miércoles, agosto 5

Mismo Trump, otro AMLO

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Mismo Trump, otro AMLO

Por Yuriria Sierra

08 de Julio de 2020

Febrero de 2017. Andrés Manuel López Obrador llegó a Los Ángeles, la ciudad con mayor concentración de comunidad mexicana, latina, en Estados Unidos. Una extensión de nuestro país, fuera de nuestro país. Aún era dirigente nacional de Morena; llegó tres semanas después de que Donald Trump tomara posesión como presidente tras una contienda en la que sobra decir cuántas veces se refirió a nuestro país como una enorme piedra en el zapato para el suyo, por decir lo menos. Las amenazas de deportaciones, del levantamiento del muro y los recurrentes calificativos hacia los connacionales que han construido familias, hecho su vida e integrado como pieza importantísima de la economía y sociedad de EU apenas tomaban vuelo. El aspirante que provocó durante la campaña ya era presidente y podía tomar decisiones. Por eso, cuando quien un año después fue nombrado candidato de este lado de la frontera decidió viajar a LA, dar un mensaje de aliento a quienes desde antes de las jaulas y de los centros de detención ya vivían con miedo era importante. En aquel entonces, lo acompañé como parte de la cobertura de Imagen Noticias. Sus palabras retumbaron sobre la mítica Plaza Olvera:

“Estos astutos, pero irresponsables gobernantes neofascistas, quieren construir muros para hacer de Estados Unidos un enorme gueto y equiparar a los mexicanos en general, y a nuestros paisanos migrantes en particular, con los judíos estigmatizados e injustamente perseguidos de la época de Hitler (…) Por eso cuando se erige un muro para segregar a las poblaciones o cuando la palabra extranjero se utiliza para insultar, denigrar y discriminar a nuestros semejantes, se ofende a la humanidad, se ofende a la inteligencia, se ofende a la historia…”.

Ante una plaza llena de mexicanos, de latinos, López Obrador prometió que si el entonces gobierno de Enrique Peña Nieto, que ya había sido duramente criticado por recibir a Trump en Los Pinos meses antes, no acudía a tribunales internacionales por el trato que el ya presidente de EU daba a nuestro país, él tomaría el asunto en sus manos: “Si el gobierno mexicano no interpone en la ONU en los próximos días una demanda por violación de derechos humanos, lo haremos nosotros”. ¿Cuándo?, le pregunté ahí, frente a frente: “Lo más pronto posible, ojalá que el gobierno de México lo haga (…) Vamos a hacer valer los derechos de los migrantes y vamos a defender a los trabajadores mexicanos y de América Latina…”, me respondió. Cumplió aquella promesa, un mes después interpuso aquella demanda en las oficinas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington. Ya durante la campaña de 2018, AMLO no bajó el tono: “México no será piñata de ningún gobierno extranjero…”.

Hoy lleva más de año y medio despachando en Palacio Nacional. El T-MEC, gran anzuelo para ambos durante sus respectivas campañas, ya está en vigor. Sin embargo, también están esas postales de migrantes detenidos, familias separadas, niños enjaulados, fronteras al norte y al sur custodiadas por nuestra Guardia Nacional. Las amenazas arancelarias y los constantes dardos que Trump lanza hacia nuestro país. Están esos tuits, esas declaraciones soberbias de que México pagaría el muro de una forma u otra, junto a esas otras expresiones de amabilidad, casi afecto, hacia López Obrador. Y está también un López Obrador que, particularmente en este tema, ha dejado de actuar como candidato y se ha mostrado dispuesto al diálogo y a la no confrontación. Particularmente aquí. Incluso anotó a Washington como primer destino fuera del país, con el que rompe su línea de “la política exterior es la interior…”. Habrá entendido, tal vez, la urgencia por una postura más institucional, de menos provocación. Aquí, sí. Habrá que ver si resulta su estrategia: la de ser un López Obrador muy distinto al de 2017 el que salude a un Trump que es el de siempre.

Fuente: Excelsior

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