miércoles, diciembre 1

Suicidio en Yucatán: un mortal tabú

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Es necesario empezar a hablar, como sociedad, para generar cambios de fondo y frenar decesos

En general, las conductas se vuelven tabúes porque despiertan en las personas emociones negativas y abren discusiones complejas para las que sienten no estar preparadas.

Según la percepción clásica, un tabú es toda aquella conducta que una sociedad prefiere evitar por considerarla como inaceptable o incorrecta e incluye ámbitos que generan miedo o pudor entre sus miembros, como la sexualidad, los crímenes y, por supuesto, la muerte. Según los expertos en salud mental, en Yucatán, precisamente estas razones han llevado a que, desde hace algunos años, el suicidio se convirtiera en un tabú.

Aunque la muerte autoinfligida es una de las principales causas de decesos en la entidad, localmente poco se habla de ella: se sabe que es un problema prevaleciente, incluso que va en aumento, pero existe rechazo a la hora de ahondar en sus porqués y la gente se limita a obtener su conocimiento respecto al mismo de las películas o la televisión.

Con la llegada del Covid-19, Yucatán, como el resto del mundo, ha tenido que hacer frente a un panorama de salud mental muy complejo. Cada día hay más reportes de intentos de suicidio por los altos índices de ansiedad y depresión en toda la entidad, y las políticas promovidas para hacerles frente parecen ya no ser suficientes.

En esta coyuntura de crisis, ignorar el tema de la muerte infligida ya no es posible. Es necesario empezar a hablar, como sociedad, del elefante en el cuarto para generar cambios de fondo que nos permitan frenar el alza de decesos.

¿Cómo llegamos hasta ahí?

En realidad, desde hace al menos una década, Yucatán se ha mantenido como una de las entidades en el país con las tasas más altas de suicidio. Dicha prevalencia es multifactorial, con causas que van desde la cultura local tradicionalista hasta la renuencia social a darle un peso importante al cuidado de la salud mental.

Por ejemplo, la falta de sensibilización respecto a la necesidad de obtener ayuda sicológica temprana ha impactado fuertemente en el tema, pues las personas sólo acuden con los especialistas cuando se encuentran al borde del colapso. Como muchos expertos señalan, quienes planean suicidarse lo hacen porque sienten que ya no tienen otra opción o que llegaron al final de su camino.

Un sondeo informal también demostró que otro de los agravantes ha sido el hecho de que los yucatecos tienden a minimizar el tema porque piensan que el fenómeno es algo extraño “que le pasa a otras personas”. Debido a la conjunción entre temor y desconocimiento, muchas personas saben poco del tema o limitan su conocimiento a lo que han visto en algunas películas o a información sicológica muy general.

Respecto a los datos exactos, actualmente no existe, ni en la entidad ni en el país, una base centralizada para acceder a una numeralia oficial sobre los suicidios. La información disponible proviene del reporte anual que emite el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) sobre el número de muertes autoinfligidas y la cobertura de prensa local; ninguno de los anteriores detalla las razones de las muertes ni contabiliza los intentos fallidos.

Finalmente, diversos sicólogos han señalado que en el estado, la gente prefiere no hablar del tema por el temor a encontrar patrones reconocibles en las conductas de los suicidas: las personas se quitan la vida por sentirse abrumadas con temas comunes: trabajo, familia, miedos. Ver reflejado a algún familiar o conocido en dichas conductas, o peor aún, a uno mismo, es motivo suficiente para ignorar el tema hasta que este se vuelva una crisis.

Hacia un estado de salud mental

Mientras sigamos fingiendo que el suicidio no existe en Yucatán, no podremos enfrentarnos a él: necesitamos aceptar que es una amenaza real, va en aumento, y nos puede golpear a todos en cualquier momento. Sólo entonces podremos empezar a exigir más información, datos más exactos y políticas certeras que realmente ayuden a acabar con el problema.

La crisis iniciada por la pandemia en la que todos nos encontramos inmersos nos obliga a trabajar con más fuerza en la sensibilización sicológica y en fomentar que las personas acudan a los expertos cuando se sienten mal, pues el primer paso hacia la buena salud mental es reconocer nuestros problemas y hablar de ellos.

Las sociedades acaban con sus tabúes cuando los naturalizan y les quitan todos aquellos aspectos que les generaban temor. Para acabar con el repunte de los suicidios en Yucatán y salvar vidas, todos debemos empezar a hacer lo mismo.

Líneas de ayuda:

https://www.facebook.com/ECOescueladeconciencia

9991 10 1917

9 41 64 26

057

baquedano@yahoo.com

Línea gratuita de apoyo a la salud mental: 01-800-00-00-779.

Línea gratuita del IMSS: 800 2222 668 opción 4

Salvemos una Vida AC, 999-924-59-91.

Programa Integral para la Atención del Suicidio (PIAS), 9993-10-36-62 y al correo programapias@hotmail.com

Alianza Nacional de Salud Mental (NAMI) 24 horas: 800-950-6264.

Fuente: La Jornada Maya

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