martes, abril 7

“Una caridad, por el amor de Dios”

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Romeo Frías Bobadilla

En un abrir y cerrar de ojos

“Una caridad, por el amor de Dios”, es la primera frase que se aprenden los mendigos cuando se lanzan al negocio de pedir dinero.
Hay individuos, hombres y mujeres que en realidad necesitan la ayuda para poder comer y otros, que lo hacen sin necesidad, ya que tienen familiares que los pueden mantener.
El 80 por ciento de los limosneros son profesionales para estas cosas y les rinden buenas ganancias porque para ellos es una empresa donde, según la habilidad del limosnero, es el margen de utilidades que obtienen.
Si usted investiga la vida de alguno de ellos, se sorprende de saber cuánto tienen. Hay una mujer que en un principio arrastraba a una niña en un carrito y luego dejó el coche para andar en muletas, que tiene la medicina como negocio.
Las personas que la conocen, aseguran que es como la de los circos. Trabaja por temporada en un lugar y cuando ya está muy vista se va a otro.
La mendicidad, repetimos, es una necesidad para algunos, porque tienen que comer, pero para otros es un estupendo negocio.
Y lo más curioso de todo es que la gente fácilmente cae en el timo. “Una caridad para los gemelitos. Y usted responde con una moneda. “Una ayuda para mi mamá que está enferma. También se oyen sonar las monedas en la bolsa. “Me ayuda usted para el novenario a San Goloteo”. Y, desde luego, hay ayuda.
Pedir limosna es muy fácil. Acierte usted a ponerse un sombrero raído, con unas gafas negras y los brazos vendados en la esquina de El Cordobés y verá cómo le van cayendo los pesos en su cajita, sin que nadie se ponga a averiguar si lo necesita o no. Lo único que tiene que manifestar con todo descaro es su desfachatez.

Fuente PorEsto

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