domingo, agosto 25

¿Si no alcanzaren los recursos, qué y cuánto recortarían?

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Ángel Verdugo
Economía sin lágrimas

Por encima de las estridencias de quienes, sin el menor interés en analizar sus dichos, aplauden ocurrencias y declaraciones de los eventuales (eventual: sujeto a cualquier evento o contingencia) secretarios del gabinete de López, hay un tema que parece imponerse sobre la palabrería hueca de las loas sin sustento el cual, dada su importancia e impacto en las decisiones que en pocas semanas tomará el candidato triunfador en la elección presidencial (no se enojen; hoy es eso, nada más), debería atraer nuestra atención.

Me refiero, a no otro que la suficiencia o insuficiencia de recursos públicos para sufragar —de manera sana—, tanta dádiva y beneficios sociales para millones de mexicanos sin exigirles algo a cambio. Puesto de otra manera, así se leería: ¿alcanzarán o no los recursos?

Todo aquél que fuere un poco más allá de las afirmaciones que preocupan por su vaguedad o carencia total de precisión, lanzadas ellas sin el menor cuidado por el eventual secretario de Hacienda (si no lo bajaren antes) a partir de este 1 de diciembre, doctor Carlos Urzúa, lo que descubriría —por más vueltas que diere al asunto—, sería que los recursos del erario no alcanzarían para dar tanto, a tantos.

Por otra parte, si tomáremos como buenas las afirmaciones de López (repito: Candidato Triunfador, nada más) en el sentido de no elevar las tasas vigentes de los impuestos actuales, tampoco crear nuevos y menos aún, contratar más deuda, la única vía para satisfacer tanto afán justiciero sería, no otra, que recortar gasto para que, con ese monto ahorrado, sufragaren de manera sana tanto beneficio social anunciado urbi et orbi.

De aplicar esto último, tanto los mercados como los agentes económicos privados reconocerían la justeza de la medida, y aplaudirían la responsabilidad implícita por ser muy positiva para una gobernación responsable e inteligente. De ser entonces así, la pregunta saltaría incontenible: ¿Qué programas recortarían?

Antes de responder a esa pregunta, hagámonos otras de índole similar: ¿se atrevería López a realizar recortes de cierta consideración a algunos de los programas sociales vigentes pero ineficaces? ¿Cómo vendería el nuevo gobierno a sus seguidores dicha medida, impopular y dolorosa a la vez que responsable? ¿Cuál sería la respuesta de quienes jamás imaginaron que una medida así, impopular y dolorosa pero necesaria y correcta, la verían de parte del que es la personificación del gastar-dar o dar-gastar sin recaudar?

Todo político, más temprano que tarde, se enfrenta a decisiones como ésta: ¿qué programas sociales o qué partidas presupuestales recortar, y cuánto a cada uno de ellos y a cada una? Pronto, más de lo que se imagina, la realidad —con su crudeza y frialdad— se hace presente; el político que pretendiere, una vez en el gobierno o en el parlamento o congreso, querer gobernar o legislar gastando-dando sin prestar atención a lo fundamental de toda gobernación —captar para utilizar correctamente lo captado—, llevaría a su país y la economía, al caos.

¿Qué sucederá entonces con las ocurrencias expresadas en los pocos días transcurridos desde el domingo 1 de julio? ¿Quién se atreverá a decirle a la jovencita que eventualmente ocupará la STPS, que no hay recursos para ese programa elefantiásico con el que sueña? ¿Quién se atreverá a decirle a López, que más temprano que tarde —de seguir adelante con tanta ocurrencia y dada la necedad que le conocemos—, deberá entender la imperiosa necesidad de llevar a cabo una reforma fiscal?

El camino escogido por López el cual, nadie de los mencionados para ocupar —eventualmente— una secretaría o dirigir alguna dependencia se atreve a cuestionar, pronto les presentará una bifurcación: o al abismo fiscal, o a la prudencia y mesura en materia de gasto.

¿Por cuál optará López? ¿Lo sabe? Pronto deberá decidir.

Fuente: Excelsior

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