jueves, julio 9

Ningún objeto entra al oído

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Un principio básico de vida es no entrar a lugares desconocidos y, particularmente, donde sabemos que encontraremos un mal.

Eso es lo que pasa cuando decidimos “explorar” el conducto de nuestros oídos, ya sea para “asearnos”, para rascarnos o por mera curiosidad.

Aunque no lo sepamos, intuimos que es incorrecto introducir objeto alguno por el agujerito que conduce la audición. Muchas veces, por no decir, casi siempre, el dolor nos dice: “allí no metas nada”.

Por desgracia tanto niños como adultos introducen objetos diversos a los oídos, desde pasadores (“invisibles”), lápices, aplicadores (con lo que acostumbran “limpiarse los oídos”), clips, llaves, rollitos de papel; en fin, innumerables objetos.

Debo ser enfático. Si introducen un objeto al oído, puede acontecer alguno de estos hechos:

Impactar el cerumen que se tiene.

Que quede atrapado el objeto.

Lastimar el oído, en sus paredes, o perforar la membrana del tímpano que, no es poco común.

O puede suceder todo junto. Es nuestra decisión.

Fuente: Diario de Yucatán.

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