domingo, julio 21

Se engrosan las filas de comerciantes informales

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Las adversas condiciones económicas registradas en estados como Oaxaca y Chiapas, donde muchas poblaciones resienten aún los efectos de los sismos de septiembre del 2017, han provocado una importante migración de familias en busca de un mejor futuro, a las que se suman los inmigrantes centroamericanos que huyen de la violencia en sus países.

Sin estudios o con estudios mínimos, algunos apenas sabiendo leer y escribir, al llegar a Cancún descubren que el destino no es el paraíso que imaginaron en el que se encuentra trabajo sin ningún problema y por lo general, terminan engrosando las filas de los comerciantes informales, que proliferan por toda la ciudad.

De por sí, la falta de empleos bien remunerados que permitan sostener a una familia con dignidad, aunado a la pérdida del poder adquisitivo, ha provocado un incremento en el comercio informal, tanto en los tianguis o mercados sobre ruedas como en la vía pública, lo que conlleva un importante crecimiento de ambulantes de todo tipo de productos.

Desde hortalizas traídas directamente de pueblitos de Yucatán hasta bolsas de basura “a nueve por diez pesos”, pasando por cigarros sueltos, dulces, palanquetas, aguas frescas, bebidas energéticas y todo lo que se pueda vender, los ambulantes por lo general ofrecen sus productos a precios mucho más asequibles a los del comercio formal, lo que propicia que su demanda sea mayor en unos tiempos en los que el ciudadano promedio vive con su presupuesto bien medido, absteniéndose de ciertos lujos que antes eran habituales, como una salida al cine o una cena en familia fuera de casa.

Muchos ambulantes, generalmente personas de bajo nivel educativo o recién llegados a Cancún, encuentran en la informalidad su única fuente de ingresos, mientras otros se lanzaron a la actividad como una manera de incrementar la entrada económica a sus hogares, por lo que se vuelve común encontrar personas que aportan con las ventas en la calle un extra al salario fijo de otro miembro de la familia, que tal vez antes alcanzaba para cubrir las necesidades básicas y actualmente quedó pulverizado por los incrementos en productos y servicios.

Prácticamente no hay crucero en el que no se instalen por lo menos dos ambulantes, que durante largas horas intentan comercializar sus productos u ofrecen espectáculos generalmente de malabares, cualquier cosa es buena para llevar unas monedas a la casa que permitan solventar los gastos.

Destacan los jóvenes, algunos casi niños, de origen chiapaneco y guatemalteco que cargan una caja de madera en la que exhiben golosinas, chicles, palanquetas y cigarros sueltos, que claramente violan la ley en virtud de que su venta está totalmente prohibida por la Cofepris, pese a lo cual se manejan en total impunidad, sin que autoridad alguna les retire de la vía pública ni mucho menos decomise su mercancía.

En algunos cruceros los informales trabajan casi codo con codo, al encontrarse hasta cinco personas que ofrecen distintas mercancías, entre las que destacan aguas frescas, bebidas energizantes, tepache, paletas y todo lo que pueda imaginarse, sin faltar los limpiaparabrisas que, se solicite o no el servicio, siempre están dispuestos a exprimir su botella con agua jabonosa sobre el vidrio en tanto el semáforo permanece con la luz roja prendida.

Fuente: PorEsto

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