domingo, octubre 13

Reflexiones sobre Estado, Derecho y Sociedad

0
227

deyabella

La forma en que se relaciona el Derecho con el Estado y la Sociedad, así como la importancia de dicha unión podría plantearse en términos de la siguiente metáfora: La sociedad es como un cauce conformado por seres humanos, racionales, con voluntad, sociales por naturaleza, desde la que fluye el río del Estado, dinámico, poderoso y muchas veces impetuoso, el que requiere para no desbordarse en su ejercicio, de las barreras naturales y lógicas del Derecho, la normatividad, para no incurrir en abusos del poder, y promover el Estado de Derecho. La importancia de la relación entre estos tres bastiones ligados a la vida humana es que son elementos fundamentales de un sistema integral que no puede dividirse en la realidad, sólo conceptualmente y para fines académicos. Si lo hiciera, tendería a unirse de nuevo cada parte para conformar el todo, que llega a ser más en total, que la suma de sus partes, en concordancia por lo planteado en la teoría alemana de la forma o Gestalt. Nadie se baña dos veces por el mismo río, es la concepción de Heráclito de Éfeso gestada en la antigua Grecia, pero aplicable para entender la ocurrencia de distintos fenómenos actuales, incluyendo al Estado y sus vicisitudes. Puede “parecer” el mismo río, pero el agua es distinta. Las dos moléculas de hidrógeno más una de oxígeno, en compañía de microorganismos de la más variada índole, se estamparían en nuestra piel una vez, y no en la siguiente. De la misma forma, desde mi punto de vista, considero que ninguna sociedad vive al Estado de la misma forma, ni pasa dos veces por sus aguas, ya que está en continua metamorfosis, aunque los elementos constitutivos a nivel atómico sean los mismos.

Al respecto, el cauce de la sociedad, con el consecuente respeto a la dignidad de cualquier ser humano no es un asunto negociable. El pleno respeto a cada persona y familia conformada como grupo base, es un asunto de Estado, y la normatividad relacionada, debe aplicarse en la vida cotidiana, no siendo solo letra muerta, en un Estado de Derecho verdadero y no uno que se plantee como un utópico ideal, pero jamás trascienda a una necesaria realidad. De acuerdo con Dabin, J. (2003), el origen del Estado, se da cuando de manera natural, surge una asociación ordenada entre seres humanos, pero los trasciende en el sentido de que no está sujeto a la voluntad de particulares, y parte de una necesidad de lograr el bien común, a través de ser un instrumento activo, regulado y con poder coactivo, para tal efecto. La asociación supone la integración de esfuerzos individuales en una fuerza común grupal, con la finalidad de conseguir un mismo objetivo. En este sentido, la parte de la Filosofía Clásica que versa sobre el Fundamento Jurídico del Estado, de la cual se desprende la Teoría de Hauriou, explica que el “consentimiento consuetudinario”, parte esencial de la asociación, se forma en concordancia con las reglas de derecho consuetudinario, es decir, toda acción debe obedecer las reglas del juego, no puede hacerse lo que se quiere en detrimento de los demás, sino lo que se debe, a favor de uno mismo y de otros. Es por ello que por ejemplo, la organización de distintas instituciones y las decisiones judiciales, se producen dentro de un sistema social, compuesto por personas de valor indiscutible, también conocido como usus communis,  que da a luz a la opinio juris o carácter jurídico.

Con lo anterior, puede entenderse al Estado como producto de una formación histórica, pero también jurídica, ya que al mismo tiempo es consuetudinaria. Sin embargo, el origen del Estado de este modo, no se justifica plenamente, debido a que el consentimiento, pese a ser consuetudinario, al reunir dos características como lo son el ser duradero y continuo, puede rehusarse o ser retirado, diciendo Haurriou al respecto: “No puede hacerse a esta doctrina más que una objeción, y es la que hace descansar la existencia de los Estados sobre el consentimiento de los pueblos. Pero ¿se cree que con cualquier otra doctrina podrían subsistir en contra de ese consentimiento?”. La cuestión, si se analiza finamente, termina siendo de Derecho, ya que el objetivo es saber si existen razones o no, que obliguen a los pueblos a consentir de tal o cual forma. Ante ello, Hauriou propone una solución “Y después, es preciso contar con la idea de la cosa pública, que es el alma del Estado, que puede obrar sobre las inteligencias de los hombres y mantener sus voluntades. Los Estados perdurarán en tanto que los hombres comprendan todo lo que significa para el bien común la idea de la cosa pública y en tanto que crean en ella. ¿Qué más puede hacerse que obrar sobre las inteligencias y las voluntades? De esta forma, Hauriou, da una respuesta magistral al tema, desde mi punto de vista, al reconocer que es a través de la conceptualización del impacto que la cosa pública tiene sobre la psiquis individual y colectiva, cuyo sentido último es el bien común, para lo cual se torna necesaria la normatividad, con la finalidad de regular las interacciones, estableciendo el respeto a los derechos ajenos y propios, así como limitando el poder del Estado a través de por ejemplo, las Constituciones.

Por su parte, Galindo, M. (2006) distingue entre los orígenes material o histórico, y formal, del Estado. Señala que al primero, se le dificulta precisar el nacimiento del Estado como unidad colectiva o de asociación, asentada en un territorio determinado, dotada de poder jurídico originario, pero si es posible tipificar al Estado moderno, ubicándolo dentro de la Edad Moderna, aunque en las antiguas Grecia y Roma, se encuentran vestigios de instituciones con varios de los elementos que hoy forman parte del Estado. Como realidad sociológica, los antecedentes del Estado se generaron de forma histórica, por la intervención de dos factores esenciales: la conversión de los pueblos nómadas al sedentarismo y el ensanchamiento de la familia, el grupo social primitivo. El nacimiento del Estado se condiciona al de la propiedad privada, coincidiendo en este punto, con la concepción de Rosseau, Marx y Engels, pudiendo resumirse lo anterior en esta célebre frase del primero: “El primer hombre que habiendo cercado un terreno dijo: esto me pertenece y halló gente lo bastante sencilla para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil”. En cuanto al punto del acrecentamiento familiar, ello dio origen a los Estados patriarcales, los cuales al ensancharse aún más dieron paso a los Estados gentilicios, conformándose por las gens, que desembocaron en las tribus, de las cuales nació el Estado, aunque rudimentario, ya con las características que lo distinguirían como tal.

Sin embargo, el nacimiento histórico del Estado, se da en Grecia, con los pensamientos de Platón y Aristóteles, exponiéndose la organización política de la “polis”, en la que se realizaba una división de órganos y funciones, así como un reparto de competencias, que pueden considerarse como un antecedente del Constitucionalismo. En Roma, específicamente con Augusto, el poder se centraliza, pero se debilita durante la edad media, debido de manera principal a: el pensamiento político y jurídico donde no existía una distinción clara entre el Derecho Público y el Derecho Privado; la pugna entre el Emperador y el papa, representante de la religión dominante; y la descentralización del poder político, propio del feudalismo. El Estado como tal, nace al fin, tras una metamorfosis influida por múltiples factores, debido principalmente a: la centralización del poder con la aparición del absolutismo, creando Maquiavelo el concepto del Estado Moderno; la entrada en escena del nacionalismo y el mercantilismo; y el surgimiento del concepto de soberanía con Juan Bodino, quien afirmó que el poder del Estado, es tal, que no existe otro superior a él, autores con los que de manera personal, no concuerdo en absoluto, pues para mí el fin no justifica los medios, y creo que el poder de Dios, y no de un Estado o una religión como se le concibe tradicionalmente, está por encima de toda creación y sujeto creado. Pero esa, es harina de un costal diferente, aunque en mi opinión, relevante y trascendente.

Para finalizar, y tras realizar la pertinente investigación a través de diversas lecturas, puede concebirse al nacimiento del Estado como un evento propio del Renacimiento, el cual debe encontrarse de manera ideal, en la voluntad soberana de un pueblo, erigida en constituyente, que a través de su Ley suprema, la Constitución, entrega la forma de su estado y gobierno. Pese a ello, la realidad es muy distinta, ya que no necesariamente la voluntad soberana de una comunidad social, asentada en un territorio determinado, deriva en el nacimiento de un Estado, como lo ha demostrado la historia, pudiendo no ser reconocido como tal por la comunidad internacional, aunque exista. Aún hay mucho por hacer, y un paso a la vez, con solidez (normatividad), es lo concerniente. Es cuanto.

 

 

 

Referencias

Dabin, J. (2003). Doctrina General del Estado. Elementos de Filosofía Política. Universidad Nacional Autónoma de México.

Galindo, M. (2006). Teoría del Estado. Sexta Edición. Editorial Porrúa: México.

 

MPOV. Deyanira Trinidad Álvarez Villajuana

Perito en Psicología certificada por el Poder Judicial.

Estudiante de la Licenciatura en Derecho UNAM.

Sitio web: www.deyav.com

FB: /deyaalvarezvillajuana

Tel. 926-06-19   Cel. 9991-20-66-69

Comments are closed.