jueves, agosto 22

¿Minoría rapaz o minoría adversa?

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Retrovisor
IVONNE MELGAR

Las élites del poder económico fueron colocadas esta semana en el blanco de la disputa electoral.

Los hechos se desencadenaron en la pasarela de los candidatos en el Consejo Consultivo de Citibanamex, el viernes 27 de abril.

Fue ahí cuando, a petición de los banqueros, se le preguntó a Ricardo Anaya si estaba dispuesto a pactar con el gobierno y el PRI un bloque antiAndrés Manuel López Obrador.

De esa reunión se filtró un video en el que el periodista Leonardo Curzio cuestiona insistente al candidato del Frente PAN-PRD-MC, quien se describe abierto a sumar a quienes estén dispuestos a ir con su proyecto.

AMLO y Morena dieron por hecho que había un grupo de empresarios que presionaba al gobierno para respaldar a Anaya, en detrimento del candidato del PRI.

Y aunque no se difundió ningún video, en esa pasarela de Citibanamex del día 27 hubo otro episodio que marcó la campaña de José Antonio Meade.

Según testigos de la escena, la mayoría de las preguntas que los banqueros formularon al candidato priista asumía su tercer lugar en la competencia, ventilaba la preocupación por las dificultades de remontarlo e insistía en la idea de una declinación a favor de Anaya.

Se trató de un incómodo momento para Meade, quien como exsecretario de Hacienda fue hace unos meses el favorito natural de ese sector.

Esa escena precipitó el relevo de Enrique Ochoa en la dirigencia del PRI por René Juárez, en un intento más por no quedarse rezagado en la pelea.

Y mientras se definían los ajustes de la campaña de Meade, el candidato de Morena veló armas contra los empresarios que, según él, pretenden obstaculizar su triunfo.

Vino entonces el comunicado del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios en el que se condena que un aspirante a la Presidencia descalifique a quienes no comparten sus ideas.

En otra pasarela, la de la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT), López Obrador dijo que los firmantes de ese desplegado, medio centenar de empresarios, son los responsables de la tragedia nacional y de que él no hubiera sido Presidente en 2006.

Y al etiquetarlos como una “minoría rapaz” que ha confiscado instituciones porque “se sienten los dueños de México”, el abanderado de Morena acusó:

“Son tan ingratos que, cuando les convenía, apoyaron a Peña y ahora son los que más lo han ninguneado. Son tan siniestros que lo convirtieron en el payaso de las cachetadas”.

Hicimos un sondeo en Twitter (https://twitter.com/ivonnemelgar/status/992099871237820417) sobre el señalamiento, con tres opciones, y este fue el resultado: El 46% opina que AMLO tiene razón, 43% se inclina por la idea de que el candidato se fue de boca por su enojo, y sólo 11% lo considera un guiño hacia el Presidente.

Con todos los asegunes de este tipo de mediciones, llama la atención el alto porcentaje de quienes avalaron la visión del candidato: “Una minoría rapaz” hace y deshace a su antojo.

En contraste, Anaya, Meade, Margarita Zavala, Jaime Rodríguez Calderón y el presidente Peña cuestionaron que se estigmatice a los empresarios que no comulgan con Morena.

Lo cierto es que en el sector económico hay quienes asumen hasta con simpatía la posibilidad de que el puntero en las encuestas sea el próximo Presidente.

Y, como ha quedado de manifiesto, al interior de ese sector existen grupos preocupados por el presunto costo que podría tener para la estabilidad económica un proyecto que prevé millonarias transferencias de dinero de corte clientelar y populista.

Afirmar que eso sucederá es una mera especulación. Lo cierto es que la narrativa contra “la mafia del poder”, que hace política y negocios, se materializa en el factor empresarial, justo en la recta final de la campaña.

Y en un país donde el Estado ha sido insuficiente para moderar los excesos del mercado, el mensaje de “pueblo bueno” contra “élites malas” encuentra eco.

Por supuesto que México necesita de un Estado fuerte que afronte, en serio, las desigualdades en los servicios de salud, educación y seguridad social.

¿Cuál es el cambio de fondo que ofrece el exjefe de Gobierno capitalino, en cuya gestión se incubó el boom inmobiliario que continuaron administrando Marcelo Ebrard y Miguel Mancera?

Entonces la política y los negocios se llevaron de la mano, como siempre ha ocurrido desde que la Revolución Mexicana se institucionalizó.

Ya el escritor Paco Taibo II se pronunció a favor de un gobierno obradorista que, a golpe de decretos, haga expropiaciones y justicia redistributiva.

Otros colaboradores de López Obrador aclararon que su gobierno respetaría la libertad empresarial.

¿Tienen el PRI de Meade y el Frente de Anaya una contrapropuesta?

¿Existe, en serio, en esta elección un cuestionamiento del modelo de generación de riqueza y el rol del Estado? ¿Alguien está pensando de verdad en romper la mancuerna de la política y los negocios?

La duda es si el problema de López Obrador es sólo con aquellos que no lo respaldan, electoralmente hablando y, por lo tanto, el discurso contra “la minoría rapaz” no es más que eso: Palabras.

Fuente: Excelsior

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