domingo, agosto 9

¿Por qué no hacemos cosas diferentes, de manera diferente?

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Economía sin lágrimas

ÁNGEL VERDUGO

En mayo del año 2014 escribí una colaboración en Excélsior bajo el título: ¿Cómo esperar resultados diferentes si seguimos haciendo las mismas cosas? De interesarle, aquí podría leerla: http://www.excelsior.com.mx/opinion/angel-verdugo/2014/05/28/961802

Casi cuatro años después, hemos de reconocer que durante ese tiempo nos dedicamos a hacer las mismas cosas de la misma manera; lo peor es que estuvimos —quizás con la esperanza puesta en un milagro— a la espera de resultados diferentes. ¿En cabeza de quién cabe esa locura, esperar algo diferente cuando hemos hecho lo mismo durante años, y además lo hacemos de la misma manera? ¡En la cabeza de nuestros políticos!

Si revisáremos lo hecho durante una buena cantidad de años en materia laboral, en lo que tiene que ver con el campo y también con la política y los partidos –entre muchos otros campos de la vida del país–, encontraremos que esa forma de llevar la gobernación podría resumirse así: Hacer lo mismo, de la misma manera. Esto es lo nuestro, lo que bien se nos da; nada de innovar para cambiar la forma de hacer las cosas, y jamás de los jamases hacer otras que no sean las conocidas desde hace decenios.

Frente a los resultados obtenidos, ¿por qué a nadie se le ha ocurrido hacer lo mismo de manera diferente o hacer algo diferente de la misma manera o en el extremo?, ¿por qué nadie ha propuesto hacer cosas diferentes, de manera diferente? ¿Acaso es el síndrome Fidel Velázquez, por aquello de “El que se mueve no sale en la foto”? ¿O el síndrome del remador, por lo de “No hagan olas”?

Sea cual fuere la causa, la realidad nos ha demostrado desde hace años que, por más que maquillemos las cosas que hacemos o las disfracemos para dar la idea de que la forma de hacerlas es diferente, no obtendremos resultados diferentes.

A esta visión de la gobernación, extendida y profundamente arraigada en nuestra clase política, debe agregarse un elemento que quizás explicaría por qué gobernantes y funcionarios —junto con legisladores y dirigentes partidarios— hacen lo mismo que anteayer, de la misma manera: La defensa de sus privilegios.

Esto último me lleva a una obligada aclaración: sí hay en el sector público, Congreso de la Unión y los partidos —incluso en el sector privado (pocos, pero los hay)— personas que se dan cuenta de la locura y el dispendio que son seguir haciendo lo mismo, de la misma manera; sin embargo, su interés y búsqueda por cambiar para hacer cosas diferentes de la misma manera o las mismas de manera diferente, o de manera diferente cosas diferentes, se topan con los que, asentados en las posiciones alcanzadas, ahí donde se toman las decisiones fundamentales para el avance del país, hacen lo imposible por preservar sus privilegios, y para ello, matan toda iniciativa.

Ante este obstáculo que representan las decisiones del que con poder frena todo intento de cambio, por pequeño que sea, ¿qué hace el que se da cuenta de lo dañino que es para el país que se haga lo mismo de la misma manera? Deja el sector público para buscar en el sector privado un espacio más receptivo al desarrollo de mejores soluciones y la elevación permanente de la productividad. Sin embargo, en no pocas ocasiones el frentazo aquí es más doloroso que en el sector público.

¿Qué le queda entonces al inquieto? Irse a otro país a buscar un ambiente propicio para la innovación y la iniciativa individual. Con su salida él gana, pero pierde el país que invirtió en él y luego lo expulsa; pierde también el sector público porque se fortalece una burocracia ignorante y corrupta y pierde también el sector privado, que no eleva su productividad y, en consecuencia, las empresas y la economía en su conjunto se estancan.

¿Acaso eso es lo que queremos mantener, haciendo lo mismo de la misma manera? Todo así lo deja ver. ¿Cambiará esto algún día?

Fuente: Excelsior

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