosticado. Sin embargo, lo que tuvimos fue el mensaje de un Donald Trump que no detendrá su estrategia del miedo, de las amenazas, para fortalecer su campaña política. Ayer afirmó que los centros de detención no son campos de concentración; también subrayó los que dice son sus logros: una visión militar reconstruida, un mercado de valores fuerte, un desempleo en cifras menores que en otros gobiernos.

No tardará en decir que la frontera sur de su país está bajo control gracias a él. Su mensaje es claro: nos espera una larga jornada de amenazas, todas la que pueda arrojar mientras transite rumbo a la reelección.

Fuente: Excelsior.

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