¿Por qué nos hace llorar la cebolla?

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La cebolla tiene un sinfín de propiedades. Es un ingrediente básico en muchas de nuestras comidas, les agrega un toque extra delicioso, aunque es común que al rebanarla se nos irriten los ojos y nos haga llorar.

Pero te has preguntado ¿por qué?

La culpable es la mezcla de una enzima presente en sus células, la alinasa, y determinadas moléculas de la cebolla.

Al mezclarse tras el corte, la reacción química producida produce un gas sulfúrico, el propanotial-S-óxido.

Este gas se transforma en ácido sulfúrico al hacer contacto con el ojo humano, que pone en funcionamiento a las glándulas lagrimales.

Pero ¿qué más sabemos de la cebolla?

Los cultivos de cebolla ocupan unos tres millones de hectáreas a lo largo del planeta.

Es una de las hortalizas más demandadas, junto con el tomate, y la quinta con mayor volumen de exportación.

En los últimos años se reportó que la demanda mundial de cebolla aumentó al menos 16%, sobre todo en los mercados de Norteamérica, Europa y Asia, lo que coloca a esta hortaliza como la segunda de mayor producción en el mundo.

Una buena parte se concentra en países de la Unión Europea como Reino Unido, Alemania y Francia.

Una ración de cebolla de 150 gramos cubre el 48% de la ingesta recomendada de vitamina C. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta vitamina es termosensible: al cocinarse se pierde gran parte de este valor nutricional. Es la misma vitamina C la que le proporciona agentes antioxidantes, ya que contribuye a proteger a las células para que no se oxiden. Su aporte calórico es muy limitado, en cambio, así como la presencia de proteínas e hidratos de carbono.

Compuestas en un 90% por agua, las cebollas son ricas en flavonoides. Se trata de unos compuestos que generalmente podemos encontrar en los frutos rojos, pero también en el chocolate negro o en la soya.

Los flavonoides cuentan con numerosas propiedades: proporcionan mejoras en la salud cardiovascular y una mayor resistencia capilar, disminuyen el colesterol o protegen el estómago y el hígado.

Entre esos flavonoides, son los antocianos los que también contribuyen a que este alimento cumpla una función antioxidante. Lo bueno de estos compuestos es que no son termosensibles, como es el caso de la vitamina C, y se conservan tras el cocinado de la cebolla.

Al igual que la berenjena, se sabe que la cebolla proviene de Asia. Sin embargo, los expertos no son capaces de precisar la localización exacta.

Todos ellos coinciden en que los seres humanos han cultivado este producto desde la Edad de Bronce, hace más de seis mil años.

Un poco de historia

Los primeros registros escritos sobre este vegetal se encontraron en tablillas babilónicas, procedentes del 1700 o el 1600 antes de Cristo. Muchos estudiosos se basan en estos testimonios para datar su procedencia en Oriente Medio. Otros en cambio creen que su origen se encuentra en regiones de Asia Central como los actuales territorios de Pakistán o India.

Una de las civilizaciones más influyentes de la Edad Antigua creía que las capas concéntricas del alimento simbolizaban la vida eterna. Se han encontrado restos de cebollas en las necrópolis del Antiguo Egipto, quienes se enterraban con objetos que consideraban útiles para su paso al más allá. A Ramsés IV le enterraron en el conocido Valle de los Reyes con restos de cebollas en las cuencas de sus ojos. Además, muchos sacerdotes de la antigua religión politeísta egipcia han sido dibujados con cebollas en sus manos durante ceremonias de culto. Este alimento constituía la base de muchos de los esclavos que trabajaban en la construcción de las pirámides, ya que era un alimento barato de producir. Los griegos y romanos también alimentaban a sus atletas y gladiadores con ellas.

En 1864, tres años después del estallido de la guerra de secesión estadounidense, Abraham Lincoln asciende de rango a Ulysses S. Grant como comandante general del bando unionista. Ocurrió durante uno de los episodios más destacados de la contienda: el asedio de la capital confederada de Richmond (Virginia), descrita por los personajes de La isla misteriosa de Julio Verne. Grant, que se convertiría cinco años más tarde en presidente de los Estados Unidos, envía un telegrama al Departamento de Guerra en Washington donde reclama una mayor presencia de cebollas en la dieta de los soldados norteños. Entre otras reclamaciones, en el texto se puede leer la siguiente cita: “No moveré a mi ejército hasta que éste no tenga cebollas”. ¿Los motivos? Además de sus cualidades nutricionales, este alimento posee propiedades antisépticas, que permite desinfectar heridas comunes o picaduras de insectos.

Recomendaciones para cortar la cebolla sin que se irriten los ojos:

1.-Usa lentes de cocina para proteger los ojos.

2.-Corta la cebolla bajo agua fría. Los compuestos volátiles sulfurados se liberarán pero reaccionarán con el agua en lugar de alcanzar tus ojos.

3.-Congela la cebolla durante unos 10 minutos antes de cortarla. Así la temperatura fría de la cebolla ralentizará la reacción que da lugar a esos compuestos sulfurados volátiles.

4.-Un cuchillo filoso es muy importante, ya que se hace preciso el corte y se desgarran menos capas de cebolla.

5.-Si uno sabe cortar rápidamente es la manera ideal porque las emisiones serán más cortas y afectarán mucho menos los ojos.

Pero no hay mal que por bien no venga: si se tienen en cuenta los beneficios físicos y psicológicos que aporta el llanto, la cebolla es un alimento sin apenas desventajas o contraindicaciones.

Fuente: Noticieros Televisa

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