sábado, julio 4

¿Por qué no cede la epidemia en México?

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¿Por qué no cede la epidemia en México?

Por Pascal Beltrán del Río

25 de Junio de 2020

Mañana se cumplen dos meses de que el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que la pandemia del covid-19 había sido domada en México.

Ese día, el reporte de la Secretaría de Salud decía que el país había acumulado 14 mil 677 casos confirmados de contagio y que habían muerto mil 351 personas por la enfermedad.

Sesenta días después, los contagios se han multiplicado por 13 y los decesos por 17. Sin embargo, las pruebas aplicadas para detectar a los portadores sólo han crecido siete veces.

Hasta aquel domingo de abril, habían fallecido en promedio 34 personas al día por el coronavirus. Hoy esa cifra rebasa los 250 y ya es el triple de las personas que mueren asesinadas (81).

De acuerdo con una estimación que el matemático Arturo Erdely, de la UNAM, publicó esta semana en su cuenta de Twitter, si se mantuviere la tendencia de variación porcentual diaria de casos confirmados, México no alcanzaría la cima de la curva epidémica sino hasta dentro de un mes (25 de julio) y todavía para finales de diciembre aún estaría registrando unos mil 200 contagios diarios.

¿Por qué no cede la epidemia en México?

Ayer, mi compañero Rodrigo Pacheco y yo platicamos en Imagen Radio con el epidemiólogo Eric Feigl-Ding, de la Universidad de Harvard, el primer especialista en hacer sonar la alarma a nivel internacional sobre la pandemia.

Unos días antes, en su cuenta de Twitter, Feigl-Ding se había dicho sorprendido por el alto nivel de positividad, superior al 50%, que dan las pruebas de covid-19 en México, lo cual, a su juicio, indica que no está haciendo un número suficiente de exámenes.

“Las pruebas son de una enorme importancia”, nos dijo. “El nivel de pruebas de México, de uno por cada 12 mil 900 habitantes, es extremadamente bajo.

“México necesita hacer más pruebas. El testeo temprano permitió a Corea del Sur superar la epidemia. Porque no es sólo cuántas pruebas se hacen, sino cuándo. El hacer pruebas a tiempo ayuda a identificar los casos, ponerlos en cuarentena, averiguar quiénes son sus contactos más cercanos, hacerles pruebas y poner en cuarentena a quienes resulten positivos.

“Esa la forma de parar epidemias en todo el mundo antes de que haya vacunas. Así paramos la de SARS en 2003. Los países que no hacen suficientes pruebas sufren terriblemente. Por eso, cuando crece el nivel de positividad, quiere decir no hay suficientes pruebas y la epidemia está creciendo.

“De 20 a 50% de las personas contagiadas no tienen ningún tipo de síntoma. Si no se les encuentra, seguirán propagando la enfermedad. Hacer pruebas sólo a quienes tienen síntomas severos o están en el hospital no basta. Porque para cuando se comprueban esos contagiados, ya se está tres semanas atrás en la curva epidémica. Es demasiado poco y demasiado tarde.

“México debe aumentar en al menos diez veces el número de pruebas que está aplicando. Si no lo hace, jamás podrá parar la epidemia, siempre la estará persiguiendo sin alcanzarla. Debemos parar la epidemia, no sólo prevenir la saturación de hospitales. Queremos prevenir, no sólo asegurarnos de que la gente no muera. Eso no es salud pública.

“Los gobiernos deben mostrar liderazgo y ser honestos con la gente. Deben decirles la verdad. Para hacerlo, se tienen que aplicar pruebas. Si las personas saben que los velocirraptores andan sueltos en el Parque Jurásico, no van a intentar entrar en él.

“Las pruebas son parte del control epidémico. Obviamente, el distanciamiento social y el uso de cubrebocas también lo son. El distanciamiento social es importante, pero si no se pueden cerrar todos los negocios, lo cual es difícil, entonces toda la gente tiene que usar un cubrebocas. Todos”.

—¿Deben usar cubrebocas los presidentes?

—Sí, deben usarlo, especialmente en lugares cerrados. En lugares abiertos, depende de cuánta gente haya alrededor. El que los presidentes usen cubrebocas en público manda una señal a los gobernados de que es importante. Si 95% de la gente usara cubrebocas –uno sencillo, de tela–, no necesitaríamos cerrar la economía.

Fuente: Excelsior

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