jueves, abril 2

Universitarios de EU son “adoptados” por familias mayas

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Programas de Inmersión Cultural en Yucatán funciona desde 1994

“La interculturalidad está en función del respeto y del valor que tiene cada ser humano”, aseguró Karla Peña Zapata, directora de la asociación Programas de Inmersión Cultural en Yucatán (PICY), cuya labor consiste en transformar la visión a través de experiencias educativas para estudiantes de la licenciatura en Ecología Humana del College of Atlantic, en Maine, Estados Unidos.

El programa del PICY funciona en el estado desde 1994, y consiste en recibir anualmente a un grupo de 16 jóvenes a fin de que aprendan la lengua maya o español -según su elección- y convivan durante un período de seis semanas con familias yucatecas, que los “adoptan” como si fueran sus hijos.

De igual forma, como parte de la iniciativa, los interesados deben desarrollar un proyecto relacionado con la Ecología Humana. Dichos trabajos se presentarán este viernes 28 de febrero en el Sexto Foro Intercultural Universitario, que tendrá lugar en el Cine Colón a las 17 horas. La entrada será gratuita.

El programa que maneja el PICY consta de tres créditos. El primero se centra en las lenguas, que puede ser español o maya. En el caso del maya, este año las tres interesadas se trasladaron a la comunidad de Sisbichén, en donde aprendieron este idioma de la mano del profesor Crisanto Kumul.

Posteriormente, el segundo crédito se enfoca en la parte antropológica, es decir “una visión de lo que es la cultura hasta nuestros días, la cual es importante para entrar en contexto en la comunidad y tener un comportamiento apropiado”, explicó la educadora.

El tercer y último crédito radica en un proyecto independiente, pues al culminar el programa, se van entre tres y seis semanas a un entorno real de aprendizaje con las familias, en donde aprenden a vincular la Ecología Humana con lo que está a su alrededor.

“Cada quién tiene una definición de Ecología Humana, para mí es el hecho de que todo lo que nos rodea está interconectado. Tener una forma de interacción coadyuva a aceptar todo lo que está en torno a nosotros y es a lo que llamamos vida”, añadió.

“En medida que conocemos al otro, nos conocemos a nosotros mismos”

Peña Zapata detalló que la metodología pedagógica empleada se llama Inmersión y Choque Cultural, es decir, a través de la realidad y de la práctica es que se adquieren conocimientos para la vida real. “Buscamos que cada uno de estos jóvenes entienda y sienta lo que significa ser yucateco, pues en medida que se conoce al otro es que nos conocemos a nosotros mismos”.

“En el sistema de educación, la experiencia es importante, invitamos a personas a que trabajen con nosotros y salimos a ver cómo trabajan en otro contexto. De esa manera aprendemos desde diferentes ángulos y adquirimos diversos conocimientos”, señaló.

La entrevistada expuso que luego del “bombardeo” de diferentes aspectos de la cultura, cada quién ya cuenta con una inclinación hacia sus propios intereses, los cuales pueden estar implícitos en la educación, arte, bordado, pesca, gastronomía, arquitectura, por poner algunos ejemplos.

La esencia de esos intereses se pondrá en evidencia en el foro de este viernes, en donde los 16 jóvenes compartirán con la sociedad “lo hermoso que nos han regalado y la oportunidad de estar aquí. Compartirán su visión con otros jóvenes, buscando dar valor y fuerza a aspectos variados”.

“No es posible que sigamos pensando que no somos buenos para aprender lenguas, una lengua es un universo que necesitamos explorar. Ellos demuestran que en tres meses pueden desarrollar un nivel de dominio lingüístico a nivel avanzado”, concluyó.

Experiencias distantes a las aulas

Giorgia Paliaga y Sara Anderson son dos jóvenes que participan en el programa. Ellas ya tienen un nivel avanzado de español y decidieron vivir en la comunidad de Sisbichén para aprender maya. Ambas coincidieron en que se trató de un proceso “muy intenso y diferente” a todo lo que habían aprendido antes, pues “no es lo mismo aprender sobre cultura maya en clases que vivir con una familia maya”.

“Fuimos muy afortunadas porque nuestra llegada coincidió con la fiesta tradicional del pueblo, y pudimos atestiguar esa expresión cultural y comunitaria en su máximo nivel. Fue una experiencia increíble”, recordó Giorgia, originaria de Italia.

Para Sara, su estancia en Yucatán fue una experiencia difícil de describir. “Las primeras seis semanas tuvimos cuatro horas de clases todos los días y el resto del tiempo solo era para platicar con nuestras familias mayas, aprender a hablar y ser útil en la casa, lo que fue otro terreno de aprendizaje”, reconoció.

Las dos universitarias celebraron su buena fortuna, ya que todas las personas que encontraron en su camino las trataron con suma amabilidad y les abrieron sus corazones. “Vamos a pensar en ellos como nuestras familias para siempre”, añadieron, pues de ellos aprendieron a hacer canastas, la cocina tradicional, la milpa y también recibieron lecciones de jarana.

Fuente: La Jornada Maya.

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