miércoles, junio 26

¿Por qué no aprendemos de los errores?

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Tal cual

ÁNGEL VERDUGO

Dicen que la mejor forma de aprender es analizar nuestras equivocaciones; ¿por qué nos equivocamos?, y ¿cuáles fueron los errores cometidos?, son, sin duda, dos preguntas útiles que, bien utilizadas, serían las mejores herramientas que podríamos utilizar para, entre otras cosas, diseñar políticas públicas adecuadas que al ponerlas en práctica, se traducirían en un mejor uso de los recursos que por definición, siempre son escasos.

De estar de acuerdo conmigo en lo anterior, ¿coincidiría también en que una gobernación responsable no debería prescindir de esas dos preguntas? ¿Por qué le pregunto lo que parecería obvio? ¿Acaso habría alguien que se opondría a realizar la evaluación del desempeño de todo gobierno, al margen del orden de que se trate, municipal, estatal o federal?

Sin entrar en detalles del desempeño de uno u otro gobierno y su muy probable deficiente evaluación, ¿se ha preguntado usted alguna vez por qué éste o aquel error, es repetido una y otra vez por parte de uno u otro gobierno? ¿Qué los estimula a actuar una y otra vez de la misma manera y, por encima de los mismos resultados obtenidos que rayan en el dispendio más ofensivo, el siguiente gobierno actúa igual o peor?

¿Dónde sucede lo que arriba señalo? ¿Quién podría ser tan incapaz analíticamente hablando, para hacer una y otra vez lo que ha probado ser un completo fracaso? No tengo las respuestas correctas a tanta pregunta, pero lo que sí sé, es que en América Latina, a prácticamente todos los nuevos gobiernos les encanta repetir lo que ha probado ser un completo y costosísimo fracaso. ¿Lo duda?

Veamos casos emblemáticos como el de Cuba y los hermanos Castro y los que hoy están al frente del gobierno —al menos nominalmente—, quienes se aferran a seguir poniendo en práctica políticas que tienen a ese país y su población en la peor de las miserias y sufriendo la más férrea dictadura que ni en los peores años de Batista padeció el pueblo cubano. ¿Y qué decir de Venezuela, de Nicaragua y Bolivia? ¿Y cómo definir a la pareja destructora de los Kirchner quienes, además de una corrupción compulsiva llevaron a ese otrora rico país a la tragedia que es hoy?

¿Por qué no aprender de los errores cometidos? ¿Por qué dejar de lado aquellas dos preguntas u otras equivalentes? ¿Acaso es la ambición por amasar fortunas incalculables en el menor tiempo posible y en total impunidad, lo que explica esa forma de gobernar? ¿Será únicamente eso? ¿Qué papel jugaría la ignorancia en esos procesos de saqueo y dispendio de recursos?

Ahora, veamos las cosas un poco alejados de la dolorosa realidad de cada uno de esos países. ¿Acaso los políticos de los países hermanos, no ven lo que en los otros sucedía, y tampoco los pésimos resultados obtenidos un año sí y el otro también? ¿Acaso son partidarios de que nadie aprende en cabeza ajena? ¿Sería permitido que ese refrán —usado para cuestiones personales—, fuere la justificación casi cínica ante lo que hemos visto en toda América Latina, no una sino varias veces con gobernantes de casi todos los colores políticos e ideológicos?

Dejemos esos países hermanos y veamos el México de hoy; ¿por qué el futuro gobernante y sus eventuales designados pretenden aplicar políticas públicas que han probado, una y otra vez, ser un fracaso? Por el contrario, ¿qué explica que lo que empieza a dar frutos, pretenda ser eliminado?

¿Cómo explicarlo? ¿Acaso la corrupción y la ignorancia, como en otros países, también harán de las suyas aquí?

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