jueves, noviembre 26

Mujeres, adictas, invisibles

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Cuando su pareja empezó a golpearla, Blanca Pérez comenzó a beber alcohol. “Para olvidar”, cuenta esta mujer de 49 años que prefiere no decir su verdadero nombre. A eso le siguieron “siete, ocho, nueve años” de dependencia a esa sustancia. Hace 10 meses ingresó en un centro en Asturias para tratar su adicción y desde entonces se ha mantenido sobria. Es una excepción: las mujeres con problemas de drogas se encuentran innumerables barreras para acceder a los tratamientos, según denuncian diferentes organizaciones, “porque los programas están pensados para hombres”.

“Los problemas de mujeres y hombres no son los mismos y los abordajes tampoco deberían serlo”, señala Yolanda Basteiro, presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas (FMP) en la jornada Género y adicciones, organizada este martes en Madrid. Basteiro insiste en que es fundamental incluir la perspectiva de género en los programas para el tratamiento de adicciones y planes de igualdad en las entidades.

Una de cada tres personas atendidas por la ONG Red de Atención a las Adicciones(UNAD) en 2016 fueron mujeres. Las sustancias que más consumían eran el alcohol, los ansiolíticos y las drogas sin sustancia —móvil, Internet, compras—. Pero en los programas de intervención existe una falta de atención hacia esas drogas, según la organización. “El sistema no entiende ni atiende a las mujeres con problemas de adicciones”, apuntan en un manifiesto presentado este martes, cuando se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Uso indebido y el Tráfico ilícito de Drogas.

Las mujeres drogodependientes acceden menos a los programas de rehabilitación que los hombres, según José Manuel Torrecilla, subdirector del Plan Nacional de Drogas. Las cargas familiares y el “estigma injustificado, que es mayor frente a las mujeres” dificultan que pidan ayuda, según Torrecilla.

“Drogadicta, puta, loca, irresponsable, mala madre, vaga, egoísta, sucia”, son las palabras que se asocian con las mujeres adictas, detalla Elisabeth Ortega, psicóloga y directora del centro de día RED, de Asturias. Cuando ingresan en los programas, ellas cargan con la culpa de no estar cumpliendo con sus “roles” de género, con cierta ambivalencia respecto de la maternidad y con menor apoyo familiar que los hombres, según explica la psicóloga. “Ellos van con sus parejas, su madre, su hermana. Ellas van solas”, añade.

El 86% de las drogodependientes sufre o ha sufrido violencia de género, según datos de la UNAD. Ortega se atreve a ampliar ese porcentaje hasta el 100%. La psicóloga identifica como un agravante que a veces los centros de atención a víctimas de violencia de género rechazan a las mujeres adictas. “El inicio de la adicción se identifica con el malestar causado por la violencia. La violencia y el consumo coexisten toda la vida”, explica Ortega. “Lo primero que tenemos que ofrecerle en un clima de confianza y respeto”, agrega.

Fue el caso de Blanca, que empezó a beber “porque así pasaba los días mejor”. Ella llegó al centro acompañada por su madre y su hermana, según cuenta por teléfono. Tras iniciar su tratamiento, se alejó de su pareja, con quien tiene dos hijos, porque él sigue bebiendo. Ahora vive con su familia y participa de grupos de apoyo con otras víctimas de violencia: “Ayuda mucho porque ves otras experiencias. Y ves que no lo vives tú sola”.

El País

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