domingo, agosto 18

¿Podremos incorporarnos a la modernidad del siglo XXI?

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El ambiente favorable a los negocios en algunos países, el estado de ánimo de sus habitantes y la mejoría en su aspecto son, entre otros, prueba de que han aprovechado el tiempo

Tal cual
ÁNGEL VERDUGO

Una de las más dolorosas realidades que encontramos en algunos países, es constatar cómo han desperdiciado los últimos dos o tres decenios cuando menos; en vez de haberlos aprovechado para ponerse a la par de aquellos países que han venido transformándose en los ámbitos económico y político desde hace una muy buena cantidad de años, nada o muy poco hicieron.

La liberación efectiva que les permitió a los últimos remover una muy buena parte de los obstáculos a la inversión, tanto extranjera como doméstica, se nota en cuanto uno pisa su territorio.

El ambiente favorable a los negocios, el estado de ánimo de sus habitantes y la mejoría en su aspecto son, entre otros, prueba de que han aprovechado el tiempo, así como las experiencias exitosas llevadas a cabo en otros países.

La modernidad está ahí, más que evidente junto con el espíritu emprendedor del cual hacen gala sus habitantes. La facilidad para montar una pequeña empresa y la actitud de la burocracia que facilita el proceso y lo estimula han triunfado sobre las decenas de trámites absurdos que una burocracia corrupta utiliza para extorsionar al que pretende invertir buena parte de su patrimonio.

Por otra parte, dígase lo que se diga, llevar a cabo el proceso que desembocaría en la incorporación exitosa a la modernidad en éste o aquel país, para ninguno está prohibido y, siempre es buen momento para comenzar. En lo que se refiere a la transformación de las estructuras de todo tipo en un país determinado, aquélla siempre enfrentará rechazo y una fuerte oposición; en la vida real, nadie quiere perder —sin dar la batalla para conservarlos—, los privilegios adquiridos.

Las preguntas que deberíamos hacernos en México y en cada país que ha desperdiciado de manera miserable no pocos decenios serían las que rodean a ésta: ¿Por qué?

¿Quiénes habrían sido los responsables? ¿Acaso somos tan ingenuos para afirmar que los únicos responsables son los políticos, sean gobernantes, funcionarios, legisladores y dirigentes de partidos? ¿Y los ciudadanos? ¿En verdad nos tragamos esa rueda de molino que es pensar, que ellos sí estaban dispuestos a perder privilegios y los políticos no?

El haber desperdiciado 20, 30 o más años por no llevar a cabo un proceso que construiría una verdadera y efectiva modernidad en todos sentidos, es responsabilidad de todos: políticos y no políticos, y gobernantes y gobernados. Dejemos de lado ya esa conducta de niños consentidos, de jamás aceptar la responsabilidad por un error cometido y echarle siempre la culpa al otro, y empecemos a madurar.

La brecha entre los países (denominados del Tercer Mundo) allá por los años sesenta del siglo pasado era, casi en todos los casos, si no nula sí muy pequeña en un conjunto amplio de indicadores socioeconómicos. Hoy, esa situación vigente hace medio siglo, es historia o leyenda urbana. ¿Alguien en su sano juicio podría aceptar hoy, que México y Corea del Sur eran muy similares en cuanto a grado de desarrollo, allá por los años sesenta del siglo pasado?

¿Qué fue lo que sí hicieron, y en México no hicimos? ¿Qué hicieron bien los sudcoreanos, y nosotros mal? ¿Qué hicieron los políticos coreanos y qué visión del desarrollo los guiaba, que no pudieron hacer los nuestros y qué visión los guio? ¿Cuál fue la actitud de los coreanos ante los cambios implantados, y cuál la nuestra?

Ante la realidad que construimos, dada la visión que tenemos, ¿podríamos en verdad incorporarnos a la modernidad?

Fuente: Excelsior

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