¿Y si al turismo mejor lo dejan como está?

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Bitácora del director

Pascal Beltrán del Río

Se atribuye a Thomas Bertram Lance (1931-2013) haber popularizado una frase que se ha vuelto parte de la cultura estadunidense: “If it ain’t broke, don’t fix it”. Es decir, si no está descompuesto, no lo arregles.

Lance era el titular de la Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca, en el gobierno del presidente Jimmy Carter, cuando, en mayo de 1977, declaró a la revista Nation’s Business, de la US Chamber of Commerce:

“El Tío Sam podría ahorrarse miles de millones de dólares si adoptara un lema sencillo: ‘Si no está descompuesto, no lo arregles’. Ese es el problema con el gobierno: arreglar cosas que no están rotas y no componer las que sí lo están”.

Me acuerdo de Bert Lance cada vez que un gobierno entrante pretende poner el calendario en ceros y hacer como que hay que reinventar el país.

Si bien es cierto que en la administración pública los cambios muchas veces son necesarios –para acabar con malas prácticas, duplicidad de funciones, inercias improductivas, etcétera–, hay veces que la continuidad resulta lo más sensato.

En el actual periodo de transición se han hecho públicas algunas posiciones que parecen estar animadas por el espíritu de cambiar por cambiar. Una de ellas la leí en Twitter apenas el lunes pasado. Apareció en la cuenta de Miguel Torruco Marqués, quien será el secretario de Turismo del gobierno que entrará en funciones dentro de 66 días.

“Para el presidente electo López Obrador el turismo es una herramienta de reconciliación social; no podemos seguir con desarrollos turísticos de lujo conviviendo con infiernos de marginación, llegó la hora de beneficiar con infraestructura, escuelas y hospitales a la población local”.

Confieso que tuve que leer dos veces el tuit. Que yo sepa, Torruco va a ser el titular de la Sectur, no de la Secretaría del Bienestar, como se llamará el próximo sexenio la actual Sedesol.

Está claro que el gobierno saliente deja pendientes. Muchas cosas se hicieron a medias y, en otras, las cuentas son francamente malas. Pero la política turística dio buenos resultados, como muestran las cifras. Algunas de ellas son las siguientes: en 2017, México recibió 39.3 millones de turistas, esto es 68% más que en 2012; esos turistas dejaron al país 21.3 millones de dólares, 67% más que en 2012.

Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), nuestro país pasó del octavo al sexto lugar en recepción de turistas internacionales, con lo que supera a potencias del ramo como Reino Unido, Turquía y Alemania.

¿Se puede subir aún más? No veo por qué no. ¿Se pueden hacer las cosas mejor? Por supuesto que sí.

Sin embargo, no creo que eso sea posible dando un giro radical como el que mencionó Torruco.

Que en las zonas turísticas del país coinciden complejos hoteleros de lujo con zonas de marginación, no cabe la menor duda. Pero no entiendo cómo dejar de construir aquéllos va a cambiar las condiciones de vida en éstas.

A ratos da la impresión de que entre algunos miembros del equipo de transición no existe la intención de propiciar el progreso de los mexicanos más pobres, sino de cerrar la brecha social desapareciendo cualquier expresión de desarrollo económico exitoso.

Me pregunto cuál es el concepto que el futuro secretario tiene del “lujo”. Esa es, en todo caso, una idea completamente subjetiva.

Que yo sepa, los desarrollos turísticos se hacen con inversión pública y privada. Incluso en Cuba. No veo de qué manera estén peleados el turismo y el bienestar. La industria sin chimeneas genera muchos empleos. Esas fuentes de trabajo atraen a decenas de miles de personas. Ahí están las cifras de crecimiento demográfico en municipios como Benito Juárez y Solidaridad, Quintana Roo, para demostrarlo.

¿Acaso el próximo gobierno se propone rechazar inversiones en “desarrollos turísticos de lujo”? ¿A los interesados se les dirá, “no, mejor váyanse a Cuba, República Dominicana, Panamá, Bahamas u otro país donde sí les interesa ese tipo de inversión”?

Hay cosas que nomás no se entienden respecto de los planes del próximo gobierno.

Como el que Torruco diga que la sexta posición que alcanzó México según la OMT es artificial porque toma en cuenta al poquitero turismo transfronterizo y que, al mismo tiempo, rechace un turismo de mayor capacidad adquisitiva.

O que pretenda desaparecer al Consejo de Promoción Turística, pero suba a su cuenta de Twitter una foto con José Manuel Mireles, exlíder de las autodefensas, para “mejorar la imagen de México en el exterior” y así tratar de persuadir a los visitantes de que acá prevalecerá la seguridad.

Fuente: Excelsior

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