domingo, mayo 19

Mayores vulnerables: cuando el que maltrata es una persona de confianza

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Según datos de la Organización Mundial de la Salud en 2015 había en el mundo 900 millones de personas mayores de 60 años, una cifra que sobre la base de las previsiones se duplicará hasta sobrepasar los 2.000 millones en 2050. Este incremento, y el envejecimiento asociado de la población mundial, ha traído consigo también un aumento considerable de los casos de maltrato y de abuso a la vejez, definido como “un problema importante de salud pública” por parte de la propia OMS. Un dato que no puede pasar desapercibido este viernes 15 de Junio, Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato a la Vejez

Un incremento difícil de cuantificar, ya que los datos oscilan ostensiblemente entre unos estudios y otros; a lo que habría que añadir los ancianos que ocultan su realidad o no denuncian, lo que subestima el verdadero alcance de la problemática. Según la OMS, se estima que hoy por hoy el 10% de las personas mayores ha sufrido malos tratos en el último mes, una cifra que podía ser considerablemente mayor si tenemos en cuenta que solo el 4% de los casos se notifican. En España, según Carmen García Revilla, presidenta de la Comisión Ni abuso, Ni maltrato: no estás solo de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA), los datos de prevalencia que se barajan oscilan entre el 0,6% y el 52,7%, aunque “la media se aproximaría a alrededor de un 15,2% de personas que sufren o se sospecha que sufren abuso y /o maltrato”.

Pese a la alarmante cifra y a que, como afirma García Revilla, hablamos de una realidad que, además de ser un problema de salud pública, es también “un problema de violación de los derechos humanos”, para los expertos consultados aún estamos lejos de tomar conciencia política y social de la dimensión del mismo. “Se sabe que existe el problema, pero se mira de soslayo. Se elaboran protocolos y guías y con eso ya creemos haber cumplido. Y desde luego no solo no hemos cumplido, sino que además no le damos la importancia que tiene”, afirma la portavoz de CEOMA.

Una opinión que comparte Alejandra Chulián, psicóloga y coordinadora del Grupo de Trabajo Promoción para el Buen Trato hacia las Personas Mayores del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, que señala como causa de esta falta de conciencia al hecho de que los efectos del envejecimiento de la población no hayan sido evidentes hasta ahora: “El maltrato al mayor no se empieza a reconocer hasta 1975, hace muy poco si tenemos en cuenta que el maltrato al niño se reconoce desde el siglo XIX. Ahora empezamos a ser conscientes de la vulnerabilidad de las personas mayores, ahora se ha hecho más visible el aumento de personas con dependencia física y deterioro cognitivo, que necesitan cuidados y mayor atención; y ahora, por tanto, es cuando están empezando a brotar los casos”.

Un maltrato que aumenta el riesgo de muerte

No ayuda a la visibilidad de la problemática, no obstante, el hecho de que las personas mayores tengan poca voz, participación y representación en la sociedad, lo que la portavoz de CEOMA califica de “marginación de los mayores”, asociada en parte a la imagen de “inoperancia del jubilado” y a otros estereotipos vinculados a la tercera edad. Tampoco lo difícil que resulta aceptar que te están maltratando y, por tanto, dar el paso de denunciarlo, sobre todo cuando el maltratador es un hijo. No existen los medios (“carecen de servicios telefónicos como los de Violencia de Género y Acoso Escolar”) y, además, los ancianos conviven con el miedo a las represalias, a perder el afecto de sus hijos, a la soledad. “Muy pocas de las muchas denuncias que nos llegan a CEOMA son realizadas por la misma persona que sufre el maltrato. Suelen ser familiares, amigos o vecinos los que las presentan”, confirma.

¿Existe un retrato robot del anciano maltratado, unas características comunes entre las víctimas? Partiendo de la base de que todos somos susceptibles de sufrir maltrato, para García Revilla existe una relación directa entre la fragilidad del anciano, su grado de dependencia y el riesgo de que sufra maltrato. Cuanto mayores sean las dos primeras, mayores serán también las probabilidades. Según Alejandra Chulían, por su parte, las investigaciones recientes muestran que el riesgo es mayor en mujeres que en hombres, y que el maltrato es más frecuente sobrepasados los 80 años porque aumenta el grado de dependencia física y el deterioro cognitivo. “Otros factores asociados serían los problemas económicos, la infravivienda, la convivencia con mucha gente en el domicilio, el no tener recursos sociales. Como retrato robot podríamos decir que tenemos a una mujer mayor de 80 años con dependencia física y/o cognitiva y con problemas económicos”, explica.

Según las expertas, el maltrato que sufren los ancianos, más allá de las consecuencias físicas, se traduce en problemas de índole emocional y psicológico, como demuestran los aumentos de casos de ansiedad, estrés o depresión. “El maltrato a las personas mayores normalmente viene generado por una persona de confianza, con la que convive o que le cuida. No es alguien de fuera que viene y le da un golpe, sino que hablamos de alguien en quien deposita sus emociones y necesidades de cuidado, en muchos casos los propios hijos e hijas. Piensa que uno de tus hijos un día te maltrata. El daño emocional es insoportable”, reflexiona la psicóloga, que añade que muchos de estos casos de ansiedad y depresión están mal diagnosticados y mal tratados “ya que se recetan fármacos cuando el problema real está en el domicilio”.

Pero no son las únicas consecuencias. A ellas Carmen García Revilla une la “falta de higiene personal y externa, la desnutrición, el retraimiento, el miedo, la ira hacia el cuidador, los problemas para dormir o la tristeza infinita”. Problemas todos ellos que pueden acarrear un deterioro físico y que según Alejandra Chulián incrementan “hasta en un 200%” el riesgo de muerte del anciano.

Para Carmen García Revilla el primer paso para actuar con eficiencia y eficacia sobre la problemática pasa, necesariamente, por dimensionarla, por tener datos exactos y no el baile de cifras existente hoy en día: “hay que cumplir la estrategia y los planes mundiales sobre envejecimiento y salud adoptados en la Asamblea Mundial de la Salud de mayo de 2016, que entre las medidas prioritarias para los gobiernos fijó como primera la inversión en estudios para determinar la frecuencia del maltrato a las personas de edad”.

Partiendo de esa base, el maltrato a la vejez debería convertirse para la portavoz de CEOMA en “un tema de debate público y prioritario para los gobiernos”. En ese sentido, recuerda que en el mes de febrero el Grupo Parlamentario Socialista, entonces en la oposición, presentó en el Congreso una proposición no de ley sobre el Plan de prevención y erradicación del maltrato a las personas mayores para su debate en el Pleno.

Y de ese debate público y político, para ambas expertas, deberían surgir leyes que den protección jurídica a las personas mayores. “Un marco legal más completo y específico para esta casuística especifica como instrumento para quienes tienen el deber de actuar”, reivindica García Revilla. Y también campañas de difusión y sensibilización para dar visibilidad al abuso y maltrato a los mayores, para que como afirma Alejandra Chulián no dudemos en denunciar si vemos o conocemos un caso: “tenemos muy asumido con la violencia de género lo que tenemos que hacer y con las personas mayores debería ser exactamente igual”.

La psicóloga añade también la necesidad de que las autoridades se impliquen para dar más ayuda en domicilio, ya que en su opinión “tenemos a muchos cuidadores saturados que no tienen con quién compartir esas tareas”. Por último, destaca la importancia de la formación a los profesionales de la salud, médicos de cabecera y enfermeros, “para que sepan detectar malos tratos, para que entiendan cómo es una persona mayor y para que puedan formar a los cuidadores”.

EL País

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