lunes, septiembre 16

Ser torero es la aspiración de muchos niños y jóvenes locales

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Ningún espectáculo es tan impresionante y genuinamente humano como la fiesta de toros. Ninguno tampoco lo supera en solera y sabor popular. Su pintoresca belleza, el ambiente de apasionamiento que lo rodea, su trágico misterio vital atraen poderosamente a miles y miles de seres humanos. Una de las acepciones gramaticales de la palabra TOREAR, o de LIDIAR, es: BURLAR LOS ATAQUES DEL TORO PRACTICANDO LAS DISTINTAS SUERTES HASTA DARLE MUERTE, HECHO TODO CON EL MAYOR LUCIMIENTO. De aquí se deduce, que el ejercicio de tal actividad exija la conjunción de seres humanos, y un animal cornúpeta que embista cuando lo citen.
Cuando esto sucede y se vuelve un espectáculo, podemos afirmar definitivamente, que EL TOREO es una forma de vida… o tal vez mejor dicho, una forma de entenderla.
Se necesitan, pues, TOROS Y TOREROS. Quienes al protagonizar este espectáculo de una forma más cruda y evidente, son los TOREROS, y los llamamos así, a todos aquellos que se visten de luces y salen al ruedo, de oro o plata, a pie o a caballo, a enfrentarse al toro. Toreros son también quienes lucen traje “corto y campero”, o casaca portuguesa “a la Federica” y lidian reses a pie o desde lo alto de una cabalgadura, quienes hacen “pegas” a cuerpo limpio y yo diría también quienes se enfrentan a un becerro o a una vaquilla para dar lances lucidos, llamados “aficionados prácticos” o aprendices de toreros. Toreros son todos, es vano recordarlo, pero hay, claro está, grados y categorías a tenor del mérito de lo que se realice ante y con la fiera. Todo lo que se haga ahí delante, apostando un riesgo en el empeño, tiene su importancia, pero lo más difícil, lo menos accesible para la gran mayoría de esos personajes que componen el conjunto seres que salten al ruedo es, sin duda, LIDIAR Y DAR MUERTE A UN TORO CUAJADO, DE LA MANERA MAS RITMICA y ARTISTICA POSIBLE. Por eso hay “figuras del toreo”, diestros que mueven a las masas y que pueden llegar a aumentar sus cuentas corrientes con cifras multimillonarias.
Son esos hombres especiales que forjan la leyenda de este espectáculo, artistas que nos deleitan, y que al paso de los años van sumando experiencias y respetos hasta merecer ese grado superior que ni se adquiere ni se compra, pues sólo lo otorgan compañeros, públicos y periodistas, quienes los califican de “MAESTROS”. Todos los chicos y jovencitos que se inician en la profesión, sueñan en llegar algún día a ese nivel, al de la fama y el prestigio, al del dinero y la gloria. Pero como dice el letrero que preside el pabellón cubierto de una Escuela Taurina en España: “Ser figura del toreo es casi un milagro”. Y puede también valer aquí, la tan usada frase bíblica acerca de la entrada al reino de los cielos, donde “MUCHOS SON LOS LLAMADOS Y POCOS LOS ESCOGIDOS”.
Y para que estos pocos puedan ser escogidos, se necesita de la cooperación total del torero: un aprendizaje consciente, una preparación física excelente, una afición tremenda, un amor inconmensurable a la profesión, una gran responsabilidad profesional, una constante mentalización, y un valor a toda prueba.
“Quiero ser torero”, es la aspiración de tantos niños y jóvenes que se enamoran de esta profesión, de este arte, de esta fulgurante y emocionante fiesta que lleva a tantos aficionados a los tendidos de las Plazas de Toros, atraídos por la fama y la gloria, por las recompensas económicas que llegan a percibir quienes lleguen a la cima.
Todo el que comienza, sabe perfectamente lo que cuesta llegar… pero nunca dejará de haber aspirantes. Por eso es la más bella de todas las fiestas.

Fuente: Por Esto

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